Homilía para el 2º domingo ordinario 2022

Como discípulos de Jesús, tenemos que escuchar a Dios, que nos habla en los gritos de dolor de los pobres y en la persona de su Hijo.

Escuchar a los pobres y a Jesús

Textos: Is 62, 1-5; 1 Cor 12, 4-11; Jn 2, 1-11

Lo que sucedió en la fiesta de Bodas en Caná de Galilea nos da luz en relación a lo que tiene que ser nuestro estilo de vida como discípulos de Jesús y en relación al proceso de elaboración del 5º Plan Diocesano de Pastoral. Se trata de la escucha. Sabemos, como dice el Papa Francisco, que “escuchar es mucho más que oír”. Reflexionar sobre esto nos ayuda a hacer nuestra preparación para recibir sacramentalmente a Jesús en la Comunión.

En aquella fiesta pasó algo que a nadie que organiza una fiesta le gustaría que pasara: se les acabó el vino. La fiesta estaba a punto de echarse a perder y los anfitriones en la situación vergonzosa de quedar mal con sus invitados. María se dio cuenta de la situación porque estaba atenta a lo que sucedía. Ella escuchó la necesidad de los organizadores de la fiesta y reaccionó. Descubrió que Dios le pedía que hiciera algo para ayudar en la necesidad. Fue y le dijo a Jesús lo que estaba pasando, para que Él, escuchando, decidiera ayudar.

La Virgen nos ayuda a caer en la cuenta de que tenemos que estar siempre atentos a lo que pasa en nuestra comunidad y en la sociedad; tenemos que mantenernos a la escucha de las necesidades de los demás, especialmente de los pobres. Es más, tenemos que estar atentos a la voz de Dios, para escuchar lo que nos dice a través de ellos. Esto se quiere realizar en el paso en que vamos para elaborar el 5º Plan Diocesano, o sea, escuchar la voz de Dios en los gritos de los pobres y de la Madre Tierra, para reaccionar como Diócesis y preguntarnos qué nos pide que hagamos como Iglesia ante las necesidades.

Jesús le respondió a su madre que todavía no llegaba su hora, es decir, su muerte en la cruz para dar vida al mundo, para devolver la alegría y la esperanza, para entregar el Espíritu Santo. Sin embargo, María decidió dar un paso más: pidió a los sirvientes que hicieran lo que Jesús les iba a decir. Con otras palabras, les estaba pidiendo que lo escucharan. Esto mismo se mantiene para nosotros hoy. Por ser discípulos suyos, tenemos que escuchar siempre a Jesús y hacerle caso realizando lo que Él nos pida. Y Él nos pide amarnos unos a otros, perdonarnos, corregirnos mutuamente, lavarnos los pies unos a otros, entregar la vida. Escuchándolo a Él, escuchamos al Padre que lo envió como Palabra suya.

Los sirvientes le hicieron caso y la fiesta continuó. Ya no faltó vino, incluso este era mejor que el primero, como reconoció el encargado de la fiesta. Pero no se trataba del vino de aquellas tinajas, sino del mismo Jesús. Él es el Vino nuevo, el Vino mejor, el que devuelve la alegría, la convivencia, el compartir, la vida. A Él es a quien tenemos que escuchar siempre, como nos pide la Virgen María: “Hagan lo que Él les diga”, para que no acabe la vida.

Entonces como discípulos de Jesús, tenemos que escuchar a Dios, que nos habla en los gritos de dolor de los pobres y en la persona de su Hijo. Pidamos al Señor la asistencia de su Espíritu que, como dice Pablo, es el que distribuye sus dones en la comunidad y hace que cada quien viva su ministerio al servicio del bien común. La escucha es un don del Espíritu del Señor. Él es quien nos ayuda a tener nuestros oídos y nuestro corazón bien abiertos para escuchar a los pobres, a la Madre Tierra y, especialmente, a Jesús.

16 de enero de 2022

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