Homilía para el 2º domingo ordinario 2020

Ser testigos de Jesús
El texto del Evangelio de hoy comienza diciendo que Jesús iba hacia donde estaba Juan el Bautista. Así viene hoy a nuestro encuentro, primero en el Evangelio y luego en el Pan y el Vino. Al igual que Juan, a nosotros nos toca dar testimonio de Jesús, alimentados con su Cuerpo y su Sangre.

Ser testigos de Jesús

Textos: Is 49, 3. 5-6; 1 Cor 1, 1-3; Jn 1, 29-34

El texto del Evangelio de hoy comienza diciendo que Jesús iba hacia donde estaba Juan el Bautista. Así viene hoy a nuestro encuentro, primero en el Evangelio y luego en el Pan y el Vino. Al igual que Juan, a nosotros nos toca dar testimonio de Jesús, alimentados con su Cuerpo y su Sangre.

Al verlo, el Bautista gritó de alegría a sus discípulos, diciéndoles que era el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Son las palabras que uno dice al presentar la Hostia consagrada, momentos antes de la Comunión sacramental: “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Jesús fue reconocido y presentado como Cordero. Esta expresión lleva detrás la experiencia de los judíos, que sacrificaban corderos para ofrecérselos a Dios, por sus pecados, para suplicarle algo o para darle gracias. Pero también expresaba el destino de Jesús: iba a ser sacrificado.

Al decir que quitaba el pecado del mundo, Juan estaba haciendo referencia a la misión de Jesús. Él fue enviado por el Padre para traer la salvación a la humanidad, para liberarla del pecado. Estaba haciendo realidad el significado del nombre de Jesús: Dios salva. Y la salvación se realizaría por medio de su muerte en la cruz, la cual sucedió a eso de las tres de la tarde, hora en que se sacrificaba a los corderos y corría su sangre desde el altar. Antes fueron muchos corderos, con Jesús bastó su muerte para que los pecados de la humanidad quedaran perdonados.

Así se hizo realidad plenamente el anuncio del profeta Isaías. Jesús fue el siervo con que Dios manifestó su gloria, fue el siervo sufriente que dio su vida día a día en el servicio a los últimos y la entregó totalmente en la cruz. Sólo así llegó la salvación hasta los últimos rincones de la tierra. Hoy damos gracias a Dios por la entrega de su Hijo, que hizo realidad nuestra salvación.

Después de encontrarse con Jesús y presentarlo como el Cordero de Dios, Juan siguió dando testimonio de Él. Primero, reconociendo que se cambiaba la persona a quien seguir; si Jesús venía hacia Juan, ahora Juan se iba a poner detrás de Él, porque a Jesús es a quien hay que seguir. Lo reconoció y dijo la razón: Jesús tenía precedencia sobre Él, porque ya existía desde antes. Eso es lo mismo que debemos hacer nosotros después de escucharlo en el Evangelio y recibirlo en la Comunión. Tenemos que seguir a Jesús, personalmente y como comunidad. Él nos marca el camino con su servicio diario a los pobres, enfermos y sufrientes, y entregando totalmente su vida en la cruz.

En su testimonio, Juan Bautista siguió diciendo más cosas de Jesús: que el Espíritu Santo se posó sobre Él, que iba a bautizar con el Espíritu Santo, que era el Hijo de Dios. Todo esto lo dijo no de oídas ni inventando cosas, sino por haber tenido la experiencia de conocerlo. Es fundamental dejar que Jesús venga a nuestro encuentro, conocerlo y seguirlo en su camino como discípulos para dar testimonio de Él. De otra manera andaremos a ciegas en la vida y no seremos sus testigos.

Para ser testigos de Jesús, debemos estar dispuestos a entregar día a día nuestra vida al servicio de los demás, especialmente de los pobres; es decir, a ser corderos llevados al sacrificio, como consecuencia de la entrega. Por eso le decimos a Dios, como respondimos en el Salmo, que estamos aquí para cumplir su voluntad, al igual que Jesús su Hijo. Se lo diremos también al rezar el Padrenuestro: “Hágase, Señor, tu voluntad”.

Preparémonos para recibir a Jesús que viene a nuestro encuentro de manera sacramental. Él nos alimenta y renueva nuestras fuerzas para seguirlo en su camino y para ser sus testigos en la comunidad y en el mundo. Ojalá que seamos testigos suyos como lo fue el Bautista.

19 de enero de 2020

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