Homilía para el 2º domingo de Cuaresma 2022

En el monte de la Transfiguración, Dios pidió escuchar a su Hijo y eso es también para nosotros.

Escuchar a Jesús y seguirlo

Textos: Gn 15, 5-12. 17-18; Flp 3, 17-4, 1; Lc 9, 28-36

Los textos que acabamos de escuchar nos ayudan a pensar en nuestra vida de discípulos y discípulas de Jesús desde el aspecto de la escucha. En el monte de la Transfiguración, Dios pidió escuchar a su Hijo y eso es también para nosotros, que hemos venido a la Eucaristía.

Escuchar es mucho más que oír, como nos recuerda el Papa Francisco, y esto es fundamental para los miembros del pueblo de Dios. Abram fue capaz de escuchar a Dios en la experiencia de encuentro con Él cuando lo visitó en su casa. Lo recibió, lo atendió, lo escuchó, le creyó y se comprometió a cumplir lo que le pidió. Abram nos enseña que hay que abrirle el corazón a Dios para entre en él y allí habite. Esto es escuchar y supone sencillez, apertura, disponibilidad. Y si el Señor busca a las personas es para encomendarles una misión. A Abram lo llamó para ser padre de un gran pueblo, con una cantidad incontable de miembros, como las estrellas en la noche. Él aceptó esta llamada y el compromiso lo sellaron con una alianza. Como lo escuchó y le creyó, Dios le cumplió su promesa. Y nosotros participamos de esa promesa, pues por el Bautismo somos miembros de ese pueblo.

También Dios visitó a los discípulos de Jesús en el monte, como escuchamos en el evangelio. Dios se hizo presente en la experiencia de la Transfiguración para confirmar a Jesús en su misión y para encomendarles a Pedro, Santiago y Juan que lo escucharan.

Cuando se transfiguró Jesús estaba orando, es decir, estaba en diálogo con el Padre, lo estaba escuchando. El encuentro con Dios en la oración transforma a las personas, porque Dios baja al corazón para vivir allí. Fue lo que pasó con Jesús. Dios llegó al monte para confirmar a su Hijo en su misión de anunciar y hacer presente el Reino; pero también para hacérselo ver a los discípulos, de modo que ellos tomaran conciencia de que, en esta condición de discípulos, lo tenían que seguir en su camino que pasaría por la pasión y la cruz.

Precisamente de eso estaba platicando Jesús con Moisés y Elías. Nos dice san Lucas que hablaban de su salida de este mundo, es decir, de su pasión, muerte y Resurrección. Ellos en voz de Pedro querían quedarse con lo primero, es decir, con la contemplación del transfigurado, y no ir con Él a acompañarlo en la experiencia de la cruz. Pensó en hacer unas tiendas para quedarse ahí. Así nos pasa a la mayoría de los bautizados: nos queremos quedar con lo bonito de la oración, celebraciones, recepción de sacramentos, y nos cuesta asumir el compromiso de vivir como discípulos misioneros de Jesús. Nos resistimos a caminar con Él hacia el sufrimiento que viene como consecuencia de trabajar por el Reino de Dios.

Esto está incluido en la voz del Padre, que pidió escuchar a su Hijo. “Escúchenlo”, les dijo y nos dice hoy. Como bautizados, como discípulos de Jesús, lo tenemos que escuchar, le tenemos que abrir el corazón para que entre y se quede a habitarlo. Escucharlo significa caminar con Él por las periferias, vivir el servicio a los empobrecidos y vulnerables, entregar la vida, anunciar y hacer presente el Reino de Dios. Hoy domingo se nos recuerda esa misión, para que la asumamos con mayor entrega. También hay una alianza del Señor con nosotros, que se renueva por la Comunión. Dispongámonos a comulgar para ir a la misión.

13 de marzo de 2022

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