Homilía para el 2° domingo de Adviento 2021

Como preparación a la venida del Señor, este segundo domingo de Adviento los textos bíblicos nos ayudan a tomar conciencia de la necesidad de estar abiertos a la Palabra de Dios, para escucharlo e ir a realizar la misión que tenemos.

Escuchar al Señor en el desierto

Textos: Bar 5, 1-9; Flp 1, 4-6. 8-11; Lc 3, 1-6

Como preparación a la venida del Señor, este segundo domingo de Adviento los textos bíblicos nos ayudan a tomar conciencia de la necesidad de estar abiertos a la Palabra de Dios, para escucharlo e ir a realizar la misión que tenemos. Así sucedió con Juan Bautista, como narra san Lucas. Dice que vino sobre él la Palabra de Dios en el desierto y luego comenzó a recorrer la comarca del Jordán realizando su misión de prepararle el camino al Señor.

¿Cómo fue que escuchó la Palabra de Dios en el desierto, si ahí no hay más que silencio?, preguntó una señora a media semana. Comentamos que cómo le llegó o quién se la llevó es lo de menos, lo importante fue que la escuchó, la hizo suya y la puso en práctica. El desierto, por ser un lugar árido, sin vegetación, es también lugar de escucha de la Palabra del Señor. El silencio favorece la apertura del corazón a la voz de Dios. Los desiertos de la vida son espacios para dejar que el Señor hable. Tenemos que aprender del Bautista a hacer silencio en la vida, a abrir nuestro corazón a la Palabra de Dios, a dejar que resuene en lo más profundo, a discernir lo que nos pide, a asumir comprometidamente nuestra misión.

Lo que Juan escuchó, discernió y asumió, luego lo predicó. Comenzó a llamar a sus paisanos a convertirse, a disponerse para la llegada del Mesías, a expresar su decisión de cambiar de vida y su deseo de recibir al Señor. Haciendo suyas las palabras de Baruc e Isaías, el Bautista invitó a quienes lo escuchaban a enderezar los caminos, a rebajar los montes y las colinas, a rellenar los valles, a hacer suaves los caminos ásperos. Era cambiar de vida. El signo exterior de quien se decidía a entrar en proceso de conversión era dejarse bautizar.

Estas palabras se proclaman hoy para nosotros, personalmente y como pueblo de Dios. Dios quiere venir a nuestro mundo lleno de injusticias, divisiones, faltas de hermandad, violencia, para traernos la justicia y la paz, como anuncian Baruc y Pablo, para traernos su salvación, como anuncia Juan. Pero tenemos que abrir nuestro corazón a la llamada de Dios a la conversión, a hacer una vida nueva, a amarnos y vivir como hermanos.

Como pueblo suyo, retomando la profecía de Baruc, el Señor quiere conducirnos hacia la gloria por medio de su misericordia y su justicia. Pero lo quiere hacer por un camino plano, en una vida de igualdad y hermandad, lo que supone abrir el corazón como pueblo en medio del desierto de la pandemia, el empobrecimiento, las enfermedades y todas las situaciones que provocan la incertidumbre, la desesperanza, el sinsentido de la vida.

Entonces, al igual que Juan Bautista, tenemos que mantener nuestro corazón abierto a la Palabra del Señor para escucharlo, para discernir lo que nos pide, para cambiar de vida, para comprometernos a realizar nuestra misión. Esta es la llamada que se nos hace durante el Adviento para disponernos a recibir al Señor. Es la invitación que se nos ha estado haciendo y se mantendrá a lo largo del proceso sinodal en que estamos, tanto para revisar y fortalecer la vida y misión de la Iglesia como para elaborar el 5º Plan Diocesano de Pastoral.

Animados por esta Palabra, dispongamos nuestro corazón para recibir a Jesús que viene a nuestro encuentro en la Comunión y para ir a realizar nuestra misión de evangelizar.

5 de diciembre de 2021

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