Homilía para el 19º domingo ordinario 2022

La vida de la Iglesia no tiene que ser de grandes multitudes, sino de pequeñas comunidades en medio de la vida ordinaria, pero con un testimonio de vida comunitaria.

Pequeñas comunidades testimoniales

Textos: Sb 18, 6-9; Hb 11, 1-2. 8-19; Lc 12, 32-48

Jesús creía en lo pequeño. Así habló siempre del Reino de Dios y lo hizo presente con gestos y signos pequeños. A su comunidad de discípulos y discípulas la llamó “mi pequeño rebaño”, como escuchamos en el texto del evangelio. Al igual que la semilla de mostaza, que es muy pequeña y crece hasta dar frutos, así tiene que ser la vida de sus discípulos: crecer desde lo pequeño e insignificante, hasta estar llena de frutos, en un proceso permanente.

La vida de la Iglesia no tiene que ser de grandes multitudes, sino de pequeñas comunidades en medio de la vida ordinaria, pero con un testimonio de vida comunitaria. En general esperamos que los templos estén llenos, que a las reuniones de la comunidad asistan muchísimas personas, y en la práctica sucede lo contrario: hay pocas personas. Al igual que Jesús, tenemos que aprender a confiar en lo pequeño, pero dando testimonio de comunidad, con la conciencia de ser hoy ese rebaño pequeñito al que se dirigió aquella vez.

¿Qué es lo que hay que hacer para crecer y dar frutos, para manifestar que somos su rebañito? Lo dice enseguida: vivir en la pobreza y la solidaridad. Es lo que significa vender los bienes y dar limosnas. Esto es un gran tesoro, aquel que no les interesa a los ladrones ni se puede maltratar o destruir con la humedad, el sarro o con la acción de la polilla. El estilo de vida expresa en dónde está puesto el corazón. Jesús vivió pobre, sirviendo, atendiendo a los enfermos, compartiendo su tiempo y sus recursos con los demás. Es que ahí, en los pobres, tenía puesto su corazón. Fue lo que orientó su vida y su ministerio hasta la cruz. Podemos preguntarnos qué tan metidos tenemos a los pobres en nuestro corazón. La respuesta la encontramos en nuestro estilo de vida personal y el de la comunidad. El ideal es que los pobres estén en el centro en la vida de las comunidades, barrios, colonias, ranchos.

La vida de Iglesia de las pequeñas comunidades de discípulos y discípulas de Jesús tiene que ser algo permanente. Jesús lo explica con las imágenes de los criados que están esperando la llegada de su señor, del padre de familia que está vigilando su casa, del administrador. Jesús dice que ellos están en vela, vigilantes, preparados, cumpliendo con su deber. Todos están a la espera de su señor o del ladrón: del señor para abrirle en cuanto llegue, del ladrón para no dejar que se le meta a robar. Por tanto, las comunidades deben mantenerse en el esfuerzo de vivir como hermanos, de atender a los pobres, de vivir la solidaridad, de anunciar el Evangelio, de cuidar la Casa común. Todo esto es permanente. Así es que, aunque en las comunidades haya poquitas personas, la vigilancia, la atención, el cumplimiento de la misión se tienen que mantener. Eso es estar listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. ¿Cómo andan nuestras comunidades, cada barrio y cada colonia?

Jesús, nuestro Señor, volverá un día; por eso le decimos en cada Misa: “Ven, Señor Jesús”. Él espera encontrarnos cumpliendo con la misión que nos encomendó de ir por todo el mundo y anunciar la Buena Nueva a toda la creación. Dichosas las comunidades, pequeño rebaño suyo, si, cuando regrese, nos encuentra trabajando en el anuncio y construcción del Reino, en la pobreza, con los pobres en el corazón y viviendo la solidaridad.

7 de agosto de 2022

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