Homilía del domingo de Ascensión 2010

“Ustedes son testigos de esto”
Estamos celebrando en este domingo la Ascensión del Señor, su regreso al Padre después de haber cumplido la misión para la que fue enviado. Allí está desde entonces en la presencia de Dios, intercediendo por nosotros (Hb 9, 25) para que vivamos como sus testigos.

Textos:Hch 1, 1-11; Hb 9, 24-28; 10, 19-23; Lc 24, 46-53.
Estamos celebrando en este domingo la Ascensión del Señor, su regreso al Padre después de haber cumplido la misión para la que fue enviado. Allí está desde entonces en la presencia de Dios, intercediendo por nosotros (Hb 9, 25) para que vivamos como sus testigos. Lo acabamos de escuchar en los textos proclamados, cuando dice a sus discípulos. “Ustedes son testigos de esto” (Lc 24, 48). ¿Testigos de qué? De su persona, su misión, su muerte y su resurrección.

Sólo puede ser testigo quien ha visto, escuchado, vivido… aquello de lo que da testimonio. En el caso de los discípulos, únicamente dará testimonio de Jesús quien lo conoce, quien lo ha visto y escuchado, quien ha convivido con Él, quien ha sufrido con Él, quien se ha encontrado con Él ya resucitado. Esta dimensión se la aclara Jesús a sus discípulos antes de su Ascensión: “Ustedes son testigos de esto”, es decir, a ustedes les consta, ustedes lo pueden sostener.

Los discípulos de Jesús lo oyeron anunciar que su misión sería traer buenas nuevas a los pobres; lo vieron curar enfermos, expulsar demonios, multiplicar los panes y los pescados; lo contemplaron orando al Padre en todo momento, escucharon las palabras de perdón para los pecadores y de agradecimiento a Dios porque los pobres entendían las cosas del Reino; recibieron la invitación a cargar con la cruz de cada día, caminaron con Él hacia Jerusalén.

Ellos escucharon y contemplaron muchas cosas más de Jesús. Pero de manera especial lo acompañaron en su pasión y muerte y se encontraron con Él después de su resurrección. En estos encuentros les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios (Hch 1, 3). De esto tendrían que dar testimonio en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra (v. 8).

Nada más que antes de comenzar a ser testigos hay que recibir al Espíritu Santo. Por eso Jesús les pide que “permanezcan en la ciudad […] hasta que reciban la fuerza de lo alto” (Lc 24, 49), que “no se alejen de Jerusalén […] dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo” (Hch 1, 4.5). Quiere decir que los días transcurridos entre la Ascensión y Pentecostés son tiempo de espera, de oración, de preparación en común, mientras llega el Espíritu.

El descenso del Espíritu sobre los discípulos tiene la finalidad de fortalecerlos para la misión. Ellos tendrán que ir hasta los últimos rincones de la tierra para ser testigos de Jesús. Hoy nosotros tenemos el compromiso de dar testimonio de Jesús en medio de nuestro mundo. De hecho lo hacemos en la Eucaristía cuando decimos: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!”. Aquí nos convertimos en testigos de Jesús. Pero no basta.

El testimonio de Jesús se expresa en la vida ordinaria. Ahí, en lo cotidiano, tenemos que prolongar la celebración Eucarística y manifestar la presencia de Cristo resucitado entre nosotros. ¿Cómo? Anunciando Buenas Nuevas a los pobres, siendo samaritanos con los caídos en el camino, viviendo la misericordia con los enemigos, compartiendo nuestros panes y pescados con los hambrientos, trabajando en la construcción del Reino de Dios conducidos por el Espíritu Santo.

Ser testigos de Jesús y su misión no se limita, pues, a las palabras pronunciadas en la Misa; implica también vivir como Él en medio del mundo, por lo que a nosotros, reunidos en la Eucaristía dominical con Cristo resucitado, también se nos dice: “¿Qué hacen allí parados?” (v. 10). Con nuestra oración pidamos a Dios la asistencia del Espíritu para dar testimonio de Jesús por todos los rincones de nuestra comunidad parroquial, sabiendo que Él intercede por nosotros.

jlgj

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