Homilía del 9º domingo ordinario 2011

“El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica […]. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica” (Mt 7, 24. 26). Según lo que oímos de Jesús en el texto del Evangelio, nuestra entrada o nuestra ausencia en el Reino depende de poner o no en práctica sus palabras. Se trata de ponerlas en práctica y no de quedarse indiferentes o repetirlas. Por eso dice: “No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos” (v. 21).

“El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica”

Textos: Dt 11, 18. 26-28. 32; Rm 3, 21-25. 28; Mt 7, 21-27.

Construir la vida personal, familiar y comunitaria

“El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica […]. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica” (Mt 7, 24. 26). Según lo que oímos de Jesús en el texto del Evangelio, nuestra entrada o nuestra ausencia en el Reino depende de poner o no en práctica sus palabras. Se trata de ponerlas en práctica y no de quedarse indiferentes o repetirlas. Por eso dice: “No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos” (v. 21).

La Palabra de Dios, las enseñanzas de Jesús, son para traducirse a las obras. Eso espera Dios de su pueblo y Jesús de sus discípulos. Dice Dios a Israel por medio de Moisés –lo escuchamos en la primera lectura–: “Esfuércense en cumplir todos los mandamientos y decretos que […] promulgo ante ustedes” (Dt 11, 32). Y también le aclara a su pueblo que si obedecen sus mandamientos tendrán la bendición; y si no, irán con la maldición por buscarse otros dioses.

Jesús deja claro que quienes cumplan la voluntad de su Padre entrarán en el Reino. Su Padre es el mismo que le habló a Moisés. El Padre nos habla por medio de Jesús. Por tanto, nuestra responsabilidad como discípulos, como miembros de la Iglesia, es escuchar sus enseñanzas y llevarlas a la vida. Esto es lo que único que asegurará nuestra participación en la vida del Reino. Y esto ya desde aquí. No hay que esperar la entrada al Reino hasta después de la muerte.

Quiere decir que la entrada en el Reino no depende solo de la oración o las celebraciones. Si a eso nos atenemos, fácilmente nos dirá: “Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal” (Mt 7, 23). No poner en práctica las palabras de Jesús equivale a hacer el mal. Es construir la vida sobre arena. Y eso impide la entrada en el Reino. Por eso nos dice de la necesidad de practicar sus enseñanzas. La fe se demuestra con obras. Así es como la fe salva.

El reto para nosotros es hacerle caso a las palabras de Jesús en medio de muchas otras palabras. Hay palabras que no nos abren el camino al Reino, sino que nos lo cierran, y fácilmente las escuchamos y las ponemos en práctica: los horóscopos y adivinos, los miles de comerciales de los medios masivos de comunicación; invitaciones a hacer tranzas, con la consigna de que “queda entre nosotros”, “no se va a notar”; recomendaciones como “desquítate, ¿qué tiene?”…

¿Cuáles son estas palabras a que se refiere Jesús? Muchas de ellas las hemos escuchado en los domingos anteriores: ser pobres de espíritu, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la justicia y la paz; ser sal y luz en medio del mundo, respetar a la mujer, perdonar a los enemigos, hacer el bien a los que nos dañan y orar por ellos, poner la mejilla izquierda a quien nos golpea en la derecha, confiar en Dios. Todo esto equivale a construir la vida sobre roca.

Teniendo en cuenta que estamos por comenzar la cuaresma –el próximo miércoles es la imposición de la ceniza–, y que la cuaresma es un tiempo de conversión para prepararnos a la Pascua, entremos en nosotros mismos. Revisémonos para descubrir lo que estamos dejando de hacer para poner en práctica las palabras de Jesús, que continuamente escuchamos. Tomemos conciencia sobre el modo como estamos construyendo la vida, si es sobre arena o sobre roca.

Al recitar el Credo enseguida, confesaremos: “creo en Jesucristo, el Hijo único de Dios”. Expresemos nuestra fe, conscientes de que creer en Él exige asumir todas sus enseñanzas y traducirlas a la práctica. Participemos de la Comunión sacramental, sabiendo que comulgar nos compromete a realizar lo que Jesús nos enseña, sin ponerle condiciones. Vivamos esta Eucaristía conscientes de que hay que poner en práctica las palabras de Jesús para entrar en el Reino.

6 de marzo de 2011

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