Homilía del 14º domingo ordinario 2010

Acabamos de cumplir, el pasado día 30 de junio, 38 años como Diócesis de Cd. Guzmán, Jal. Son ya 38 años de buscar caminos para evangelizar en el Sur de Jalisco. Son 38 años de esfuerzo por cumplir el mandato de Jesús de anunciar el Reino de Dios. No nos reunimos ese día para celebrar el aniversario, pero el Señor nos convocó dos días después como Diócesis para alimentar la comunión al celebrar la pascua de tres sacerdotes: Ramiro Cobián, Francisco Lucas y Enrique González. Y los textos que acabamos de escuchar nos vienen muy bien a propósito de este acontecimiento. Como Diócesis tenemos que sentirnos como los 72 discípulos. A ellos Jesús “los mandó por delante” (Lc 10, 1).

“Y los mandó por delante”

Textos: Is 66, 10-14; Gal 6, 14-18; Lc 10, 1-12. 17-20.

Acabamos de cumplir, el pasado día 30 de junio, 38 años como Diócesis de Cd. Guzmán, Jal. Son ya 38 años de buscar caminos para evangelizar en el Sur de Jalisco. Son 38 años de esfuerzo por cumplir el mandato de Jesús de anunciar el Reino de Dios. No nos reunimos ese día para celebrar el aniversario, pero el Señor nos convocó dos días después como Diócesis para alimentar la comunión al celebrar la pascua de tres sacerdotes: Ramiro Cobián, Francisco Lucas y Enrique González. Y los textos que acabamos de escuchar nos vienen muy bien a propósito de este acontecimiento. Como Diócesis tenemos que sentirnos como los 72 discípulos. A ellos Jesús “los mandó por delante” (Lc 10, 1).

No sólo los Doce, sino todos los discípulos de Jesús, personificados en los 72, somos llamados y enviados a la misión. Es la misma misión de Jesús: anunciar el Reino de Dios, es decir, proclamar la Buena Nueva a los pobres, devolver la vista a los ciegos, liberar a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. Eso era lo que Jesús iba realizando y eso es lo que tenemos que hacer sus discípulos, siguiendo sus indicaciones para ir la misión por delante de Él.

Los discípulos somos responsables de que Jesús y su proclamación del Reino estén por dondequiera, porque Él quiere llegar a todos los pueblos, ciudades, barrios, colonias y ranchos. Como Diócesis desde 1972, hoy como parroquia, como barrio, personalmente, tenemos que estar ya en camino. Por eso dice: “Pónganse en camino” (v. 3). Jesús nos invita a unirnos a Él en su camino hacia Jerusalén; es el camino que pasa por la cruz para resucitar y volver al Padre.

No debemos perder tiempo en el cumplimiento de la misión. Es por lo que el discípulo no tiene que detenerse a saludar a nadie por el camino. La misión no es fácil ni para Jesús, ni para los Doce, ni para los 72, ni para los primeros cristianos, ni para nosotros. Jesús nos previene al decirnos que nos envía como corderos en medio de lobos y que no siempre seremos aceptados. Prever que va a haber dificultades no es razón para dejar de ir a la misión, pues Él nos asiste.

A la misión tenemos que ir como agentes de paz y en calidad de servidores de los que sufren, como es el caso de los enfermos. En medio de nuestro mundo cada vez más violento por las injusticias, por las amenazas, secuestros, asesinatos, violaciones, etc., estamos comprometidos a manifestarnos como constructores de paz. Así anunciaremos el reinado de Dios. Al atender a los pobres y demás enfermos también estamos proclamando la llegada del Reino.

Por lo que escuchamos de Jesús, primero hay que dar testimonio de amor, servicio y paz, para poder luego predicar que el Reino se acerca. La comunidad tiene que predicar lo que vive, de otra manera no será creíble su mensaje. Tenemos que llevar el Evangelio dependiendo sólo de Jesús y no de lo que da seguridad en el camino: el dinero, el alimento, el vestido. El testimonio de austeridad de los evangelizadores es necesario para que la Palabra de Dios sea recibida.

Con la Eucaristía nos unimos hoy a la alegría experimentada por los 72 al cumplir el mandato de Jesús. Ellos le compartieron el éxito de la misión: “Hasta los demonios se nos someten en tu nombre” (v. 17). Con su acción y con el poder recibido de Jesús se vence la fuerza del enemigo. Igualmente le presentamos a Dios, aunque todavía pocos y frecuentemente inconstantes, los esfuerzos realizados durante estos 38 años por hacer presente su Reino en el Sur de Jalisco.

Orientados con el 4º Plan Diocesano de Pastoral queremos continuar la misión. A eso nos envía Jesús por delante de Él y, además, fortalecidos con su Cuerpo y Sangre. Ojalá que, ante la grandeza de la misión y ante las dificultades para cumplirla, digamos como Pablo: que nadie me ponga más obstáculos (Gal 6, 17). No los pongamos tampoco nosotros. Volvamos a la misión con la esperanza de que nuestros nombres y el de nuestra Diócesis estén escritos en el cielo.

4 de julio de 2010

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *