La sombra de la cruz gorda – Huellas del pasado

Del otro lado del teléfono Armando Flores dice sin titubeos que ahí estará. No se equivoca. A las 13:13 ahí está, con la mirada hundida en el piso y el sol abrasando su espalda. Armando se refería al médico Pedro Flores Márquez, quien se ha convertido en un personaje icónico de Tuxpan; su fama es sombra de la cruz atrial o cruz gorda, como la llaman los lugareños.

 

Durante 21 años, Pedro Flores ha puesto sus rodillas al pie de la cruz para medir la proyección que se desprende según la hora y época del año; para marcar los solsticios y equinoccios indicados por la sombra. Aunque la cruz de la evangelización tiene al menos 483 años de historia, fue hasta 1998 que el médico siguió el camino de la cruz que inicia en su cuerpo robusto de cantera negra y culmina en el pasillo central del Templo de San Juan Bautista.

 

Pedro Flores la recuerda desde que tenía cinco años, algunos creen que creció adherido a la cruz y que a esa edad le servía de palco para presenciar los castillos y la fiesta, él se ríe y dice que no, pero admite que hasta la tarde de aquel jueves santo en que vio entrar la sombra de la cruz al templo, para él no era nada, sólo un símbolo de Tuxpan sin relevancia personal. Algunos aún lo consideran un símbolo de identidad, pero la percepción de Pedro Flores ha cambiado, ahora la concibe como la evidencia de la grandeza del ser humano, justifica su creencia con las características que la componen y la posición misma del monumento: de espalda a los cerros, que representa las creencias de los indígenas, y de frente a las creencias impuestas por la conquista, la iglesia católica.

 

Pasados cinco años del descubrimiento, la información se hizo pública con la certeza de que el 14 de abril a las 7:32 pm la sombra entraría por el pasillo. Saber aquella información no era suficiente, aún se debía resolver ¿quién hizo la cruz?, ¿por qué?, ¿qué tiene qué ver con lo humano, con lo divino? Conocerlo tenía un solo camino: “soy del ejercicio de profesión médico y por eso siempre sigo el método científico. Un fenómeno se debe repetir y comprobar”, dijo Pedro Flores acompañado de risas, la sombra de un árbol y la cruz atrial frente a él.

 

La pregunta inicial fue: ¿hasta dónde entra la sombra?, ahora, con la incógnita resuelta, declara que los caminos a investigar son tres, al científico se suman el etnográfico y católico, aunque en ninguno de ellos ha encontrado el apoyo para comprender la razón de ser del monumento; “fui al INAH, a la Secretaria de Cultura, al Instituto de Astronomía y Meteorología UdeG, me reuní con presidentes municipales de Tuxpan,  pero no obtuve nada”, declaró.

 

 

El galeno calcula que su investigación va al 96%, pero teme hablar: “porque el humano se ha caracterizado por destruir lo mismo que el humano hace. Grandes genios no se han expuesto”, mencionó. Durante 2005, restauradores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), acudieron a dar mantenimiento a la estructura, acción recibida con polémica, pese a ello, Flores Márquez lo admite como su mayor satisfacción referente al estudio de la cruz, pues gracias a ello logró recaudar algunos datos y ver cómo la escultura sobrevivió a pesar de los años y los descuidos.

 

La importancia de la estructura construida a petición de Fray Juan de Padilla, fue imprescindible en otro tiempo, cuando se usaba como guía espiritual y calendario de cosecha por los nativos, quienes, al igual que hoy, se reunían el 14 de abril, ellos para cosechar, hoy en día para presenciar “el día que Dios entra a su casa”, con el sincretismo de dos culturas que carga en cada uno de  los niveles que la componen, iniciando con una base cúbica, seguido por dos niveles, uno que continúa con aspecto indígena hasta llegar al segundo en el que están esculpidas símbolos cristianos, seguido por una base sin decoraciones en la que comienza el cuerpo erguido de la historia tuxpeña.

 

Con metro, hilo, brújula y una réplica del castillo de Quetzalcóatl en mano, Pedro Flores seguirá midiendo, aunque menos que antes, porque lo sabe casi todo, se sabe la cruz, por eso ha dejado de usar su cámara, el mejor registro que tiene de ella lo guarda en su mente. Ahora sólo comparte su conocimiento y espera a que otros, como él, se apropien de la cruz, para respetarla, cuidarla y darse cuenta de la grandeza del hombre, de Dios.

 

 

Por: Esther Armenta León

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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