La crisis de Venezuela – Reflejo internacional

Las condiciones de Venezuela hacen insostenible la vida, la escasez de alimentos y la incapacidad de pagar por los mismos orillan a la desesperación, la situación ha llegado a tal grado que el papel higiénico es prácticamente inexistente

Foto: steemit.com

Análisis de la situación en el país Sudamericano.

La Venezuela que en algún punto de la historia fue la más rica en Latinoamérica y apreciada por su gobierno democrático en la comunidad internacional se ha visto envuelta en una lucha política, económica y social durante la mayor parte del siglo XXI. El país con la mayor reserva de petróleo en el mundo ahora tiene también la inflación más alta.

 

En los últimos años, alrededor de 3 millones de venezolanos han abandonado el país tras el devastador colapso económico que ha desencadenado en una crisis humanitaria.  Venezuela ha sido acaparadora de portadas internacionales: se observan largas filas de espera para poder acceder a tiendas de abarrotes, anaqueles vacíos, disturbios por comida, violencia y jóvenes protestando en las calles.

 

El inicio de la catástrofe

 

Volviendo un par de décadas atrás, cuando Hugo Chávez -con sus falsas promesas y personalidad carismática- logró convertirse en presidente de Venezuela comprometido a corregir la desigualdad de ingresos entre pobres y la sociedad clasista, a la vez se posicionó como un líder popular adquiriendo el apoyo de seguidores que posteriormente permanecería incondicional. En los noventa podía observársele en pantallas de televisión de todo el país; su mensaje populista hizo eco en los pobres del país quienes eventualmente ayudaron a llevarlo al poder.

 

Durante este periodo, abusó de su autoridad introduciendo una nueva constitución, reguló estrictamente a medios de comunicación, amenazó a la oposición y forjó una alianza con el gobierno cubano. El momento clave en su presidencia surgió en 2004 cuando los precios del petróleo se elevaron. La economía petro-dependiente de Venezuela iba en auge y Chávez pasó a gastar billones de las ganancias en programas de asistencia social para los pobres. Subsidió comida, mejoró el sistema educativo, construyó un sistema de salud pública envidiable, y redujo más de la mitad de la pobreza.

 

Estos programas ciertamente ayudaron a los pobres, pero también tenían un propósito para Chávez; para ser reelecto, necesitaba mantener felices a millones de venezolanos pobres así que manipuló a la economía con ese mismo fin. No redujo la dependencia del petróleo en Venezuela y el gasto desenfrenado dio lugar a un déficit decreciente, lo cual significó que todos los programas serían imposibles de sostener si caía el precio del crudo.

 

Tras la muerte de Chávez en 2013, cuando Maduró tomó el mando como sucesor elegido, eso fue exactamente lo que sucedió: los precios del petróleo se desplomaron en 2014 y Maduró fracasó en ajustarse. Al no poder mantener los programas sociales, imprimió más dinero que impulsó la hiperinflación. Esta ha hecho que medicinas y comida, una vez subsidiados, sean inasequibles para un poco más de 80% de los pobres que hoy conforman Venezuela.

 

La ambición política de Maduro se hizo evidente en diciembre de 2015; dos años después de que se convirtiera en el presidente, una coalición de partidos llamada “Mesa de la Unidad Democrática” ganó una mayoría de dos tercios en la Asamblea Nacional poniendo en riesgo la autoridad de Maduro. En respuesta Maduro rápidamente removió a varios jueces de la suprema corte y lleno los puestos con adeptos fieles a él.

 

En marzo de 2017, la corte dictaminó despojar a la Asamblea Nacional -liderada por la oposición- de sus poderes, una acción que provocó protestas masivas por todo el país. El dictamen fue revertido unos días más tarde, pero el daño estaba hecho: ya habían muerto cientos de personas. A pesar de la violencia y el clamor público, Maduro realizó votaciones en julio para elegir un nuevo cuerpo de gobierno llamado la Asamblea Nacional Constituyente, la cual tendría el poder de reescribir la constitución de Venezuela y reemplazar a la Asamblea Nacional: librándose de cualquier oposición al gobierno de Maduro.

 

Es fácil notar por qué Venezuela ha empeorado hasta cierto grado desde su elección. La popularidad de Maduro es mínima, encuestas elaboradas por DatAnalysis demuestran que alrededor de 80% de venezolanos quieren a Maduro fuera del cargo. Por lo contrario, ha consolidado su poder y ha mantenido a la población bajo un mandato cada vez más autoritario.

 

Reelección de Maduro segundo término

 

La victoria de un segundo mandato en 2018 para Maduro fue la gota que derramó el vaso. Durante una protesta en enero de 2019, el relativamente desconocido Juan Guaidó tomó el centro de la escena y asumió formalmente -en sus propias palabras- las competencias del Ejecutivo Nacional como presidente encargado de Venezuela. Maduro se ha negado a dar un paso atrás y cuenta completamente con el respaldo militar.

 

En la reelección de Maduro, la oposición boicoteó la votación, pero logró mantener las elecciones para la Nueva Asamblea Constitucional y ganó con la mayoría. Al declarar su victoria, las protestas que ya tomaban lugar en las calles de Venezuela se tornaron mortales. El gobierno de Maduro está intentando crear una ilusión de apoyo público, y afirmó que acerca de 8 millones (40% del país) votó; sin embargo, expertos han colocado ese número 5 millones por debajo de ese número.

 

La situación en Venezuela es un fraude abierto, esperado, con poca y forzada participación gubernamental, pero observado por la comunidad internacional. Diversos países han condenado la elección; EEUU impuso sanciones financieras sobre Maduro y su gobierno. Maduro, por el otro lado, ha acusado a la oposición de coludir con países extranjeros.

 

Las condiciones de Venezuela hacen insostenible la vida, la escasez de alimentos y la incapacidad de pagar por los mismos orillan a la desesperación, la situación ha llegado a tal grado que el papel higiénico es prácticamente inexistente. El mercado negro está en pleno apogeo ante la falta de alimentos, medicamentos y otras necesidades. Las enfermedades han aumentado, los cortes de energía son cada vez más largos y frecuentes, se ha disparado el nivel de analfabetismo y la tasa de mortalidad a tal grado, que Venezuela puede compararse con los países azotados por guerras civiles; la tasa de homicidios es equivalente a la de Irak.

 

El bolívar se ha convertido en una divisa sin valor. Maduro ha manipulado igualmente la economía para mantenerse en el poder, pero esta vez sin beneficiar a los pobres. Se ha aprovechado de un complejo sistema monetario instaurado por Chávez. Maduró fijó la tasa oficial de cambio a 10 bolívares por dólar pero solo sus cercanos y aliados tienen acceso a ésta tasa de cambio. La mayoría de los venezolanos obtienen sus dólares en el mercado negro, donde la tasa es cercana a 12 mil bolívares por dólar.

 

Los militares quienes obtuvieron control completo del abastecimiento de alimentos están -presuntamente- obteniendo ganancias de la crisis monetaria. Ellos importan los alimentos a la tasa especial de Maduro y los venden en el mercado negro por una ganancia masiva. La crisis ha ofrecido una oportunidad lucrativa a generales militares y aliados políticos, garantizándole la estadía a Maduro.

 

En los últimos seis días, se han mostrado escenas alarmantes en la capital Caracas tras el corte de energía, inmovilizando el transporte público. Negocios se han visto obligados a cerrar, los barrios se han quedado sin agua y ahora la gente está tomando de los ríos, alrededor de 15 de 23 estados se han visto afectados; mientras tanto las protestas brotan y cada vez es más incierto el destino de Venezuela.

 

Lo que queda claro es que el pueblo venezolano no se detendrá hasta conseguir la libertad.

 

Por: Lilian Valdivia
Egresada de Relaciones Internacionales del ITESO.
Contacto: lcvaldivia13@gmail.com

 

Publicación en Impreso

Edición:Número 183 – Abril 2019

 

 

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