Fraternidad y Sororidad – Vida diocesana

Los retos que el proceso diocesano plantea a las Religiosas, para participar más eficazmente en la misión evangelizadora, son asumir el nuevo modelo de Iglesia desde sus carismas y participar en la pastoral de conjunto.

Celebración diocesana de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

Los retos que el proceso diocesano plantea a las Religiosas, para participar más eficazmente en la misión evangelizadora, son asumir el nuevo modelo de Iglesia desde sus carismas y participar en la pastoral de conjunto.

Cada 2 de febrero se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Este año tuvo como lema: “Padre nuestro. La vida consagrada, presencia del amor de Dios”.

Con ese motivo, la mañana del 2 de febrero, unas 80 Religiosas presentes en la Diócesis de Ciudad Guzmán se convocaron en el Monasterio de la Santísima Trinidad, casa de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento.

El festejo se inició con la celebración Eucarística, presidida por el P. J. Alfredo Monreal, Vicario Episcopal para la Vida Consagrada.

Enseguida, las Religiosas reflexionaron la Homilía del Papa Francisco, dirigida a Sacerdotes, Consagrados y Movimientos Laicales, en la Catedral de Panamá, el 26 de enero, dentro de la Jornada Mundial de la Juventud.

“A cada momento me está diciendo mi Dios: ‘Dame de beber’; de ti, de tu testimonio, de tu entrega, de todo lo que te di para llevarlo a los demás… ¿o nomás lo tienes para ti?”, comentó la Adoratriz “Chepina”, después de que se compartieron las reflexiones hechas en grupos.

En la tercera parte del encuentro, el P. Francisco Mejía Urzúa compartió su experiencia de caminar pastoralmente con Consagrados y Consagradas en Mazamitla, Pantelhó y Zamora Pico de Oro (estas dos, parroquias en Chiapas), la que calificó como “una fuerte carga de fraternidad-sororidad” (en latín, frater significa hermano y soror, hermana).

De Religiosos y Religiosas, Mejía valoró el trabajo en equipo, el caminar juntos, la inculturación, el testimonio de sencillez y el compartir la pobreza de la gente, que reta constantemente.

Por último, leyendo el Cuarto Documento Sinodal (No. 616), Francisco recordó a la Asamblea los retos que el proceso diocesano plantea a las Religiosas, para participar más eficazmente en la misión evangelizadora: asumir el nuevo modelo de Iglesia desde sus carismas y participar en la pastoral de conjunto, lo que implica la apertura, la conversión, la comunión, la búsqueda, la espiritualidad encarnada, hacer presente la ternura y el rostro materno de Dios.

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Publicación en Impreso

Edición:Número 183 – Abril 2019
Sección: Vida diocesana

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