Collares coloridos | Raíces del sur

La región sur de Jalisco es rica en tradiciones y costumbres que se han transmitido de generación en generación y que sus herederos festejan de forma organizada y alegre en sus comunidades.

 

Una de tantas tradiciones es la hechura y colocación de los “coscates”, en el cuello de algunas personas durante las fiestas. Coscate viene de la palabra náhuatl “coscatl”, que significa anillo o aro; o “collar de perlas hermosas” según Porfirio de la Cruz Lucas.

 

En entrevista, Martín González, profesor de la Escuela Preparatoria Regional de Ciudad Guzmán dijo que: “los coscates son collares elaborados de distintos materiales y colores, adecuados a la localidad, los recursos y la tradición específica: unos con pinole, piloncillo, corona de flores de papel y jarro de barro rebozante de cuala. Otros, son elaborados con pan, manzanas, plátanos, corona de pan adornada con banderitas de papel de china y de varios colores”.  En Atemajac de Brizuela, agregan el ocochal de los pinos.

 

Porfirio de la Cruz Lucas agregó que: “aquí en Ciudad Guzmán, originalmente los coscates se hacían con una mezcla de piloncillo y pinole, envueltos en hojas de maíz, que luego se ensartaban en tiras de izote, para asemejar un rosario”.

 

Los lugares de la región sur de Jalisco que viven esta tradición de los coscates son: Ciudad Guzmán, Gómez Farías, San Andrés, Tuxpan, Tonila, San Marcos y Hacienda El Rincón, entre otros.

 

“Los coscates puestos en el cuello de los mayordomos de alguna fiesta religiosa o de alguna otra persona del pueblo que tiene qué ver con la misma festividad: como capitanes, cargueros, devotos y topiles, simbolizan el compromiso de organizar y animar las fiestas religiosas” apuntó Martín González.

 

En el caso de los sonajeros “Los Arribeños” de Ciudad Guzmán, los coscates que se cuelgan en el cuello de los integrantes de la cuadrilla el día que los bendicen, significa que cada uno de ellos adquiere el compromiso de cumplirle a Dios y a su santo patrono, ya sea por manda, tradición o juramento.

 

Este momento solemne, lo repite esta cuadrilla “Los Arribeños” desde 1894, añadió Porfirio de la Cruz Lucas, quien actualmente es el heredero de sus abuelos y padres de esta cuadrilla de sonajeros.

 

Estos símbolos tradicionales, son además un ejemplo de conservación o continuidad cultural, de maneras de pensar y ver el mundo como los antiguos. En ellos, los abuelos y las abuelas se vuelven presencia viva según aseguró el académico Miguel León-Portilla.

 

Los “coscates” también simbolizan el gasto y desgaste de las personas que los reciben, de acuerdo al servicio que van a prestar ellos y sus familias durante el tiempo requerido, como un servicio comunitario o colectivo y no como un poder individualista y lucrativo.

 

Ahora bien, “se puede decir que todavía existe esa fuerza comunitaria, pero a todos nos da miedo que se pierda, porque alrededor vemos muchos cambios que nos marean”, mencionó el indígena nahua Faustino Hernández Ramírez.

 

Por eso, la antigua identidad étnica y la organización indígena no se han perdido del todo: vuelven a aparecer en los espacios ceremoniales y en los ritos de transmisión de cargos, haciendo memoria de cuando “los sartales de cuentas de jade, turquesa, oro, caracolitos marinos, adornaban los cuellos de los hombres y mujeres (…) Y ningún elemento de la indumentaria se portaba al azar o por gusto”, sino por jerarquía de servicio y nobleza (México desconocido, 2010).

 

La tradición de los “coscates”, forma parte de la memoria histórica de nuestros pueblos y es nuestra responsabilidad conservarla, vivirla   y transmitirla, ante la amenaza de nuevas formas de vida que tienden a destruir lo comunitario, el ejido, el barrio, la cooperativa, la comunidad de base, la familia. Ante el despojo y deterioro de tierras, la migración, el individualismo, la indiferencia, la avaricia y la corrupción es un gran compromiso mantener vivas nuestras tradiciones.

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