Doscientos años bajo la mirada del Señor del Ocotito

P. Alfredo Monreal Sotelo

El Señor del Ocotito, es una imagen de Cristo que se venera en la comunidad de Atemajac de Brizuela, perteneciente a la Diócesis de Ciudad Guzmán. Desde tiempos inmemorables ha sido protector de la comunidad ante ante toda calamidad. Se le implora principalmente en las resequedades del mes de agosto, para pedir buena cosecha.

En estos días se están cumpliendo 200 años de honrarlo y festejarlo con más devoción, de manera especial la víspera y el día de Pentecostés de cada año, cuando, después de ofrecerle un Enroso, se le traslada de su Capilla, ubicada en la entrada del pueblo, al templo parroquial, acompañado por innumerables feligreses y las danzas de la comunidad. Por eso comparto este breve artículo, basándome en la obra “Los Cristos de Caña de Maíz” del Canónigo Luis Enrique Orozco.

Atemajac de Brizuela, es una comunidad que se encuentra en lo alto de la sierra de Tapalpa. La Palabra Athemaxaque significa: “lugar donde las piedras bifurcan o dividen el agua”. A la llegada de los primeros misioneros, entre ellos Fray Miguel de Bolonia, el pueblo fue dedicado a San Bartolomé Apóstol y recibió el nombre de San Bartolomé de Atemaxaque.

En 1550, el pueblo de Atemajac fue designado como “Visita” del convento de San Francisco de Zacoalco. En 1653, el P. Fray Antonio Tello escribió de esta comunidad: “El pueblo de Atemaxac está a seis leguas de Tzacualco, en la serranía que tiene al poniente: temple frío; dáse en él mucha manzana, y en tanta cantidad que sacan cada año de dos a tres mil cargas, mucho membrillo y durazno, cereza, rosa de Alejandría (Castilla) y clavellinas. Tiene una Iglesia cubierta de viguería con un retablo muy bueno”.

Sobre el origen de esta imagen del santo Cristo, el presbítero Higinio Vázquez Santa Ana señaló que hace más de un siglo (hacia finales del siglo XVIII), un leñador al alzar el hacha para derribar un pino ocote, junto a los toscos breñales de una ladera sin sendas… entre las hoscas espinas de una zarza que se conservó por mucho tiempo, apareció el Cristo milagroso en aquel ocote; de aquí se originó su nombre de El Señor del Ocote o Señor del Ocotito, como lo conocen los vecinos de la región.

El Señor del Ocotito es una imagen de Cristo que tiene 1.15 metros de altura y representa a Jesús en la Cruz en el momento de la Expiración. Es de rostro apacible y sereno, pero al mismo tiempo doliente, que con sólo mirarlo inspira paz y tranquilidad. Señala el Canónigo Orozco que el brazo izquierdo está más levantado y un poco más largo que el derecho, debido probablemente a la forma del pino ocote de donde fue extraído el santo Cristo. En nuestros días está colocado dentro de un nicho con cristales, que tiene forma de cruz.

Desde su presencia milagrosa se le rinde especial veneración en el lugar donde se encuentra su capilla, que antes era panteón, en la que aún hoy se pueden ver algunas lápidas. Desde 1820, momento en el que se creé se pulió la bendita imagen por un escultor anónimo y debido al gran número de favores concedidos, crecieron con más fuerza la devoción y la gratitud. Como muestra de cariño, apoyados por el párroco Juan P. González, en 1921, la población construyó la torre de la capilla y el pasillo central del atrio con sus jardineras.

Ahora, en este contexto de pandemia a causa del Coronavirus, la comunidad de Atemajac de Brizuela, reconoce su presencia llena de amor y su protección que anima la fe, la vida de hermanos y la esperanza en todo momento y nuevamente orienta su plegaria al santo Cristo, Señor del Ocotito, para seguir recibiendo sus bondades.

P. Alfredo Monreal Sotelo

Formador del Seminario. Colaborador de El Puente.

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