Una experiencia que siembre esperanza

El pasado domingo 8 de mayo se reunieron en el Seminario Mayor de Cd. Guzmán cuarenta candidatos a Diáconos Permanentes para compartir sus experiencias de estudio. Después de escucharse acerca del modo en que están organizados, se preguntaron si el estudio les está ayudando para el servicio que desempeñan en su comunidad y si también les está aportando elementos para discernir el llamado al diaconado permanente. A ambas preguntas contestaron afirmativamente y, a partir de su experiencia, expresaron con unanimidad que sí vale la pena estudiar.

El estudio es para servir mejor

En el caminar se ha ido aclarando que el estudio de los llamados al diaconado no es para llenarse la cabeza de conocimientos, sino para fortalecer las motivaciones en el servicio que ellos desempeñan en sus comunidades. El estudio es para servir mejor.

Los candidatos a Diáconos permanentes expresaron que el estudio les ha ido ayudando para el servicio en su comunidad. Lo dijeron de varias maneras: “nos ha dado más conocimiento para el desempeño de nuestro servicio”, “nos ha ayudado a ampliar nuestro criterio sobre el servicio que estamos desempeñando”, “[nos] abre el panorama y aclara el significado de ser candidato al diaconado como servidor de la comunidad”.

Como consecuencia del estudio hay otras ganancias en la vida de estos señores. Ellos reconocen que los está llevando a cambiar actitudes y comportamientos. Así lo manifestaron: “[el estudio] nos humaniza”, “ha provocado un cambio de actitud personal”, “se dejaron cosas que nos dañaban para ser mejores personas”, “para ser congruentes con lo que se vive”. Quiere decir que el estudio los está ayudando a fortalecer su proceso de conversión personal y esto redundará en la vida de las comunidades, que siempre esperan un testimonio creíble de sus servidores.

De frente al diaconado permanente

Quizá no todos los llamados al diaconado permanente sean ordenados Diáconos. Esto se tiene que discernir porque se trata de un ministerio y, por tanto, de una vocación. Es un misterio en el que se conjugan la llamada de Dios y la respuesta humana.

El hecho de tener clases, de hacer tareas en casa, de reflexionar en cada una de las materias, les ofrece elementos para preguntarse sobre su respuesta a la llamada. Lo que se estudia les sirve de herramienta, tanto en su servicio como en su discernimiento.

Ellos reconocen que el estudio que llevan sí les está ayudando en su discernimiento vocacional. “Me ha ayudado a descubrir cómo estoy viviendo personalmente, en familia y en mi comunidad”, dice uno; “puedo ser mejor cristiano sirviendo”, dice otro. El referente en este proceso es el mismo Jesús: “[el estudio] nos ha acercado más a Jesús”, afirma uno más.

La reflexión sobre la vocación al diaconado sigue adelante. Es un proceso largo en el que algunos llevan ya casi una década. Ciertamente no todo depende del candidato a Diácono; también tienen mucho que ver su esposa, sus hijos e hijas, su comunidad, su párroco, el Señor Obispo.

Uno de los participantes en el encuentro, a propósito de la pregunta sobre el discernimiento, expresó: “Estoy dispuesto a seguir en este llamado que nos hizo el Señor”. Los demás están en la misma condición.

Vale la pena ponerse a estudiar

Una vez que compartieron sus experiencias de estudio, los candidatos a Diáconos permanentes también se preguntaron si vale la pena estudiar. La respuesta, que llegó a ser unánime, fue que sí. Esta experiencia los está ayudando a madurar personalmente como personas y servidores en la comunidad, les está favoreciendo en su relación de esposos, les está ayudando en la conducción de su familia y se está viendo reflejada en su comunidad.

Lo anterior lo expresaron de varias maneras, pero la siguiente frase, aportada por uno de los grupos que se integraron en el encuentro, sintetiza el sentir común: “Ha servido mucho, tanto en la relación de pareja así como para compartir con el resto de la comunidad. Esto en el sentido del fortalecimiento de los servicios y ministerios establecidos, como en el crecimiento personal”.

El estudio que nuestros candidatos a Diáconos están llevando, colabora a su formación integral. Tienen, además, otros encuentros para intercambiar y reflexionar sus experiencias; hay días de retiro espiritual, de encuentros con sus familias y visitas del Señor Obispo.

Conclusión

Nuestra experiencia diocesana en relación al diaconado permanente es incipiente. El camino sigue. Este encuentro de intercambio de experiencias sobre el estudio, nos anima a continuar con la búsqueda y a fortalecer la esperanza de tener Diáconos permanentes en nuestra Diócesis.

Termino el artículo con una frase de los participantes en el encuentro, frase que, en base a su experiencia de estudio, manifiesta tanto la mística como la orientación del ministerio diaconal: “Sí vale la pena estudiar, porque a través de ello nos mantenemos más cerca de Dios, para seguir trabajando en la difusión del Reino”.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 110
Autores: P. Lorenzo Guzmán
Sección de Impreso: Iglesia en Camino

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