Los rostros y voces de un Consejo Comunitario

La Esperanza ha marcado el rostro de los agentes de pastoral de nuestra Diócesis. Lo constaté de nueva cuenta, hace unas semanas, al platicar con Don Gil, Lupe Gutiérrez y Doña Obdulia, integrantes del Consejo Comunitario de la Guadalupana, en la Parroquia del Señor del Perdón, de Zapotiltic, en la Quinta Vicaría.

Don Gil y Lupe Gutiérrez, nos animan con su testimonio a promover los Consejos Comunitarios o fortalecerlos donde ya los hay. La expresión de Don Gil sobre la importancia del servicio del Consejo Comunitario es que “sin el Consejo Comunitario no tendríamos rumbo, ni seguridad, Él es el Buen Pastor, como dice nuestro Sínodo”.

Lupe Gutiérrez afirmó: “da gusto testimoniar la fe como integrante del Consejo de la Guadalupana. Y compartir la fe en Dios, que Jesús ya nos vino a anunciar” y agregó: “cuando hemos tenido dificultades, las hemos resuelto con el diálogo y con la esperanza de la Vida Comunitaria. ¡Sobre todo es muy importante el testimonio y la aceptación de la gente, porque lo que anunciamos es al Evangelio!”

A Don Gil, Lupe y Doña Obdulia les ha ayudado encontrar el apoyo entre consejos de la parroquia, el compartir experiencias con otras parroquias sobre el caminar de los Consejos y la asesoría de los pastores. Ellos manifestaron que entre más madure un Consejo Comunitario, mejor servicio dará para que la vida comunitaria encuentre caminos nuevos para evangelizar. Estos hermanos, agentes de pastoral, ven con esperanza el futuro. Coinciden en afirmar que una tarea del Consejo Comunitario es promover a nuevos agentes de pastoral, a nuevos misioneros de la Vida digna, para que más bautizados amen la Misión de Jesús. Por eso confían en la ministerialidad de las comunidades.

Ellos reconocieron que es un gran reto y alegría tener el Cuarto Plan Diocesano de Pastoral, pues les ayuda a tejer juntos su propio plan en su Parroquia. Recuerdan el momento en el que “recibimos de manos del señor Obispo, el Cuarto Plan, ahí estaban todas las Vicarías en la Asamblea de Techaluta. Nos sentimos respaldados por el Plan Diocesano y por el señor obispo Don Rafael”.

Cada uno de estos compañeros de camino está dentro de la búsqueda de una Iglesia Diocesana servidora del Reino, animada a seguir en la promoción de la Comunión y la Participación del Pueblo de Dios, como lo soñó el Concilio Vaticano II y el caminar eclesial en Latinoamérica. Ellos me dejaron tres enseñanzas.

Primero Don Gil manifestó: “El Compromiso con el servicio, de manera sencilla y organizada, como lo hizo Jesús, no hay más, y si queremos otra cosa, pues no estamos haciendo la Misión”. Esta toma de consciencia ante el servicio cristiano, que se logra al calor del Consejo Comunitario, me ayuda a identificar cuál es el lugar que tiene el Consejo Comunitario en la vida eclesial de la Comunidad Parroquial, como comunión de comunidades.

La segunda enseñanza la retrató Doña Obdulia: “la alegría de servir, que nos quita el miedo y la apatía, como lo vivieron las primeras comunidades cristianas”. En la voz de esta hermana, cargada de amor y experiencia a la labor evangelizadora, me ayuda a ratificar que el crecimiento humano va de la mano con la madurez cristiana, al servicio del Reino de Dios.

La Tercera enseñanza fue de Lupe Gutiérrez: “La sabiduría que deja comprometerse con la comunidad es sabiduría de hermanos, no la que nos hace sentir más que los demás, porque uno aprende mucho compartiendo”. Esta manera de pensar que ha compartido con la comunidad, me hace confirmar que vale la pena apostar e invertir por la formación de los bautizados y de todos aquellos que se les ha enfriado el corazón ante el proyecto de vida que Dios ofrece.

Usted lector puede reconocer ¿Qué frutos se ven en su comunidad eclesial por la compañía y dirección del Consejo Comunitario? o mejor aún ¿Cuántas experiencias habrá vivido Don Gil, Obdulia y Lupe Gutiérrez junto al Consejo de su Comunidad?, que ahora han compartido que “el Consejo es como un motor, que siempre hay que estar cuidando y dándole mantenimiento con la Palabra de Dios, el magisterio, los alientos de nuestros asesores y de la misma gente de la comunidad”

Te das cuenta de ¿Cuáles son las motivaciones profundas de los que participan en el Consejo de tu comunidad? Puedes preguntarle a algún catequista o servidor que viva en tu calle ¿Qué huella deja en su conciencia y en su corazón el servicio que hace en el Consejo Comunitario? ¡Porque servir a la comunidad desde el Consejo Comunitario, es responder a los desafíos que nos presenta la vida!

Publicación en Impreso

Número de Edición: 114
Autores: P. José Luis García Bernal
Sección de Impreso: Semillas de Mostaza

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