Los laicos son protagonistas de la misión, celebración y el servicio

Estamos por comenzar la Semana Santa. Estos días son especiales porque en ellos celebramos lo central de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Todas las comunidades se preparan con mucha intensidad y dedicación, especialmente para las celebraciones, tanto la del domingo de Ramos como las del Jueves, Viernes y Sábado Santo.

En nuestra Diócesis muchas de estas celebraciones son preparadas y conducidas por laicos y laicas, sobre todo en ranchos donde los sacerdotes no las presiden. Pero también en algunos barrios y colonias se convocan las comunidades a sus celebraciones.

En todas ellas, es la Iglesia la que se reúne para celebrar su fe, para encontrarse con el Señor, para alimentar sus esfuerzos por hacer vida comunitaria. De esta manera, los laicos se hacen protagonistas de la misión, la celebración y el servicio de la Iglesia.

El centro de nuestra fe

Con la Cuaresma nos preparamos para la Pascua. Así lo expresamos y lo hemos estado escuchando desde días antes del Miércoles de Ceniza. Y es cierto, porque en estos cuarenta días, ayudados con la oración, la reflexión de la Palabra, el ayuno y la solidaridad, nos disponemos para celebrar la Pascua de Jesús, que es el centro de nuestra fe.

La meta de la Cuaresma es la celebración del Misterio Pascual, o sea, la muerte y resurrección del Señor. Iniciamos el Domingo de Ramos y culminamos en el Domingo de Pascua. En esta semana, que es la central de todo el año, hacemos un recorrido meditativo y celebrativo de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Y cada día tiene un sentido especial.

El domingo de Ramos la gran mayoría de las personas llega con sus palmas “para que queden benditas”, como se dice. Esto es el comienzo de la celebración dominical, puesto que con las palmas hay que hacer la procesión cantando a Cristo Rey, recordando su entrada triunfal a Jerusalén, para luego escuchar y meditar la narración de su pasión y muerte. Y, aunque queden benditas, las palmas sin la procesión y la pasión pierden todo su sentido.

El Jueves Santo se reúnen las comunidades “para el lavatorio de los pies”. Este gesto de Jesús realizado durante la Última Cena nos recuerda que tenemos que servirnos unos a otros y solamente así podremos celebrar bien la Eucaristía, como hizo Jesús. El nombre oficial de esta celebración, que se realiza por la tarde, es Misa de la Cena del Señor, puesto que es la memoria de la última cena que tuvo Jesús con sus discípulos antes de morir en la cruz. Dentro de ella se hace el rito del lavatorio de los pies.

El Viernes Santo acudimos al Vía crucis. Esta práctica nos ayuda a meditar en el recorrido que hizo Jesús cargado injustamente con la cruz hasta morir en ella. El Vía crucis dispone a la celebración que se realiza por la tarde y que ordinariamente llamamos de “la adoración de la cruz”. Al igual que el domingo de Ramos, la narración de la pasión tiene un relieve especial en el Viernes Santo. De hecho se llama celebración de la Pasión del Señor. Después de meditar en la pasión de Jesús, se realiza el gesto de la adoración de la cruz. El Vía crucis sin esta celebración también queda incompleto.

El Sábado Santo por la noche se reúnen las comunidades para la Vigilia Pascual. Esta es la celebración más importante del año porque se hace el anuncio solemne de la resurrección de Cristo; como se dice: “se abre la gloria”. A la Vigilia acudimos con velas y agua con la intención de que sean bendecidas. Sí se bendicen, pero lo central es celebrar la resurrección del Señor; y el cirio y las velas encendidas son símbolo de que Cristo resucitado está presente en medio de la comunidad, iluminándola. El agua bendita toma su sentido en esta vigilia nocturna cuando los participantes renovamos las promesas bautismales, de manera que públicamente reasumimos el compromiso de ser discípulos misioneros de Jesús.

Celebraciones en barrios y ranchos

En las comunidades de nuestra Diócesis se hacen estas celebraciones, pero no todas son presididas por presbíteros sino por laicos y laicas. No es posible que los sacerdotes estén en la totalidad de los barrios y ranchos de las parroquias para cada una de las celebraciones. Lo que sí es posible es que las comunidades -la Iglesia en barrios y ranchos- se convoquen para celebrar el centro de nuestra fe: la muerte y resurrección del Señor Jesús.

Al congregarse las personas para las celebraciones de la Semana Santa, lo hacen en su condición de miembros de la Iglesia y ejercen el sacerdocio común de los bautizados. Es la Iglesia la que está reunida a la escucha de la Palabra, en oración y, donde es posible, se participa de la Eucaristía, comulgando con las hostias ya consagradas por el sacerdote.

Algunas de estas personas, que generalmente son mujeres, convocan a la comunidad y presiden las celebraciones. Cada encuentro celebrativo de estos se prepara con tiempo. Como parte de su servicio ministerial, los sacerdotes distribuyen las guías de cada celebración y ayudan a las personas que las conducirán: coordinadores, catequistas o celebradores de la Palabra, para que las estudien; se prevé además lo necesario para realizarlas y se anima a los celebradores de la Palabra para que reúnan a su barrio o rancho y lo ayuden a crecer en su vida comunitaria. Así se vive un signo de comunión en las parroquias.

El protagonismo de laicos y laicas

Al preparar y presidir las celebraciones de la Semana Santa, los laicos y laicas no se convierten en padrecitos ni les quitan el lugar a los sacerdotes –o su trabajo, como se escucha frecuentemente–. Lo que hacen es ejercer un derecho que tienen como bautizados y bautizadas.

Todas las personas que reciben el bautismo son consagradas por la unción con el Santo Crisma. Quedan constituidas en “miembros de Cristo sacerdote”, como dice el rito. Por esta consagración tienen derecho –y obligación¬–, de juntarse con los demás a orar, a celebrar, a hacer presente a Cristo en medio de la comunidad reunida en su nombre.

Cuando los laicos y laicas participan activamente en las celebraciones de la Semana Santa, ya sea presidiéndolas o estando como miembros de la asamblea celebrativa, se convierten en protagonistas de la Iglesia que celebra, pues ejercen su derecho de bautizados. Al participar en cada acción litúrgica, los laicos y laicas se hacen sujetos en la celebración de la fe de su barrio o rancho, ya que colaboran vivamente en la construcción de la comunidad. Con su participación consciente en las asambleas celebrativas, los laicos y laicas manifiestan que los sacerdotes están realizando con fidelidad el ministerio presbiteral, pues es un signo de que ellos los acompañan y hacen madurar en su fe.

Conclusión

Las celebraciones de la Semana Santa que se viven en los barrios y ranchos de nuestra Diócesis expresan el crecimiento de los sacerdotes y de los laicos y laicas. Y esto es signo de esperanza para nuestra Iglesia Particular.

Los sacerdotes crecen porque van formando a las comunidades para que se reúnan a celebrar su fe, que en este caso especial es durante la semana central del año. Crecen también porque con paciencia van educando a laicos y laicas para que ejerzan su derecho recibido por el bautismo, ya sea en la participación activa y consciente en las celebraciones, ya sea porque propician que algunos y algunas las presidan.

Por su parte, los laicos y laicas crecen porque, si están presentes o no los sacerdotes en las celebraciones, aprenden a convocarse como comunidad para celebrar la fe de la Iglesia. En estos días, al tratarse de la Semana Santa, colaboran a que Jesús resucitado esté en medio de sus discípulos y discípulas en las celebraciones más importantes del ciclo litúrgico.

Vivir la Semana Santa en todos los barrios y ranchos de nuestras parroquias, con celebraciones presididas por laicos y laicas, es signo de esperanza para el Sur de Jalisco. Crece la esperanza de llegar a ser una Diócesis con rostro laical, porque se siguen dando pasos para que los laicos y laicas, acompañados por los pastores, sean sujetos en la Iglesia. Se mantiene la esperanza de ser Iglesia ministerial porque crece el número de bautizados que asumen un ministerio laical, como es el de celebrador de la Palabra. Permanece la esperanza de convertirnos en Iglesia misionera porque, al reunirse para la celebración del Misterio Pascual, las comunidades se alimentan para mantenerse en la evangelización.

Publicación en Impreso

Número de Edición: 108
Autores: Iglesia en camino
Sección de Impreso: Pabro. José Lorenzo Guzmán

2 pensamientos sobre “Los laicos son protagonistas de la misión, celebración y el servicio

  1. Muy amados hermanos en Cristo, les feliciTo por la excelente pagina y les agradezco si es posible me envien un formato de la Celebracion de la Vigilia Pascual presidida por los laicos, se que estoy fuera de tiempo, pero si logran ver este comentario en los proximos minutos, les agradezco su envio.
    Felices Pascuas de Resurreccion
    Alfonso Murillo

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