Homilía para la Vigilia Pascual 2013

Reavivar la fe en el Resucitado

Texto: Lc 24, 1-12.

Antier y ayer recordamos la pasión y muerte de Jesús. Hoy ha sido la experiencia del sepulcro. Sufrimiento, dolor, muerte, tumba, desánimo, desesperanza, sinsentido. Esta experiencia humana ante el más claro signo de nuestra fragilidad y de la fragilidad de Jesús, la muerte, quedan superados por su Resurrección. Es el regreso de la alegría, el ánimo, la esperanza, el sentido, expresados esta noche en los símbolos de la luz, la Palabra, el agua y la Eucaristía.

Reavivar la fe en el Resucitado

Texto: Lc 24, 1-12.

Antier y ayer recordamos la pasión y muerte de Jesús. Hoy ha sido la experiencia del sepulcro. Sufrimiento, dolor, muerte, tumba, desánimo, desesperanza, sinsentido. Esta experiencia humana ante el más claro signo de nuestra fragilidad y de la fragilidad de Jesús, la muerte, quedan superados por su Resurrección. Es el regreso de la alegría, el ánimo, la esperanza, el sentido, expresados esta noche en los símbolos de la luz, la Palabra, el agua y la Eucaristía.

Cristo es la Luz que brilla en medio de las tinieblas, la Palabra que Dios grita en el silencio, el Agua que brota en medio de la aridez, el Pan que se ofrece caliente ante el hambre. Para sus discípulos Cristo es la Luz que ilumina su corazón, opacado por la muerte; la Palabra que resuena en sus oídos, aturdidos por el grito de la muerte; el Agua que refresca su ánimo, reseco por la aparente derrota; el Pan que alimenta y fortalece su fe, debilitada al ver el cuerpo inerte.

Todo esto sucedió con las mujeres, discípulas de Jesús, cuando llegaron al sepulcro. Ellas iban a perfumar el cuerpo del difunto, llevaban la tristeza en lo más hondo de su corazón, cargaban la desesperanza de todos los discípulos. Y se encontraron con la piedra del sepulcro removida, con la ausencia del cuerpo del Señor y con la palabra de los ángeles, que les dieron la noticia de la Resurrección del Hijo del hombre. Su desconcierto y su miedo terminaron.

El motivo del sufrimiento, la tristeza y el sinsentido se transformó para ellas en causa de alegría, gozo y sentido: el muerto estaba vivo, el silenciado hablaba, el sepultado estaba libre, el derrotado había triunfado. Luego fueron a dar el testimonio, aunque para los demás ellas desvariaban. Con la renovación de las promesas bautismales reavivemos nuestra fe en Cristo y alimentados con su Cuerpo resucitado fortalezcamos nuestro compromiso de ser sus testigos.

30 de marzo de 2013

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