El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para la solemnidad de la Madre de Dios 2019

Escuchar a Dios

Textos: Núm 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21

Este primer día del año celebramos a la Virgen María en su condición de Madre de Dios. Pablo y Lucas nos dan testimonio de este servicio, que ella inició en Nazaret y culminó en el Gólgota. Pablo habla del Hijo de Dios nacido de una mujer. Esta mujer es María. Lucas nos presenta a María junto con José, la noche del parto, cuando recibieron la visita de los pastores que iban a conocer al Niño. Con nuestra Eucaristía agradecemos a Dios la disponibilidad de la Virgen para acomodarse al proyecto que Él le planteó y su capacidad de asumir todas las consecuencias de ser la mamá del Hijo de Dios, hasta la cruz, aunque no siempre comprendiera lo que le sucedía.

Hoy celebramos también la Jornada Mundial de la Paz. Nos unimos a ella con nuestra oración y la renovación del compromiso de colaborar, desde nuestra comunidad parroquial, a la creación de la cultura de la paz, como lo asumimos en la 10ª Asamblea Diocesana Postsinodal.

Los pastores llegaron a Belén, al establo donde se encontraba la Sagrada Familia, y encontraron al Niño tal como el ángel se lo había indicado: envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Qué capacidad de los pobres de escuchar y atender los mensajes de Dios, en medio de la noche, estando en la periferia, viviendo en la exclusión y siendo señalados como malvivientes. Siguieron todas las señas que les dio el ángel y llegaron hasta donde estaba el recién nacido. Además, se hicieron mensajeros del Evangelio, porque comunicaron todo lo que habían escuchado sobre el Niño. Los pastores fueron los primeros en compartir la Buena Nueva con José y María, y con todos los que estaban acompañándolos en aquella noche de vida, de luz, de alegría, de paz.

En medio de los dolores que tenía y lo aturdida que estaba después del parto, María escuchaba en silencio lo que los pastores decían de su Hijo. Las mamás saben lo que ella estaba pasando en esas horas. No respondía con sus palabras sino con la escucha, tanto a lo que decían sus hermanos los pastores como a lo que Dios le quería decir. Dice san Lucas que ella, además de admirarse, conservaba todo eso y lo meditaba en su corazón. Trataba de entender lo que estaba pasando y, aunque no lo comprendía, estaba abierta a la voz de Dios. Esto es fundamental para nosotros, que no siempre entendemos lo que nos sucede en la familia, en el trabajo, en la comunidad. Tenemos que estar siempre a la escucha de Dios, reflexionar a la luz de su Palabra, discernir su voluntad para cumplirla, para vivir como hijos suyos, para hacer una vida agradable a Él. Tenemos mucho que aprender de María, a quien el Papa, en su Exhortación sobre la santidad en el mundo actual, valora como “la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada […] la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña” (No 176). Damos gracias a Dios por el ejemplo de María.

En esta Jornada Mundial de la Paz, que tiene como tema la política como camino para la paz, pidamos a Dios que todos y todas nos hagamos responsables de trabajar por el bien común en la sociedad. Esto no es responsabilidad sólo de los políticos sino de todos los ciudadanos. Pidamos al Señor que seamos personas de escucha, como María; que meditemos en nuestro corazón, de manera personal y como comunidad, las situaciones que expresan la ruptura de la armonía y la paz, que sepamos discernir nuestras responsabilidades ciudadanas y cristianas a favor del bien común.

Con la Eucaristía, además de agradecer el testimonio de la Virgen Madre de Dios, renovemos nuestro compromiso de construir la cultura de la paz, entre nosotros, con la Creación y con Dios.

1 de enero de 2019

Esta entrada fue publicada el 01 de enero de 2019 a las 11:43 am en la categoría El Puente, Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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