Homilía para la solemnidad de la Madre de Dios 2017

Escuchar y poner en práctica la Palabra de Dios

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Este domingo celebramos la solemnidad de la Virgen María, Madre de Dios. Con la Eucaristía de hoy agradecemos a Dios el testimonio que ella nos ha dado de escuchar y de poner en práctica su Palabra. Además nos unimos a la 50º Jornada Mundial de Oración por la Paz, en la cual el Papa Francisco nos ha invitado a conseguirla por medio de la no violencia creativa, tanto en las familias como en las comunidades, los espacios de trabajo y la vida de la sociedad.

Escuchar y poner en práctica la Palabra de Dios

Textos: Num 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

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Este domingo celebramos la solemnidad de la Virgen María, Madre de Dios. Con la Eucaristía de hoy agradecemos a Dios el testimonio que ella nos ha dado de escuchar y de poner en práctica su Palabra. Además nos unimos a la 50º Jornada Mundial de Oración por la Paz, en la cual el Papa Francisco nos ha invitado a conseguirla por medio de la no violencia creativa, tanto en las familias como en las comunidades, los espacios de trabajo y la vida de la sociedad.

Los textos bíblicos nos ayudan a profundizar en la manera de ubicarse de la Virgen ante el misterio de Dios, misterio que se hizo visible en la persona de su Hijo, como hemos reflexionado y celebrado de manera especial en estos ocho últimos días. Ella fue elegida por Dios para ser la mamá de su Hijo, el Mesías. Con sencillez, confiada en el Señor, sin saber cómo le iba a ir, aceptó la responsabilidad. Así se realizó el envío que Dios hizo de su Hijo, el cual, como dice la Carta a los Gálatas, nació de una mujer. Esta mujer fue María de Nazaret.

El texto del Evangelio la presenta junto con José, cuidando al Niño que estaba recostado en el pesebre. Así los encontraron los pastores, quienes también habían escuchado la voz de Dios y la estaban poniendo en práctica. Ellos, considerados maleantes por la sociedad de su tiempo, fueron capaces de seguir las indicaciones de los ángeles, dar con la familia de Nazaret, experimentar y transmitir la alegría del encuentro con el recién nacido.

Allí, en Belén, los pastores se convirtieron en evangelizadores, porque llevaron a José y María la buena noticia que habían escuchado de los ángeles. Era la revelación de la presencia del Mesías en la cueva, acostado en el pesebre y envuelto en pañales. Ellos la escucharon, la creyeron y la transmitieron. Poco nos parecemos a ellos en esto de ser evangelizadores.

Mientras escuchaba la plática de los pastores, María se ponía a meditar lo que significaban las palabras, los gestos, los signos, la alegría, que ellos transmitían. No entendía lo que estaba sucediendo, como no entendía lo que le dijo el arcángel Gabriel cuando le comunicó la noticia de que Dios la había elegido para ser la Madre del Mesías. Por eso lo guardaba en su corazón, lo rumiaba, trataba de captar el mensaje de Dios. Ella nos enseña lo que tiene que ser nuestra actitud cuando no comprendemos lo que nos pasa, cuando no encontramos la salida en los problemas o crisis, cuando no sabemos qué hacer en los conflictos de la comunidad, cuando somos cuestionados en nuestra fe, cuando nos llegan situaciones inesperadas, cuando vemos las injusticias.

Lo mismo le sucedería después, cuando el ángel les avisó que tenían que huir a Egipto para salvar la vida del Niño de la matanza ordenada por Herodes, cuando se les perdió en el templo y la respuesta que Jesús les dio, cuando escuchaba las críticas y amenazas en contra de su Hijo, cuando veía que lo querían matar, cuando lo llevaron a la cruz. Fueron las consecuencias de ser la Madre del Hijo de Dios. Sin embargo, María guardaba todo y lo meditaba en su corazón. Trataba de descubrir y entender la voluntad de Dios, y de aclarar qué tenía que hacer para cumplirla.

Demos gracias a Dios por el testimonio de la Virgen. Pidámosle que, como ella, nos mantengamos en el discernimiento de su Palabra en los acontecimientos de la vida diaria y que la llevemos a la práctica. Al igual que los pastores, hoy nos encontraremos con el recién nacido, nada más que de manera sacramental. Experimentemos la alegría de este encuentro y regresemos luego a nuestra casa y comunidad alabando a Dios y compartiendo esta experiencia con alegría.

1º de enero de 2017

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