Homilía para la Solemnidad de la Madre de Dios 2015

Bendiciones

María1

En este día agradecemos al Señor el hecho de haber llamado a la Virgen María para pedirle el servicio de ser la Madre de su Hijo Jesús; también le agradecemos el testimonio de María quien, al haber respondido a ese llamado y aceptado el servicio, se convirtió en la Madre de Dios. Hoy es un día de bendiciones. Dios nos bendice y nosotros le respondemos bendiciéndolo. Con la celebración de la Eucaristía unimos esta doble acción de bendición en una sola oración.

Bendiciones

Textos: Num 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

María1

En este día agradecemos al Señor el hecho de haber llamado a la Virgen María para pedirle el servicio de ser la Madre de su Hijo Jesús; también le agradecemos el testimonio de María quien, al haber respondido a ese llamado y aceptado el servicio, se convirtió en la Madre de Dios. Hoy es un día de bendiciones. Dios nos bendice y nosotros le respondemos bendiciéndolo. Con la celebración de la Eucaristía unimos esta doble acción de bendición en una sola oración.

Nos bendice con su Palabra, especialmente con los textos recién proclamados. En ellos encontramos la antigua bendición israelita, tan actual como en aquel tiempo, en la que piden unos por otros para que el Señor los asista y les conceda la paz. Nos encontramos con que somos hijos de Dios, gracias a la colaboración de la mujer –María– de la cual nació el Hijo de Dios. Nos encontramos con el testimonio del primer encuentro de los pastores con el Niño Jesús.

El Señor nos bendice con su Hijo Jesús, nacido de la Virgen María y recibido por José como Hijo suyo. A ellos los encontraron los pastores en Belén, en el establo, alrededor del pesebre; de esta manera, el pesebre se convirtió en el primer altar donde fue venerado el Hijo de Dios. Lo que los pastores les platicaron del Niño, aquello que el ángel les había dicho, María lo meditaba en su corazón, lo convertía en bendición hacia Dios y buscaba entender lo que debía hacer.

Nos bendice con el don de María, quien es no sólo Madre de Dios sino también Madre nuestra, pues así nos la dio Jesús cuando agonizaba en la cruz. El servicio de la Virgen nos alcanza, pues de ser esclavos pasamos a ser hijos y podemos llamar Padre a Dios. Esto se realizó por la muerte de Jesús en la cruz; ahí nos rescató con su sangre derramada, nos liberó del pecado, nos dio su Espíritu, nos convirtió en herederos, como escuchamos en la segunda lectura.

Hoy nos bendice con la gracia de llegar al final del año y comenzar uno nuevo. Un año que termina lleno de violencia, de incertidumbre por los desaparecidos, de mayor pobreza, con más migrantes en nuestra región, con el anuncio de otro gasolinazo para hoy 1º de enero; un año nuevo que, al igual que los anteriores, inicia con la esperanza de una vida mejor para todos, sin carencias, sin violencia, con más oportunidades de trabajo, con salud, con paz y seguridad.

El Señor nos bendice también con la Jornada Mundial de la Paz. Al principio de cada año se nos invita a orar por la paz en el mundo, a educarnos en nuestras familias para la armonía y la paz, a colaborar en la sociedad para que se viva la justicia, a cuidar de nuestro entorno. El Papa Francisco nos pide que respondamos “a nuestra común vocación de colaborar con Dios y con todos los hombres de buena voluntad en la promoción de la concordia y la paz en el mundo”.

De modo especial, Dios nos bendice con su Hijo que se hace nuevamente Pan y Vino. Así se deja encontrar en este día por nosotros. Nosotros somos los pastores, los pobres, que venimos al encuentro de Jesús para contemplarlo, glorificarlo, escucharlo, alimentarnos de Él y volvernos a nuestros campos alabando y glorificando a Dios; nuestros campos en que hay que dar testimonio alegre de Jesús como misioneros, son la propia familia, el lugar de trabajo, la comunidad.

Nosotros bendecimos al Señor por todo esto que Él nos da. Nos unimos a la invocación de Dios que hacían los israelitas entre sí para esperar su bendición, nos unimos al salmista que le pide tenga compasión de nosotros y nos bendiga, nos unimos a la alegría de Pablo porque el Hijo de Dios nació de una mujer y nos rescató, nos unimos a la alegría de los pastores por haberse encontrado con el Niño. En esta Eucaristía unamos nuestras bendiciones a las de Dios.

1º de enero de 2015

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