Homilía para la fiesta de la Virgen de Guadalupe 2013

Amor, compasión, auxilio y defensa

Textos: Is 7, 10-14, o Eclo 24, 23-31; Gal 4, 4-7; Lc 1, 39-48.

Misal Romano 044

Nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía en el día de la Virgen María, nuestra Señora de Guadalupe. Con la Eucaristía le vamos a agradecer a Dios la presencia de la Virgen en nuestro país, presencia en la que ha cumplido lo que le dijo a Juan Diego cuando se le presentó por primera vez. Después de presentarse como la Madre del Dios por quien se vive, le expresó su deseo de mostrar y dar todo su amor, compasión, auxilio y defensa.

Amor, compasión, auxilio y defensa

Textos: Is 7, 10-14, o Eclo 24, 23-31; Gal 4, 4-7; Lc 1, 39-48.

Misal Romano 044

Nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía en el día de la Virgen María, nuestra Señora de Guadalupe. Con la Eucaristía le vamos a agradecer a Dios la presencia de la Virgen en nuestro país, presencia en la que ha cumplido lo que le dijo a Juan Diego cuando se le presentó por primera vez. Después de presentarse como la Madre del Dios por quien se vive, le expresó su deseo de mostrar y dar todo su amor, compasión, auxilio y defensa.

Eso es exactamente lo que realizó la Virgen María durante su existencia terrena y es lo que nosotros tenemos como compromiso por el hecho de ser bautizados. Vino para dar todo su amor, como lo había hecho con su prima. Isabel había sido estéril, era anciana y estaba embarazada por primera vez. Imaginemos lo que significaría para ella esta situación. María se dio cuenta y fue a vivir el amor compadeciéndose de Isabel, auxiliándola y cuidándola.

Así se ha mostrado la Virgen de Guadalupe a lo largo de los años en nuestra Patria. Como Madre, ha mostrado su amor, se ha compadecido de los pobres, enfermos, migrantes…, ha sido su auxilio en las necesidades y problemas, se ha convertido en defensa de los mexicanos en todas las situaciones. Por esa razón a la Virgen se le aplica lo que dice el Eclesiástico, aunque este libro lo expresa en relación a la Sabiduría de Dios; dice que ella es la madre del amor.

La compasión consiste en padecer con las personas que sufren. Compadecer significa hacer propia la situación de la otra o las otras personas, sufrir con ellas, llevar sus cargas. María padeció con José y Jesús desde la vez en que no encontraron lugar para el nacimiento del Niño hasta la vez que se les perdió en el templo. Padeció con los novios de Caná cuando se les terminó el vino. Padeció con Jesús durante su ministerio y, de modo especial, en la pasión y la cruz.

Igualmente, la Virgen se ha compadecido de los mexicanos durante años y años. Cada que tenemos un problema, una enfermedad, un sufrimiento, ella hace suya nuestra situación y nos auxilia. Por eso nos unimos a la oración de Isabel, que la llama bendita entre las mujeres y bendice, además, al Niño que lleva en sus entrañas. Hoy le decimos a Dios que le agradecemos el testimonio de María de Nazaret y su presencia como María de Guadalupe entre nosotros.

Por otra parte, y para no quedarnos en la contemplación y el agradecimiento, hoy se nos ofrece la oportunidad de renovar el compromiso de ser servidores, tarea que recibimos en el Bautismo. La Comunión sacramental, que es el momento culmen de la Eucaristía, nos fortalece para vivir amando como María, padeciendo con los pobres y sufrientes, auxiliando a los excluidos para reintegrarlos a la Iglesia y a la sociedad, defendiendo a los débiles de la comunidad.

Vivir estas dimensiones del servicio de la Virgen de Guadalupe es un modo de realizar la misión. La misión de la Iglesia no se limita a anunciar el Evangelio de palabra o a celebrar la Eucaristía. La misión de la Iglesia está completa cuando sus miembros, de manera personal y comunitaria, vivimos el amor, la compasión, el auxilio y la defensa para con los demás, principalmente los débiles y pequeños. Y, además, se hace plena al servir con gusto, como la Virgen María.

Después de alimentarnos y quedar fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de Jesús, vayamos a hacer presente en nuestras comunidades el amor. Vivamos conscientemente la compasión; convirtámonos en auxilio y defensa de los sufrientes. Colaboremos a la misión de la Iglesia trabajando en la construcción de comunidades vivas, comunidades que aman, se compadecen, auxilian y defienden a los pobres, a ejemplo de Santa María de Guadalupe.

12 de diciembre de 2013

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