Homilía para el Viernes Santo 2013

En la cruz no tenía gracia ni belleza

Textos: Is 52, 13-53, 12; Hb 4, 14-16; 5,7-9; Jn 18, 1-19, 42.

Esta mañana rezamos y meditamos el Vía crucis. Ahora nos encontramos reunidos para contemplar el misterio de la cruz, en donde Jesús crucificado, en palabras del profeta Isaías, no tenía gracia ni belleza. ¿Cómo las iba a tener si en la cruz estaba desfigurado su semblante y su aspecto no era ya de hombre? ¿Qué belleza puede tener un despreciado y desestimado, un leproso, humillado, traspasado, triturado, castigado, llagado, maltratado, enmudecido? Ninguna.

En la cruz no tenía gracia ni belleza

Textos: Is 52, 13-53, 12; Hb 4, 14-16; 5,7-9; Jn 18, 1-19, 42.

Esta mañana rezamos y meditamos el Vía crucis. Ahora nos encontramos reunidos para contemplar el misterio de la cruz, en donde Jesús crucificado, en palabras del profeta Isaías, no tenía gracia ni belleza. ¿Cómo las iba a tener si en la cruz estaba desfigurado su semblante y su aspecto no era ya de hombre? ¿Qué belleza puede tener un despreciado y desestimado, un leproso, humillado, traspasado, triturado, castigado, llagado, maltratado, enmudecido? Ninguna.

En la descripción que hace Isaías, refiriéndose al pueblo de Israel en cuanto siervo sufriente de Dios, los primeros cristianos vieron reflejada la situación de Jesús en la cruz. Sin embargo, en esa condición, que reconoceremos al adorar la cruz, Jesús nos muestra la Gracia y la Belleza que vienen de Dios. Gracias a la muerte en la cruz, Jesús cargó sobre sí todos los crímenes y sufrimientos de las gentes e intercedió por los pecadores, para comunicarnos la gracia de Dios.

En la cruz hizo suyas las situaciones de personas “sin gracia ni belleza”, según los criterios de la sociedad del bienestar: las personas trituradas por la droga, el alcohol, la violencia, la pobreza; las personas desfiguradas por el cáncer, la diabetes, el VIH, el peso de los años; las familias heridas por las deudas, la falta de trabajo y salario justo, la violencia intrafamiliar. Jesús muestra la Belleza de Dios al asumir esas situaciones como propias, al cargarlas en su carne molida.

Vamos a adorar la cruz. Con este gesto reconoceremos la acción de Jesús que, sin gracia ni belleza, nos manifiesta la gracia de Dios que nos perdona y la belleza de solidarizarse con los despreciados. Al adorar la cruz nos comprometemos a ser canales de la gracia de Dios para los “desgraciados” de nuestras comunidades; al besar la cruz asumimos la tarea de colaborar en el embellecimiento de nuestro mundo viviendo la solidaridad entre pobres y con los pobres.

29 de marzo de 2013

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