Homilía para el Jueves Santo 2019

Como Jesús, el esclavo
Hoy, Jueves Santo, celebramos la institución de la Eucaristía y el mandamiento nuevo del amor. Con esta celebración vespertina renovamos este doble don, dado por Jesús durante la Última Cena, primero con el gesto del lavatorio de los pies y, luego, con la recepción y adoración del Cuerpo y la Sangre de Jesús.

Como Jesús, el esclavo

Textos: Ex 12, 1-8. 11-14; 1 Cor 11, 23-26; Jn 13 1-15

Hoy, Jueves Santo, celebramos la institución de la Eucaristía y el mandamiento nuevo del amor. Con esta celebración vespertina renovamos este doble don, dado por Jesús durante la Última Cena, primero con el gesto del lavatorio de los pies y, luego, con la recepción y adoración del Cuerpo y la Sangre de Jesús.

Jesús se puso a lavar los pies de sus discípulos, como escuchamos en la narración del Evangelio. Lavar los pies no era tarea de los señores, ni de los maestros, ni de los grandes, sino de los esclavos y las mujeres. Los esclavos no se pertenecían a sí mismos ni tenían que decidir, sino que eran propiedad de otros y solamente obedecían a sus dueños. Las mujeres no tenían voz ni voto; su papel era solamente el de tener hijos y educarlos, atender al marido y hacer los quehaceres de la casa.

Lo que hizo Jesús al lavar los pies a sus amigos, cambió radicalmente la identidad y la vida de sus discípulos. Pedro se resistía a que su Señor le hiciera una tarea de esclavo. Por eso puso trabas para que le lavara los pies. No comprendía cómo iba a hacer semejante cosa. No estaba en su imaginario. Él sabía que los señores tienen que ser servidos, atendidos, no ponerse a servir como lo estaba haciendo Jesús. Yo creo que lo mismo le pasaba a los demás. Estaban, pues, sorprendidos.

Jesús asumió la condición de esclavo como parte de su identidad y de su estilo de vida. No sirvió sólo allí en la Última Cena sino a lo largo de toda su vida. ¿Cuántas veces ayudó a enfermos, sirvió a los pobres, atendió a los hambrientos? Varias veces se llamó a sí mismo esclavo. Podemos recordar el pleito entre sus discípulos sobre quién era el mayor de ellos. Y Jesús, para corregirlos e indicarles el camino, les dijo que el que quisiera ser el primero tenía que hacerse el servidor y el esclavo de todos, a ejemplo suyo (Mc 10, 44). Al terminar de lavarles los pies, les dijo que si Él, que era el Maestro y el Señor había realizado una tarea de esclavo, también ellos deberían hacer lo mismo. De la misma manera, nosotros debemos asumir la condición de esclavos, como Jesús.

El servicio es condición y compromiso para la celebración de la Eucaristía. Jesús primero se puso a servir a sus discípulos como el último de todos y después partió y les repartió el pan y les compartió el cáliz. Al dárselos, dijo que eran su cuerpo que se entregaba por ellos y por todos, y su sangre que sellaba la nueva alianza; y les pidió que lo hicieran en memoria suya. Para asistir a Misa, necesitamos primero vivir el servicio a los demás; después de la Eucaristía, tenemos que ir a servir en la comunidad y la sociedad, sobre todo a los pobres, a los últimos, a los descartados. Sólo así, sirviendo como esclavos y haciéndolo libremente por opción, hacemos memoria de Jesús; sólo así proclamamos la muerte del Señor, mientras llega su segunda venida.

El ejemplo de servicio nos lo ofrece Jesús. ¿Por qué no tomar la decisión de servir como parte de nuestro estilo de vida? No pongamos trabas para servir a los demás gratuitamente, sin esperar recompensas ni agradecimientos. Con esta Eucaristía renovemos nuestro compromiso, como discípulos y discípulas de Jesús, de ser esclavos de los demás; renovemos el compromiso de ser, como parroquia, comunidad servidora de los pobres. Pongamos a los pobres en el centro de nuestro caminar pastoral.

Esta será la base para celebrar con fidelidad la Eucaristía, especialmente la de los domingos. Dispongámonos a vivir y agradecer este doble regalo de Jesús para nosotros.

18 de abril de 2019

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *