Homilía para el domingo de Pentecostés 2020 (31 de mayo)

Instrumentos del Espíritu para la misión
Los textos bíblicos que se acaban de proclamar nos ayudan a reconocer, valorar y agradecer el don del Espíritu Santo, que Jesús resucitado y el Padre comunicaron a los discípulos y discípulas para que salieran a la misión. También es una buena oportunidad que se nos presenta para renovar nuestro compromiso bautismal de ser discípulos misioneros. En esta Eucaristía dominical vivimos esta doble dimensión de gratitud y compromiso y la alimentamos con la Comunión.

Instrumentos del Espíritu para la misión

Textos: Hch 2, 1-11; 1 Cor 12, 3-7. 12-13; Jn 20, 19-23

Los textos bíblicos que se acaban de proclamar nos ayudan a reconocer, valorar y agradecer el don del Espíritu Santo, que Jesús resucitado y el Padre comunicaron a los discípulos y discípulas para que salieran a la misión. También es una buena oportunidad que se nos presenta para renovar nuestro compromiso bautismal de ser discípulos misioneros. En esta Eucaristía dominical vivimos esta doble dimensión de gratitud y compromiso y la alimentamos con la Comunión.

El Espíritu es un don del Padre y del Hijo. El día de la Resurrección por la tarde, en el primer encuentro dominical del Resucitado con sus discípulos y discípulas, Jesús les comunicó el Espíritu Santo sin que ellos lo pidieran. El signo, junto con sus palabras, fue el soplo sobre ellos. Les acababa de decir que los enviaba a la misión de la misma manera que Él había sido enviado por el Padre. Para eso les regaló su Espíritu. Jesús tenía la conciencia de haber sido enviado como misionero por su Padre y a eso había dedicado toda su vida. Él era el apóstol de Dios; apóstol significa enviado. Él era el misionero del Padre; misionero significa enviado a una misión. Esa conciencia la llevó toda su vida y se la agradecemos a Dios. Esa conciencia, aunque lo sabemos, no siempre la tenemos los bautizados y, por lo tanto, difícilmente vivimos como misioneros a plenitud. Más bien ponemos resistencia y buscamos la manera de justificar que no asumimos nuestro compromiso misionero.

En Pentecostés se reafirmó este don del Espíritu, experimentado por la comunidad de discípulos y discípulas de Jesús el día de la Resurrección. Ese día estaban encerrados por miedo a los judíos, como narra el evangelista. En Pentecostés, también estaban encerrados, pero en oración a la espera de que se cumpliera la promesa que Jesús les había hecho de enviarles la fortaleza para que salieran a ser sus testigos hasta los últimos rincones del mundo. El Espíritu llegó con fuerza sobre la comunidad; los signos que expresaron esa fuerza fueron el viento, el ruido, el fuego y las primeras palabras de los recién bautizados con el Espíritu de Jesús. Ellos proclamaron las maravillas de Dios.

El Espíritu se recibe como regalo para salir a la misión, para vivir como apóstoles, para dar testimonio del Resucitado. Este don se lo agradecemos a Dios con nuestra Eucaristía de hoy domingo.

Nosotros personalmente lo recibimos en el Bautismo. Allí nos llenó de su fuerza para que, conforme podamos, vayamos realizando la misión de anunciar el Evangelio por todo el mundo. El Espíritu va impulsando a la misión, pero necesitamos ponernos a su servicio, como instrumentos suyos, para que el Evangelio sea anunciado. Este es el sentido de la Confirmación, sacramento en el cual expresamos por propia voz que nos comprometemos a ser testigos de Jesús, a convertirnos en apóstoles, a realizarnos como misioneros. Jesús nos envió, así como Él fue enviado por su Padre.

El Espíritu actúa en las personas, como dice san Pablo. Da dones, anima los servicios, impulsa las actividades, hace que cada quien trabaje por el bien común, armoniza a todos y todas como un cuerpo para vivir la comunión. Con su fuerza impulsa a trabajar por el bien común de la comunidad y la sociedad, a colaborar a la armonía en la creación, a hacer que acontezca el Reino de Dios en el mundo. Nosotros necesitamos dejar que actúe en nuestra persona y en nuestros barrios y parroquia, para que su acción se experimente en la vida de la comunidad. Por eso, hoy, domingo de Pentecostés, renovamos nuestro compromiso de vivir al servicio de la misión como instrumentos del Espíritu Santo. Eso se lo hemos suplicado en la secuencia, se lo pediremos con la oración universal y la plegaria eucarística, y lo renovaremos con la Comunión. Reconociendo, valorando y agradeciendo el don del Espíritu, dispongámonos a recibir a Jesús de manera sacramental.

31 de mayo de 2020

1 pensamiento sobre “Homilía para el domingo de Pentecostés 2020 (31 de mayo)

  1. Es un excelente día para vivir el día de Pentecostés que significa, cincuenta días.que Jesús resucitó y subió al cielo y envío atravez del padre al ESPÍRITU SANTO.que desde que me acuerdo siempre que nos persignamos,decimos en el nombre del PADRE del HIJO y del ESPÍRITU SANTO.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *