Homilía para el domingo de Pentecostés 2017

El Espíritu es para la misión

Pentecostés A 17

Este domingo celebramos la fiesta del comienzo de la Iglesia, llamada Pentecostés. La Iglesia es misionera por naturaleza y desde su origen, como acabamos de escuchar. Al recibir el Espíritu Santo, los discípulos y discípulas –ahí estaba la Virgen María– comenzaron a predicar el evangelio, a anunciar el Reino de Dios, a proclamar las maravillas de Dios, como narra el libro de los Hechos de los Apóstoles. La reflexión sobre nuestra condición misionera nos ayudará a prepararnos para recibir sacramentalmente a Jesús en el momento de la Comunión.

El Espíritu es para la misión

Textos: Hch 2, 1-11; 1 Cor 12, 3-7. 12-13; Jn 20, 19-23.

Pentecostés A 17

Este domingo celebramos la fiesta del comienzo de la Iglesia, llamada Pentecostés. La Iglesia es misionera por naturaleza y desde su origen, como acabamos de escuchar. Al recibir el Espíritu Santo, los discípulos y discípulas –ahí estaba la Virgen María– comenzaron a predicar el evangelio, a anunciar el Reino de Dios, a proclamar las maravillas de Dios, como narra el libro de los Hechos de los Apóstoles. La reflexión sobre nuestra condición misionera nos ayudará a prepararnos para recibir sacramentalmente a Jesús en el momento de la Comunión.

Es interesante lo que sucedió con quienes recibieron el Espíritu Santo: todos comenzaron a hablar del evangelio y todos los entendían, cada quien en su propio idioma. Era la fiesta judía de Pentecostés, llamada también de las Semanas. Después de pasar siete semanas, los judíos que vivían dispersos en muchos países se reunían en Jerusalén para esta fiesta. Por eso había gente de muchos lados. Lo interesante era que todos comprendían la predicación de los apóstoles. La Iglesia inició al comenzar la predicación del mensaje de Jesús y del Reino, impulsados por el Espíritu Santo. Con la Eucaristía de hoy damos gracias a Dios por el don del Espíritu.

Jesús ya se lo había comunicado a sus discípulos la tarde de la Resurrección, como escuchamos en el texto del evangelio. Ellos estaban encerrados por miedo a los judíos y allí se hizo presente Jesús resucitado. Después de saludarlos deseándoles la paz, los envió a la misión como Él había sido enviado por el Padre; sopló sobre ellos y les dijo que recibieran el Espíritu Santo. Quien recibe el Espíritu lo recibe para ir a la misión. En Pentecostés todos salieron a misionar.

El Espíritu aleja los miedos, abre las puertas, acaba con el encierro. Como Iglesia tenemos que salir del templo y de las reuniones de la comunidad a la misión. No es para que nos quedemos encerrados aquí, sino para ir a proclamar las maravillas de Dios por todos lados, comenzando en la propia familia, siguiendo en el barrio y llegando a los lugares de trabajo y a la sociedad. No hay que tener miedo ni flojera a la salida; no esperemos que la gente venga. A nosotros nos toca ir a donde vive la gente, a donde hay sufrimiento, dolor, angustia, a donde se hace la vida.

En el Bautismo todos y todas recibimos ese mismo Espíritu. Le damos gracias a Dios por este regalo. Pero también le pedimos que hagamos realidad el hecho de haber sido bautizados y colmados por esta fuerza, que en la Biblia aparece como aliento, fuego, viento, trueno. Si quedamos llenos de su fuerza, los bautizados debemos salir a la misión. Hay que ser espirituales, es decir, dejar que el Espíritu nos conduzca en la proclamación del evangelio, en la construcción del Reino de Dios, en la respuesta a las necesidades, en la atención a los que sufren.

En la práctica son muy pocas personas las que dan un servicio en la comunidad, siendo que la totalidad de los bautizados recibimos al Espíritu Santo. Hacen falta más servidores laicos, más ministros laicos, más agentes de pastoral laicos. El Espíritu da sus dones, hace nacer servicios, impulsa actividades para la misión, como dice la Carta a los Corintios. Y los hace brotar de la vida de la comunidad para el bien de la misma comunidad, para vivir como hermanos y para ser una comunidad misionera. Pidamos a Dios que haya más personas dispuestas a colaborar en la misión de la Iglesia. Ojalá que entre los participantes en esta Eucaristía haya muchos que se decidan a servir en su barrio. Para esto recibiremos también la Comunión: para salir fortalecidos a la misión y construir la comunidad, para anunciar y hacer presente el Reino de Dios.

4 de junio de 2017

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