Homilía para el Domingo de Pascua 2017

Testigos de la Resurrección

Mujeres

Nos hemos convocado como Iglesia en el domingo más importante del año, el de la Pascua. Pascua significa paso. Dios pasó por la tumba para devolverle la vida a su Hijo, crucificado injustamente por los dirigentes judíos y las autoridades romanas. En los textos de la Palabra de Dios que se han proclamado nos encontramos con el testimonio que varios discípulos dieron de la Resurrección de Jesús: María Magdalena, las otras mujeres, Pedro, Juan, Pablo, Cleofás y su acompañante, los Once y sus compañeros. Todos ellos dieron testimonio de su encuentro con el Resucitado, testimonio que llevaba detrás un proceso de fe: desde no creer que ya no estaba en la tumba hasta sostener que sí había resucitado, a pesar de la incredulidad de quienes los escuchaban. El momento que cambió su vida fue el encuentro que todos ellos vivieron con Jesús.

Testigos de la Resurrección

Textos: Hch 10, 34. 37-43; Col 3, 1-4; Mt 28, 1-10; Jn 20, 1-9; Lc 24, 13-35

 

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Nos hemos convocado como Iglesia en el domingo más importante del año, el de la Pascua. Pascua significa paso. Dios pasó por la tumba para devolverle la vida a su Hijo, crucificado injustamente por los dirigentes judíos y las autoridades romanas. En los textos de la Palabra de Dios que se han proclamado nos encontramos con el testimonio que varios discípulos dieron de la Resurrección de Jesús: María Magdalena, las otras mujeres, Pedro, Juan, Pablo, Cleofás y su acompañante, los Once y sus compañeros. Todos ellos dieron testimonio de su encuentro con el Resucitado, testimonio que llevaba detrás un proceso de fe: desde no creer que ya no estaba en la tumba hasta sostener que sí había resucitado, a pesar de la incredulidad de quienes los escuchaban. El momento que cambió su vida fue el encuentro que todos ellos vivieron con Jesús.

Hoy como cada ocho días tenemos la oportunidad de encontrarnos con el Resucitado. También debemos cambiar nuestra vida y convertirnos en testigos de su Resurrección. Este es el gran desafío para quienes participamos domingo a domingo en la celebración Eucarística. Nos reunimos en su nombre, escuchamos su Palabra, comemos su Cuerpo y su Sangre, todo para salir a dar testimonio de Él. Este es el sentido de la Misa: hay que prolongarla durante la semana en la vida de la familia, la comunidad, el trabajo, la sociedad, el cuidado de la Creación.

Para dar testimonio de Jesús, es necesario estar convencidos de su Resurrección. Para los primeros discípulos no fue fácil aceptar que había resucitado, hasta que se encontraron con Él. Pero una vez que se convencieron, nada los detuvo en su testimonio, ni la muerte a que fueron condenados varios de ellos. Su muerte fue el testimonio más grande y claro de que estaban convencidos de que Jesús de Nazaret, el que había sido crucificado, había resucitado. Fue la noticia que corrió aquel primer día de la semana.

¿Por qué será que a nosotros nos cuesta trabajo convencernos de nuestro compromiso misionero? Sabemos que Jesús resucitó. Lo confesaremos en el Credo. Pero entre decir que creemos que al tercer día resucitó y dar testimonio con toda nuestra vida, hay una distancia muy grande. No siempre coincide lo que decimos con lo que hacemos. Y nosotros nos encontramos semanalmente con Él; algunos también durante la semana en otros encuentros comunitarios en los barrios. Hoy es un día especial para renovar nuestro compromiso de ser testigos de la Resurrección de Jesús.

Tenemos el campo amplio de las familias de nuestra comunidad parroquial para vivir como testigos del Resucitado. En las reflexiones cuaresmales aclaramos que la comunidad –el barrio– es responsable de las familias que lo integran, sobre todo de las que sufren por enfermedades, violencia, pobreza, separaciones, exclusión. A ellas tenemos que transmitirles la vida nueva que Jesús nos ofrece con su Resurrección. Pedro nos da ejemplo. El testimonio que dio de lo que Jesús dijo e hizo, de que lo mataron y resucitó, de que los había enviado a la misión, lo dio en casa de Cornelio, un centurión romano. Toda su familia terminó creyendo en Jesús y recibieron el bautismo para ir luego a dar testimonio del mismo Jesús.

Pidamos a Dios que nosotros, después de encontrarnos con su Hijo resucitado, vayamos a ser testigos suyos entre las familias de nuestra comunidad parroquial. Que logremos que el Evangelio penetre en todas y cada una de ellas, que se encuentren con el Resucitado, para que también se conviertan en testigos suyos, como los testimonios que hoy nos ofrece su Palabra.

16 de abril de 2017

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