Homilía para el Domingo de Pascua 2016

La misericordia del Padre con Jesús

Pascua1 C 16

Ya desde anoche culminamos el recorrido de la Cuaresma. Con los cuarenta días nos preparamos para la Pascua de Jesús, para llegar bien dispuestos a la celebración de su Resurrección. Con la Eucaristía de este domingo agradecemos a Dios el don de la Resurrección que le concedió a su Hijo. Podemos decir que el Padre fue misericordioso de manera especial para con Jesús, porque lo libró de las ataduras de la muerte y le dio la vida que ya nunca se acabará.

La misericordia del Padre con Jesús

Textos: Hch 10, 34. 37-43; Col 3, 1-4; 1 Cor 5, 6-8; Jn 20, 1-9; Lc 24, 1-35.

Pascua1 C 16

Ya desde anoche culminamos el recorrido de la Cuaresma. Con los cuarenta días nos preparamos para la Pascua de Jesús, para llegar bien dispuestos a la celebración de su Resurrección. Con la Eucaristía de este domingo agradecemos a Dios el don de la Resurrección que le concedió a su Hijo. Podemos decir que el Padre fue misericordioso de manera especial para con Jesús, porque lo libró de las ataduras de la muerte y le dio la vida que ya nunca se acabará.

Parecía que Dios guardaba silencio y quedaba mudo ante el juicio amañado que le hicieron a Jesús y la injusta condena a muerte que le decretaron, que no respondía por el cuerpo despedazado y sepultado de su Hijo. Sus discípulos quedaron tristes, derrotados, sin esperanza. Las mujeres iban a embalsamar el cuerpo de Jesús, los discípulos de Emaús regresaban tristes a su pueblo, todos estaban con la pena encima. Sin embargo, Dios tuvo la última palabra.

Así como Jesús había sido misericordioso para con los enfermos, pecadores, hambrientos, muertos, así su Padre fue misericordioso con Él. No lo dejó en la tumba sino que le devolvió la vida. ¿Qué signo más grande puede haber de misericordia para con alguien que devolverle la vida? Y no sólo lo revivió para que volviera a morir sino que lo resucitó para ya no morir. Esto nos da esperanza a todos los humanos, redimidos por la Muerte y Resurrección de Jesús.

Las mujeres fueron las primeras en enterarse de la noticia de su Resurrección y la comunicaron, aunque María Magdalena pensó que se lo habían llevado del sepulcro. Esto provocó que los demás fueran al sepulcro a comprobar el dato y a comenzar, unos a creer, como el otro discípulo de que habla san Juan, y otros a no saber qué decir o hacer. Poco a poco Jesús comenzó a dejarse encontrar por sus discípulos y discípulas, a consolarlos y a reanimarlos en su vida.

El encuentro con el Resucitado cambió la vida de ellos. Esto es importante para nosotros que ordinariamente nos encontramos con Él los domingos. Hay que tener en cuenta que no fue un cambio intimista que quedó en el gusto de haberlo visto y oído sino que se convirtió en testimonio vivo y creíble de Jesús. Escuchamos en la primera lectura el testimonio de Pedro. No le dio miedo hablar de Jesús de Nazaret al que mataron en la cruz y al que Dios resucitó.

La Resurrección de Jesús trajo una vida nueva para sus discípulos y para el mundo entero. Lo primero fue reconocer que esto era el cumplimiento de las promesas hechas por Dios desde el Antiguo Testamento. Luego, el encuentro personal y comunitario con Él, como el de los discípulos de Emaús. Finalmente el anuncio de su Resurrección, de que lo escucharon, que comieron y bebieron con Él, que fueron enviados a predicar y dar testimonio de la misericordia de Dios.

Hoy vivimos un encuentro con el mismo Resucitado. La escucha de la Palabra y la participación en la Mesa del Señor nos comprometen a salir de aquí a dar testimonio de la vida nueva que nos ofrece con su Resurrección. En medio de la pobreza, las situaciones de violencia, la destrucción de la Creación, la ruptura de relaciones entre personas y pueblos, tenemos la obligación de anunciar la vida nueva, la alegría, la esperanza que nos da su Resurrección.

Vayamos, pues, convencidos como las mujeres, como Pedro y el otro discípulo, como los discípulos de Emaús a comunicar la Buena Noticia de la Resurrección. Que nuestras palabras y nuestro modo de vivir, personal y comunitario, convenzan a los demás de ir a encontrarse con Jesús. Preparémonos para recibir al Resucitado en la Comunión y salir a dar testimonio de lo misericordioso que fue el Padre Dios con su Hijo y de la esperanza que nos da su Resurrección.

27 de marzo de 2016

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *