Homilía para el domingo de la Santísima Trinidad 2016

Familia unida y misericordiosa

Santísima Trinidad C 16

Estamos celebrando la fiesta de la Santísima Trinidad, es decir, a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo en su dimensión de comunidad y de familia. Con la Eucaristía de este domingo le agradecemos todo lo que ha hecho por nosotros, todo lo que nos ha manifestado en Jesús, todo lo que nos ha dado para cumplir la misión que tenemos como Iglesia. Dios es el modelo de vida para nuestras familias y comunidades, que están llamadas a vivir unidas y a ser misericordiosas.

Familia unida y misericordiosa

Textos: Prov 8, 22-31; Rm 5, 1-5; Jn 16, 12-15.

Santísima Trinidad C 16

Estamos celebrando la fiesta de la Santísima Trinidad, es decir, a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo en su dimensión de comunidad y de familia. Con la Eucaristía de este domingo le agradecemos todo lo que ha hecho por nosotros, todo lo que nos ha manifestado en Jesús, todo lo que nos ha dado para cumplir la misión que tenemos como Iglesia. Dios es el modelo de vida para nuestras familias y comunidades, que están llamadas a vivir unidas y a ser misericordiosas.

Dios no sólo es una Familia sino que es la Familia perfecta, no sólo es una Comunidad sino que es la Comunidad perfecta. La comunión que existe entre las tres Personas nos la muestra Jesús. Lo acabamos de escuchar en el texto del Evangelio: habla bien del Espíritu Santo y del Padre, lo que nos comunica el Espíritu viene del Padre y del Hijo, lo que el Padre nos da lo toma del Hijo y de su Espíritu. No se ven divisiones ni pleitos entre ellos, aunque sean distintos.

Podemos decir que Dios es una Familia unida porque vive la comunión entre los Tres. Cada quien realiza su función y la comunica a los otros dos. Estar en comunión no significa que todos hagan lo mismo, piensen igual o estén uniformados. La comunión consiste en tener un proyecto en común, trabajar y luchar todos por lo mismo, aportando lo que cada quien es y tiene. Así es Dios y así tenemos que ser nosotros, en nuestras familias y en nuestras comunidades.

A pesar de que últimamente se ha estado diversificando el modo de ser familia, cada quien tiene la suya. En unas hay papá, mamá e hijos; en otras está solo la mamá o solo el papá con sus hijos; en otras, los esposos, o uno de los dos, fracasaron en su anterior matrimonio y han formado una nueva familia, llevándose a sus hijos; en otras, los hijos están con los abuelitos; otras se han configurado de otros modos. Hoy damos gracias a Dios por nuestra familia.

El desafío para todas es vivir la comunión y el modelo lo tenemos en Dios. La comunión no se hace sola, a pesar de ser un don de Dios. La comunión se va construyendo y hay que aprender a vivirla, de modo que cada familia se parezca a la Familia divina. En la familia hay varios miembros. Para esto se necesita tener un proyecto en común, comenzando con los esposos; luchar por lo mismo, poniendo en común el modo de ser y de pensar, dialogando y ayudándose.

Dios, además, es Misericordioso. Nos creó por amor y se goza en convivir con nosotros, sus hijos, como dice el libro de los Proverbios. Sin merecerlo, nos metió en el mundo de la gracia, nos dio al Espíritu Santo e infundió el amor en nuestros corazones, como expresa la Carta a los Romanos. Nos sigue acompañando con su Espíritu en la misión que Jesús nos dejó: ir por todo el mundo a ser sus testigos. Todos estos son signos de la misericordia de Dios por nosotros.

Además de vivir la comunión debemos ser misericordiosos en nuestras familias. Este es otro desafío que tenemos, por haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. La misericordia es vivir en el amor, yendo los esposos por delante, o sea, valorándose, escuchándose, ayudándose, buscando la felicidad y evitando el mal del otro, sosteniéndose en las crisis. Esto es a lo interno de la familia, pero también se ocupa vivir la misericordia con los pobres y enfermos del barrio.

Pidamos al Señor que en cada una de nuestras familias nos esforcemos por vivir en el amor la armonía, la comunión. Pidamos que cada familia, independientemente del modo en que esté conformada, por su estilo de vida se convierta en imagen y semejanza de Dios, que es Familia y Comunidad unida y misericordiosa. Dispongámonos a recibir la Comunión sacramental, que nos fortalece para seguir en la lucha diaria por construir la comunión y la misericordia en la familia.

22 de mayo de 2016

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *