Homilía para el domingo de la Dedicación de Letrán 2014

Templos sagrados

Dedicación Letrán A 14

Estamos reunidos como Iglesia para la Eucaristía dominical. Hoy celebramos la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, que es la Catedral del Papa; nos unimos a la vida y misión del Papa Francisco, quien tiene el ministerio de ayudar a la comunión entre todas las Iglesias del mundo. Los textos bíblicos nos preparan para el encuentro sacramental con Jesús, con lo que se confirma nuestra condición de templos de Dios y se renueva nuestro compromiso de cuidarlos.

Templos sagrados

Textos: Ez 47, 1-2. 8-9. 12; 1 Cor 3, 9-11. 16-17; Jn 2, 13-22.

Dedicación Letrán A 14

Estamos reunidos como Iglesia para la Eucaristía dominical. Hoy celebramos la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, que es la Catedral del Papa; nos unimos a la vida y misión del Papa Francisco, quien tiene el ministerio de ayudar a la comunión entre todas las Iglesias del mundo. Los textos bíblicos nos preparan para el encuentro sacramental con Jesús, con lo que se confirma nuestra condición de templos de Dios y se renueva nuestro compromiso de cuidarlos.

Los templos son sagrados, porque dentro de ellos se da el encuentro entre Dios y su pueblo: ambos se comunican, se escuchan, renuevan compromisos de fidelidad mutua; al final Dios se queda con su pueblo y el pueblo se lleva consigo a Dios. Por eso, cuando Jesús llegó al templo de Jerusalén sintió mucho coraje, porque lo que estaba pasando ahí era precisamente todo lo contrario: había negocios, se vendía y compraba, se cambiaban monedas.

Jesús echó fuera a los vendedores y a los cambistas porque habían transformado la casa de su Padre en un mercado. Lo central estaba en el negocio, la ganancia, el enriquecimiento, todo con el pretexto del templo y la fiesta de la Pascua, que ya estaba cercana. Los judíos le pidieron una explicación de su reacción, sus gestos y sus hechos, porque según ellos estaba profanando el templo. Con la respuesta que les dio, Jesús dejó claro que a partir de Él hay un templo nuevo.

Como razón de su decisión de echar fuera a los comerciantes, les pidió que destruyeran el templo y Él en tres días lo reconstruiría. Dice san Juan que se refería al templo de su cuerpo. Ciertamente lo despedazaron en la cruz y al tercer día resucitó. Entonces el lugar sagrado donde se dará el encuentro entre Dios y su pueblo, es el mismo Jesús: en Él Dios nos habla y nos escucha, en Él se renueva la alianza de amor mutuo, en Él Dios sigue en la vida de su pueblo.

Por el Bautismo nosotros participamos de esta realidad. Como nos recuerda san Pablo en la segunda lectura que se proclamó, nosotros somos el templo de Dios. Desde el Bautismo, el Espíritu Santo comenzó a habitar en cada uno de nosotros. De esta presencia suya nos viene lo sagrado. Esto quiere decir que somos el lugar donde se tiene que vivir el encuentro entre Dios y su pueblo y, además, que tenemos la obligación de valorar y respetar a todas las personas.

En la vida ordinaria nos gusta ser valorados, respetados, cuidados, y nos disgusta que nos maltraten, nos ofendan, nos agredan. Tenemos derecho al respeto por ser personas, pero también porque Jesús, con su muerte en la cruz, elevó a todos los humanos a la condición de templos donde Dios habita. Nosotros, miembros de la Iglesia, con mucha mayor razón tenemos que valorarnos y agradecer a Dios nuestra condición de templos sagrados.

Al mismo tiempo, se nos plantea la pregunta sobre el modo en que estamos relacionándonos con las demás personas, si las valoramos y cuidamos, si garantizamos su integridad o, por el contrario, las despreciamos y maltratamos. Nadie tiene derecho a despreciar, agredir, maltratar, golpear a nadie, dado que cada persona es un templo sagrado de Dios. Nadie debe hacer bullying a nadie, nadie debe secuestrar o quitar la vida a nadie, nadie debe abusar del pobre.

Con la Eucaristía de este domingo agradecemos a Dios la muerte y resurrección de Jesús, su Hijo, es decir, su destrucción en la cruz y su reconstrucción desde el sepulcro. Agradecemos también que Dios habita en todos los humanos, gracias a la muerte y resurrección de Jesús. Le damos gracias porque por el Bautismo somos templos de su Espíritu. Con la Comunión, Jesús seguirá habitando en nosotros y renovamos nuestro compromiso de valorar y cuidar a todos.

9 de noviembre de 2014

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