El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el domingo de la Ascensión del Señor 2018

La misma misión y la misma Fuerza

Textos: Hch 1, 1-11; Ef 4, 1-13; Mc 16, 15-20

Ascensión B 18

Los textos bíblicos nos dan testimonio del acontecimiento que celebramos este domingo: la Ascensión de Jesús. Después de haber realizado su misión sobre la tierra, Jesús volvió al Padre. Pero antes de regresar, encomendó su misión a los apóstoles y les prometió la Fuerza para realizarla. Su misión fue anunciar con su predicación el Reino de Dios y hacerlo presente con sus hechos en el mundo; y el Espíritu Santo fue la Fuerza con la que realizó esa misión hasta su muerte en la cruz; este mismo Espíritu fue el que lo resucitó al tercer día.

Jesús envió a sus discípulos a ir por todo el mundo y predicar el Evangelio. Esa es la misión de la Iglesia, eso es lo que tenemos que realizar todos los bautizados; para eso existe la Iglesia y para eso mismo fuimos bautizados. Hay que ir a todos los rincones de la tierra; nosotros somos responsables de llegar a todas las familias de nuestra comunidad parroquial con el anuncio del Evangelio. Y no debemos anunciarlo solo a las personas sino también a todas las creaturas.

La Fuerza para realizar la misión es el Espíritu Santo. Jesús les dijo que permanecieran en Jerusalén hasta que descendiera sobre ellos, lo recibieran, fueran bautizados con Él. Jesús lo recibió al salir del Jordán, después de ser bautizado por Juan; como Iglesia lo recibimos el día de Pentecostés y personalmente en el momento de ser bautizados. El próximo domingo celebraremos su venida. Es el único Espíritu de que habla Pablo.

Nuestra tarea es dar testimonio de Jesús asistidos por su Espíritu. Nos pidió ser sus testigos hasta los últimos rincones de la tierra. El testimonio debe ser de manera personal y comunitaria. De esto nos habla san Pablo. Nos pide llevar una vida digna de discípulos y discípulas de Jesús. Primeramente pide que seamos humildes, amables, comprensivos, tolerantes unos con los otros, que nos mantengamos unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz. Viviendo de esta manera todos y todas en la familia, en el barrio, en la comunidad, en nuestros lugares de trabajo, daremos testimonio de Jesús. A eso estamos llamados. Hay que revisar cómo anda nuestra vida. Preguntémonos: ¿somos humildes, amables, comprensivos, tolerantes, unidos, pacíficos?

Otra manera de dar testimonio de Jesús es con los servicios y ministerios en la comunidad. A todos se nos dio el Espíritu Santo –esa es la gracia de que habla Pablo– para colaborar en la misión y en la construcción de la comunidad. Allí menciona varios de los servicios que había en las primeras comunidades: apóstoles, profetas, evangelizadores, pastores, maestros; hoy se ocupan muchos otros servicios y ministerios para el anuncio del Evangelio, para construir la comunidad, para lograr una vida digna para todos y todas, para hacer presente el Reino de Dios. ¿Cuántos servicios hay para la misión en nuestros barrios? Bien pocos. ¿Y cuántas personas están comprometidas a realizar esos servicios? Muy pocas también. Aquí tenemos una deuda con el Señor.

Así es que no debemos quedarnos aquí, conformándonos con haber participado en la celebración de la Eucaristía y haber recibido sacramentalmente a Jesús en la Comunión. A nosotros también se nos pregunta qué hacemos aquí parados, mirando al cielo. Tenemos que salir a la misión. Ese es el sentido de recibir la Comunión. Es el mismo Cuerpo sacramental el que recibimos, es el mismo Espíritu que descendió sobre Jesús y nosotros en el único Bautismo, es la misma misión a realizar, es el mismo Cuerpo comunitario el que tenemos que construir, es el mismo Reino que debemos anunciar y hacer presente, con la confianza de que el Señor actúa con nosotros.

13 de mayo de 2018

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