Homilía para el domingo de Epifanía 2015

Buscar y encontrar a Jesús

Epifanía B 15

Nos hemos reunido en este domingo para encontrarnos con el Señor Jesús. Es más, Él mismo nos convoca, se deja encontrar, nos llena de alegría, nos alimenta y nos envía a la misión. Hoy estamos celebrando la Epifanía del Señor, es decir, la manifestación de Dios hecho Niño, en el interior de un establo, acostado en un pesebre y envuelto en pañales. Así lo hallaron los magos de Oriente. Ellos lo buscaron y lo encontraron dejándose guiar por la estrella.

Buscar y encontrar a Jesús

Textos: Is 60, 1-6; Ef 3, 2-3. 5-6; Mt 2, 1-12.

Epifanía B 15

Nos hemos reunido en este domingo para encontrarnos con el Señor Jesús. Es más, Él mismo nos convoca, se deja encontrar, nos llena de alegría, nos alimenta y nos envía a la misión. Hoy estamos celebrando la Epifanía del Señor, es decir, la manifestación de Dios hecho Niño, en el interior de un establo, acostado en un pesebre y envuelto en pañales. Así lo hallaron los magos de Oriente. Ellos lo buscaron y lo encontraron dejándose guiar por la estrella.

Los magos representan a todos los pueblos de la tierra. Ellos hicieron realidad las profecías del Antiguo Testamento. Una de ellas la escuchamos en la primera lectura: los reyes y pueblos caminarán siguiendo la luz que resplandece desde Jerusalén, todos se reunirán a su alrededor, muchos vendrán de lejos, sus corazones se llenarán de alegría, le presentarán sus riquezas, alabarán al Señor. Fue exactamente lo que vivieron los magos al caminar y llegar frente al Niño.

El fruto de este encuentro –y de todo el proyecto salvador de Dios– es que los paganos participan de la misma herencia de quienes son originalmente el pueblo de Dios. La salvación no está restringida a un pueblo, más bien se abre a todas las naciones; la pertenencia al pueblo de Dios no es propiedad de los israelitas sino que es una realidad para las personas de cualquier pueblo, cultura y religión; la promesa de salvación y la vida del Reino son para la humanidad.

Para que esto sucediera y siga aconteciendo es fundamental el encuentro con Jesús. Los magos, al darse cuenta de su nacimiento, fueron a buscarlo, se dejaron guiar y preguntaron por Él hasta encontrarlo. Este es el proceso necesario para entrar en la vida del Reino de Dios. Los pueblos, las comunidades, las familias, las personas, tienen que encontrarse con Jesús, experimentar la alegría de estar con Él y regresar a la propia comunidad a dar testimonio de Él.

Nosotros, los miembros de la Iglesia, no debemos sentirnos ya salvados por haber recibido el Bautismo. Es necesario hacer toda la vida el mismo proceso de los magos. Jesús se sigue manifestando y se deja encontrar; pero hay que hacer el recorrido hasta llegar a donde se encuentra. O sea que tenemos que salir de nuestras comodidades, buscarlo, preguntar por Él, dejarnos guiar en la vida, experimentar la alegría de estar en su presencia, hablar de Él a los demás.

Si nos fijamos bien, la gran mayoría de los bautizados no tiene esta experiencia. Podemos decir que permanecen paganos, que son bautizados paganos. Quizá tengan el Bautismo, hayan hecho su Primera Comunión, estén confirmados, se confiesen de vez en cuando, sobre todo para ser padrinos o llevar a los hijos a algún sacramento, pero no están viviendo el encuentro con Jesús, que es lo central en nuestra religión. Esta es una alerta para todos nosotros.

Tenemos que hacer permanentemente la experiencia central de nuestra fe, es decir, encontrarnos con Jesús. Si no la vivimos, ¿qué les vamos a ofrecer a los demás como misioneros? ¿Qué les van a ofrecer los papás a sus hijos? ¿Qué vamos a ofrecer los sacerdotes a las comunidades que se nos han confiado? ¿Qué van a ofrecerles a su comunidad los consagrados? Hay muchas personas en la comunidad que nos sirven de estrella en la búsqueda de Jesús.

Con esta Eucaristía agradezcamos a Dios el don de su Hijo que, en la pequeñez de un Niño, se manifestó a todos los pueblos de la tierra para ofrecerles la salvación. Pidamos la asistencia de su Espíritu para dejar de ser paganos y permitir que nos conduzca en nuestra vida, nos ayude a buscar y encontrar a Jesús para dar testimonio de Él. Dispongamos nuestro corazón para vivir el encuentro dominical con Jesús, que se hace presente y se manifiesta en el Pan y el Vino.

4 de enero de 2015

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