Homilía para el domingo de Ascensión 2015

Ir por todo el mundo

Ascensión B 15

Este domingo nos encontramos nuevamente reunidos para la celebración de la Eucaristía. Hoy es la fiesta de la Ascensión del Señor, acontecimiento del que nos dan testimonio la primera lectura y el Evangelio que se acaban de proclamar. En la narración de san Marcos, la Ascensión de Jesús está ligada al encuentro que Él tuvo con sus discípulos la tarde de la Resurrección. Se les había aparecido cuando estaban a la mesa. Allí está ubicado el texto que escuchamos.

Ir por todo el mundo

Textos: Hch 1, 1-11; Ef 4, 1-13; Mc 16, 15-20.

Ascensión B 15

Este domingo nos encontramos nuevamente reunidos para la celebración de la Eucaristía. Hoy es la fiesta de la Ascensión del Señor, acontecimiento del que nos dan testimonio la primera lectura y el Evangelio que se acaban de proclamar. En la narración de san Marcos, la Ascensión de Jesús está ligada al encuentro que Él tuvo con sus discípulos la tarde de la Resurrección. Se les había aparecido cuando estaban a la mesa. Allí está ubicado el texto que escuchamos.

Ese fue el primer encuentro dominical de Jesús con los suyos, un encuentro que terminó con salida: Jesús salió de la tierra para subir al cielo y sentarse a la derecha de Dios, y sus discípulos salieron por todas partes para proclamar el Evangelio. Es lo mismo que debería suceder cada que nos reunimos con Jesús para celebrar la Eucaristía, especialmente la de los domingos. Al final de cada encuentro, Él nos envía para ir por todo el mundo a predicar el Evangelio.

Jesús no tenía por qué seguir en la tierra, pues su misión ya había terminado con su muerte en la cruz y su resurrección. Por eso, de aquel encuentro dominical salió para regresar con su Padre. Pero sus discípulos sí tenían que seguir, pues su misión apenas comenzaba. Por eso, Jesús, al terminar el encuentro dominical, los envió a realizar la misma misión que Él: anunciar el Evangelio por todo el mundo. Después de este mandato fue la salida de Él y de sus discípulos.

Para ir a la misión Jesús no los dejó solos. San Marcos dice que les dio el poder de realizar los mismos milagros que Él, es decir, expulsar demonios, hablar lenguas nuevas, curar enfermos. El autor de los Hechos dice que les prometió al Espíritu Santo. Confiados a esa doble fuerza, la de Jesús y la de su Espíritu, tendrían que ir a la misión. De hecho así sucedió, como narra Marcos: el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que realizaban.

Esta frase, que es el final del Evangelio de Marcos, describe la vida de la Iglesia, o sea, a nosotros. La Iglesia tiene en sus manos la misión de ir por todo el mundo, proclamar el Evangelio, expulsar el mal, curar enfermos, hacer presente el Reino de Dios. Para eso existe precisamente la Iglesia, para eso comulgamos. Como preparación a la Comunión sacramental, nos podemos preguntar si estamos realizando esa misión en nuestros barrios y colonias, en nuestra parroquia.

En general no se está cumpliendo la misión, ni personalmente ni como comunidad. ¿Cuántas son las personas que en nuestras comunidades están colaborando en el anuncio del Evangelio? Son contadas. ¿Cómo barrio, como parroquia, con toda nuestra vida de comunidad, estamos llegando a todas las familias y personas con el Evangelio? No. Esta es la tarea principal de la Iglesia y no la estamos realizando, por lo que tenemos una deuda pendiente con Jesús.

Este domingo se nos presenta la oportunidad de renovarnos en función de ser misioneros. A la luz de la Palabra reconocemos que, aunque estamos bautizados y participamos en la Misa de los domingos, no estamos cumpliendo la misión, por lo que tampoco estamos siendo la Iglesia de Jesús. Esto es grave. Con nuestra oración le pedimos a Dios que en la práctica seamos misioneros. Al comulgar sacramentalmente, nos fortalecemos para salir a la misión.

Agradezcamos al Señor la presencia de Jesús entre nosotros, la misión que realizó sobre la tierra y culminó con su muerte y resurrección, el envío de sus discípulos a la misión. Preparémonos para el encuentro sacramental con su Hijo. Renovemos la presencia y acción del Espíritu Santo en nuestra persona y comunidad. Que al final de este encuentro dominical en el que el Resucitado está entre nosotros, salgamos decididos a realizar la misión que Él nos encomendó.

17 de mayo de 2015

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