Homilía para el domingo 30 de mayo de 2021 (La Santísima Trinidad)

Antes de su Ascensión, Jesús envió a sus discípulos a la misión, prometiéndoles permanecer con ellos todo el tiempo. Les pidió tres cosas: hacer discípulos suyos, bautizarlos y enseñarles a cumplir sus mandamientos.

Hacer discípulos, bautizarlos y formarlos

Textos: Dt 4,32-34.39-40; Rm 8,14-17; Mt 28,16-20

Antes de su Ascensión, Jesús envió a sus discípulos a la misión, prometiéndoles permanecer con ellos todo el tiempo. Les pidió tres cosas: hacer discípulos suyos, bautizarlos y enseñarles a cumplir sus mandamientos. Este domingo, a la luz de la Palabra de Dios y con la Comunión sacramental, renovamos nuestro compromiso de continuar con esa misión.

Jesús realizó su misión obedeciendo a su Padre y dejándose conducir por el Espíritu Santo. Así la tenemos que realizar también nosotros; por eso, iniciamos esta celebración dominical en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y recibiremos la bendición del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, para regresar al anuncio del Evangelio.

Con el poder recibido de Dios y proyectado en la entrega de su vida al servicio del Reino, Jesús envió a sus discípulos como misioneros. Según lo que escuchamos en el evangelio, lo primero que tenemos que hacer es formar discípulos suyos. Esto significa que nuestro trabajo misionero debe estar orientado a que los demás se interesen por Jesús, lo conozcan, capten su manera de vivir, tomen conciencia de lo que pide, sepan que entregó su vida en la cruz, quieran hacer lo mismo y se decidan a vivir como Él. Lo importante es que tomen esta decisión de manera libre y quieran hacer su vida como Jesús y unidos a Él. Esto lo tendrían que asumir y expresar los que se confirman, pero acompañados por su comunidad. Es mucho lo que nos falta por trabajar en la parroquia para que esto suceda.

Quienes aclaran su decisión de seguir a Jesús como discípulos suyos, son quienes deberían pedir y recibir el Bautismo. Jesús pide bautizar después de que se le acepte como Maestro y modelo de vida. El bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo es para vivir como Jesús: como hijos obedientes al Padre y conducidos por su Espíritu.

De ahí que Jesús pida que a quienes reciben el bautismo, se les enseñe a cumplir sus mandamientos. Es lo mismo que pidió Dios a su pueblo a través de Moisés, mientras iban de camino hacia la tierra prometida: que cumplieran sus mandamientos para vivir felices en esa tierra. En el caso de los discípulos de Jesús, tenemos que ayudar a los que reciben el Bautismo y la Confirmación a vivir de acuerdo a las enseñanzas de Jesús. Así es que no se trata solamente de que los niños, adolescentes y jóvenes, los hijos e hijas, tengan sus sacramentos, sino que aprendan a diseñar su vida de acuerdo a la propuesta de Jesús. En esto también nos falta muchísimo por trabajar en nuestra comunidad parroquial. Incluso los sacerdotes y catequistas nos contentamos y conformamos con que niños y adolescentes reciban los sacramentos, pero después muy poco o nada les ofrecemos para que realicen su vida cristiana teniendo como referente a Jesús. Otra deuda en relación a la misión.

Al participar en esta Eucaristía, damos gracias a Dios por lo que ha hecho con nosotros en la persona de Jesús, su Hijo; lo bendecimos porque su Espíritu nos sigue acompañando en la vida de la Iglesia, como acompañó y asistió a Jesús durante su vida y ministerio. Y le pedimos que sepamos retomar como parroquia la misión que Jesús nos encomendó: hacer discípulos suyos, bautizarlos y formarlos para que vivan como sus discípulos misioneros.

30 de mayo de 2021

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