Homilía para el 8° domingo ordinario 2017

Buscar el Reino y su justicia

Ordinario8 A 17

En continuidad con los domingos anteriores, hoy escuchamos otro pedacito del Sermón de la Montaña. Se trata de las enseñanzas de Jesús a sus discípulos, de la norma de vida para cada uno y para la comunidad; es la nueva ley para el nuevo pueblo de Dios. Hoy nos habla de la preocupación que Dios tiene para con todos sus hijos e hijas y de la respuesta que nos toca darle a ese cuidado para con nosotros.

Buscar el Reino y su justicia

Textos: Is 49, 14-15; 1 Cor 4, 1-5; Mt 6, 24-34.

Ordinario8 A 17

En continuidad con los domingos anteriores, hoy escuchamos otro pedacito del Sermón de la Montaña. Se trata de las enseñanzas de Jesús a sus discípulos, de la norma de vida para cada uno y para la comunidad; es la nueva ley para el nuevo pueblo de Dios. Hoy nos habla de la preocupación que Dios tiene para con todos sus hijos e hijas y de la respuesta que nos toca darle a ese cuidado para con nosotros.

En la primera lectura, ante el reclamo de su pueblo, que se siente abandonado y olvidado por Dios, la respuesta del Señor es bien interesante. Habla del amor de la mamá por sus hijos. Las mamás nunca se olvidan de ellos, vivan como vivan, anden donde anden, les esté yendo como les esté yendo. Los hijos sí nos desentendemos muchas veces de ellas, pero ellas nunca lo hacen. Y Dios dice que si esto sucediera, Él no lo haría en relación a su pueblo. Con la Eucaristía dominical le agradecemos su preocupación por nosotros.

Jesús habla de ese mismo cuidado que Dios tiene para la humanidad. Lo explica haciendo referencia a los pajaritos y a las flores. Los pájaros no siembran, no cosechan ni guardan alimento en alguna bodega, y Dios siempre los alimenta; las flores tampoco trabajan ni fabrican telas, y Dios las viste muy elegantes: de muchos colores; todas son bonitas. Jesús dice que si eso sucede con las aves y con las flores, que tienen un precio cuando se venden, hará mucho más por sus hijos, que no tenemos precio. Nuestra dignidad no se puede vender ni comprar.

A ese cuidado que Dios tiene para con nosotros, tenemos que responderle. No basta con agradecérselo en la Eucaristía. Jesús nos dice cómo: poniendo a Dios, su Padre, en el centro de nuestra vida, en el fondo de nuestro corazón. Nos pide no preocuparnos por el dinero, los bienes materiales, el alimento, la bebida, el vestido. Eso lo asegura Dios. Jesús pide que sus discípulos no tengamos al dinero y lo material en el centro de nuestras preocupaciones, anidado en el fondo de nuestro corazón. Cuando esto sucede, al dinero lo ponemos en el lugar de Dios y lo que se le debe a Dios: el honor, la gloria, la alabanza, se le da al dinero que se hace ídolo.

En nuestros días, gran parte de la vida de la sociedad se desarrolla en torno al dinero. Con tal de tenerlo se compra y se vende, se abusa de los trabajadores, se realizan tranzas, fraudes y extorsiones, se destruye la naturaleza, se pasa por encima de las personas y su dignidad. Y tenemos que estar atentos para no caer en las seducciones del dinero ni del tener, el placer, el “éxito” o la fama que con él se consiguen. Esto no va con la vida de los discípulos de Jesús, aunque vengamos a Misa, recemos mucho, comulguemos.

La respuesta que Jesús nos indica consiste en buscar el Reino de Dios y su justicia. Esta debe ser nuestra preocupación central y generalmente la tenemos olvidada; muchos ni siquiera en lo más escondido del corazón. Y esto nos debe llenar de preocupación, si nos consideramos discípulos de Jesús, miembros de la Iglesia, cristianos o creyentes, como nos llamemos. El Reino de Dios se hace presente donde se viven la hermandad, la solidaridad, la justicia, el perdón, la corrección fraterna, la búsqueda de los alejados, la paz. En esto consiste la justicia que acompaña al Reino, en cumplir los mandamientos de Dios, en vivir las enseñanzas de Jesús. Esto es lo que debemos buscar. Así, como dice Jesús, todo lo demás vendrá por añadidura, porque Dios está al cuidado de que nada nos falte. Con la Comunión renovemos nuestra confianza en Dios.

26 de febrero de 2017

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