Homilía para el 6º domingo de Pascua 2016

Cumplir la palabra de Jesús

Pascua6 C 16

Jesús nos habla hoy de tres realidades ligadas a la vida cristiana: el amor, el Espíritu Santo y la paz. Con la participación en la Eucaristía dominical renovamos nuestro compromiso de vivir en el amor, en la construcción de la paz y bajo la acción del Espíritu Santo. Las palabras que acabamos de escuchar las dijo Jesús durante la Última Cena. Ya estaba despidiéndose de sus amigos antes de ser entregado, aprehendido, torturado y crucificado, y les dejaba su herencia.

Cumplir la palabra de Jesús

Textos: Hch 15, 1-2. 22-29; Ap 21, 10-14. 22-23; Jn 14, 23-29.

Pascua6 C 16

Jesús nos habla hoy de tres realidades ligadas a la vida cristiana: el amor, el Espíritu Santo y la paz. Con la participación en la Eucaristía dominical renovamos nuestro compromiso de vivir en el amor, en la construcción de la paz y bajo la acción del Espíritu Santo. Las palabras que acabamos de escuchar las dijo Jesús durante la Última Cena. Ya estaba despidiéndose de sus amigos antes de ser entregado, aprehendido, torturado y crucificado, y les dejaba su herencia.

La herencia que Jesús dejó fue el mandamiento del amor. Hace ocho días escuchamos que nos pide amarnos unos a otros como Él nos amó. Nos amó hasta dar la vida por nosotros. A ese grado debemos llegar en el amor por los demás. Hacer esto es signo de amor a Él, teniendo en cuenta que quien lo ama cumple sus palabras, como Jesús mismo dice. Sus enseñanzas están orientadas a amar, ayudar a los pobres, perdonar, consolar, vivir la justicia, ser hermanos.

Quien no cumple sus palabras es porque no lo ama. Así dice Jesús. Es decir, quien no ama a los demás, se desentiende de los pobres, no perdona sino que guarda rencor, vive indiferente al sufrimiento ajeno, es injusto, no sabe ser hermano, expresa que no ama a Jesús. Hoy podemos preguntarnos cómo andamos en la vida cristiana, en el amor, en la relación con los demás. Valoremos el modo de relacionarnos con nuestros familiares, vecinos, compañeros de trabajo.

Jesús anunció a sus discípulos la venida del Espíritu Santo, como un don suyo y del Padre. Y señaló que vendría sobre ellos para recordarles sus palabras, o sea, para recordar el mandamiento de amarse unos con otros como Jesús los amó. Nosotros recibimos al Espíritu Santo en el Bautismo. A partir de allí y con su acción, estamos comprometidos a vivir amando como Jesús. Esta es la herencia que Jesús nos dejó: el mandamiento del amor como estilo de vida.

La primera lectura nos narra una experiencia comunitaria de cumplimiento de las palabras de Jesús. Ellos tenían el problema de la circuncisión, si había que hacérsela o no a quienes no eran judíos y se integraban a la comunidad de discípulos y discípulas de Jesús. Unos decían que sí y otros que no. Esto los llevó a convocarse como comunidad, discutir el asunto, sopesar las situaciones, llegar a un acuerdo y comunicarlo a los discípulos de Antioquía. Vieron el bien de todos.

Este modo de vivir el amor en las primeras comunidades cristianas marca lo que debemos hacer para poner en práctica las enseñanzas de Jesús. Ante los problemas, dificultades, desavenencias, malentendidos, es necesario reunirse, dialogar, escucharse, valorar los modos de pensar, sopesar posibilidades, tomar decisiones, comunicarlas, ponerlas en práctica. Es necesario realizar todo este proceso con la conciencia de expresar el amor, de ver por el bien común.

El Espíritu Santo actúa en estos procesos, sea entre parejas, como familia, en el barrio, en el trabajo, etc., pero hay que invocarlo para que ayude a aclarar el camino. La paz que Jesús comunicó a sus discípulos, además de ser don de Dios, es fruto del esfuerzo realizado por cumplir las palabras de Jesús, por vivir el amor. Esa es la paz interior que se experimenta porque se arreglaron los problemas, se encontraron los caminos para vivir en armonía, se vivió el perdón.

Pidamos a Dios que su Espíritu siga actuando en nuestra vida personal, familiar, comunitaria y social. Que nos ayude a encontrar el camino para vivir en el amor. Que nos dejemos conducir por Él para cumplir la palabra de Jesús. Que sepamos tratar los asuntos con la conciencia de amar y buscar el bien común. Que experimentemos la paz que trae el diálogo y el arreglo de los problemas. Al comulgar sacramentalmente asumamos el compromiso de amar como Jesús.

1º de mayo de 2016

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