Homilía para el 6º domingo de Pascua 2013

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Abogado que ayuda

Textos: Hch 15, 1-2. 22-29; Ap 21, 10-14. 22-23; Jn 14, 23-29.

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En este domingo, sexto ya del tiempo de Pascua, nos hemos reunido para agradecer a Dios el don de la Resurrección de su Hijo. En el texto del Evangelio escuchamos el anuncio que Jesús hizo a sus discípulos antes de separarse de ellos. Jesús les anunció el envío del Espíritu Santo. Lo llamó el Abogado; eso es lo que significa la palabra Paráclito: Abogado, Defensor, el que auxilia, el que ayuda. Y, además, señaló dos cosas que haría ese Abogado: enseñar y recordar.

Si tenemos en cuenta lo que les dijo Jesús en la Última Cena, tal como acabamos de escuchar, podemos descubrir tres cosas que el Espíritu Santo enseñaría y recordaría a los discípulos de Jesús: la Palabra, el amor y la paz. Sobre estas tres cosas podemos reflexionar hoy y valorar cómo andamos en nuestra vida personal, familiar y comunitaria. Son tres cosas fundamentales en la vida cristiana: escuchar la Palabra de Dios, vivir en el amor y trabajar a favor de la paz.

Con su vida, Jesús mostró estos rasgos de la vida cristiana. Anunció la Palabra, predicó el Reino de Dios, invitó a la conversión, enseñó el perdón y la misericordia, dijo que el mandamiento nuevo es el del amor. Vivió en el amor: curó enfermos, expulsó demonios, transmitió el perdón, hizo que el pan ajustara para todos, se dio en el pan y el vino, entregó su vida en la cruz. Transmitió la paz y no sólo la paz, sino su paz, la que llevaba en su interior.

La promesa de Jesús, de que el Padre enviaría al Espíritu Santo, estaba en función de que sus discípulos y discípulas de todos los tiempos aprendiéramos todas estas cosas; que, una vez aprendidas, las recordáramos. Hoy lo hace nuevamente. La vida cristiana no se adquiere solamente con el hecho de recibir el Bautismo; es necesario aprenderla, escuchar en qué consiste, entender lo que debemos hacer como miembros de la Iglesia, aclararla en el corazón.

Es el Espíritu Santo el que enseña cómo debemos vivir los discípulos de Jesús. Y no sólo enseña, sino que también recuerda. Esto es algo que necesitamos siempre en la vida desde pequeños. Así como aprendemos las cosas de la vida familiar, las relaciones entre familia, los oficios y trabajos para ganar la vida, así todo mundo necesita aprender a vivir cristianamente. Una vez aprendido, se necesita que nos lo estén recordando. Eso lo hacen generalmente los papás.

Los papás entonces tienen una responsabilidad muy grande: ser instrumentos del Espíritu Santo en su casa. Es decir, enseñar a sus hijos todas las cosas referentes a la vida cristiana, a la experiencia de seguimiento a Jesús, a la escucha de la Palabra, a la vida en el amor, a la construcción de la paz. Y, además, estarles recordando constantemente a sus hijos e hijas todo lo que significa ser bautizados, ser miembros de la Iglesia, vivir como discípulos de Jesús.

Pero, para ser instrumentos del Espíritu Santo, los papás primero tienen que estar abiertos a su acción. O sea, su vida tiene que estar siendo de escucha de la Palabra de Dios, de vida en el amor –mutuamente y, juntos, hacia la comunidad–, de experiencia de paz como esposos. Para ellos el Espíritu de Jesús tiene que ser el Abogado que les ayuda en su vida, lo que exige que estén abiertos a su acción, que se dejen ayudar, que invoquen su auxilio, que lo escuchen.

Hoy podemos renovar nuestro compromiso de apertura al Espíritu de Jesús resucitado. Él viene en nuestra ayuda, como nos prometió Jesús. Él nos enseña todas las cosas y nos recuerda lo que Jesús nos ha dicho. Nos ofrece la Palabra de Dios para que la escuchemos, nos enseña y recuerda que tenemos que vivir en el amor y en la construcción de la paz. No nos acobardemos, no seamos cristianos temerosos, puesto que tenemos un Abogado que nos ayuda.

5 de mayo de 2013

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