Homilía para el 6° domingo ordinario 2015

Disponibilidad para servir

Ord6 B 15

Acabamos de escuchar en el texto del Evangelio un testimonio del servicio de Jesús que nos ofrece san Marcos. Jesús se encontró con un leproso, entró en contacto y dialogó con él, lo tocó y lo curó. No le dio flojera ni vergüenza ni asco, encontrarse con el leproso, con tal de hacer presente el Reino de Dios. Reflexionar sobre la actitud servidora de Jesús, nos ayudará a prepararnos para vivir el encuentro sacramental con Él en el momento de la Comunión.

Disponibilidad para servir

Textos: Lv 13, 1-2. 44-46; 1 Cor 10, 31-11,1; Mc 1, 40-45.

Ord6 B 15

Acabamos de escuchar en el texto del Evangelio un testimonio del servicio de Jesús que nos ofrece san Marcos. Jesús se encontró con un leproso, entró en contacto y dialogó con él, lo tocó y lo curó. No le dio flojera ni vergüenza ni asco, encontrarse con el leproso, con tal de hacer presente el Reino de Dios. Reflexionar sobre la actitud servidora de Jesús, nos ayudará a prepararnos para vivir el encuentro sacramental con Él en el momento de la Comunión.

Los leprosos vivían en la exclusión, expulsados de la comunidad y rechazados por todos, con la carga de estar impuros y viendo que se desbarataban, pues su carne se les iba pudriendo y cayendo poco a poco. En la primera lectura escuchamos lo que mandaba la ley para las personas que vivían con la lepra. La única manera de reintegrarse a su vida ordinaria, en su familia y su comunidad, era curándose y recibiendo el certificado de curación de parte de los sacerdotes.

En esta condición estaba aquel leproso que se le acercó a Jesús. Por otra parte, en la ley también se decía que si alguien entraba en contacto o tocaba a una persona con esta enfermedad, inmediatamente quedaba impuro, pues se contaminaba; y para participar en la vida de la comunidad, para ir a la sinagoga o al templo, tenía que hacer unos ritos de purificación. A pesar de saber esto, Jesús accedió a la situación del leproso, platicó con él y lo tocó.

En este gesto apareció la disponibilidad de Jesús. Cuando escuchó la petición del leproso, que le decía que podía curarlo sí quería, se llenó de compasión, extendió su mano para alcanzarlo y lo tocó. No le hizo fuerza quedar impuro. Además le dijo que sí quería curarlo. ¿Qué tanto tiempo pudo haber dedicado a curarlo? Menos de un minuto. La actitud de Jesús cuestiona la manera en que muchos de nosotros nos ubicarnos ante la posibilidad de vivir el servicio.

En nuestro tiempo andamos a las carreras, estamos apurados por nuestras propias cosas, no tenemos tiempo casi para nada. Además, tenemos muy poca conciencia de que servir es algo esencial a los cristianos, y poco hemos trabajado en las familias y la comunidad por educarnos a realizar con gusto el servicio. Se nos pide servir y nos disgustamos, se ocupa ayudar y renegamos, se necesita cuidar un enfermo y no queremos. Decimos que tenemos mucho que hacer.

En el fondo no tenemos la conciencia de que somos bautizados y que por eso tenemos que vivir como Jesús. Él sirvió y, por lo tanto, nosotros debemos servir; Él dedicó tiempo para el leproso y muchos otros enfermos y nosotros debemos hacer lo mismo; a Él no le dio asco el mal olor del leproso ni tocarlo, nosotros deberíamos actuar igual con las personas enfermas de cáncer, VIH-Sida, u otras enfermedades. ¿Cuántas veces hemos evitado el encuentro con ellas?

También en cosas más sencillas de la casa o del trabajo pasa lo mismo. Se necesita hacer un mandado, mover una cosa, limpiar una parte, ayudarle a alguien a hacer algo… y muchas veces no lo hacemos o decimos que otro lo haga; y, si ayudamos, generalmente no lo hacemos con gusto. No se diga cuando se trata de cuidar un enfermo toda la noche, una mañana o una tarde, o acompañarlo a al hospital cuando lo trasladan. Nos falta mucha disponibilidad para servir.

Jesús nos cuestiona. Él estuvo disponible para los demás y nosotros no; sirvió a todos y nosotros no; no le pesó dedicar su vida y persona para otros y a nosotros sí. San Pablo nos invita a buscar el bien de los demás, porque en esto va de por medio la salvación. Hoy que nos hemos reunido para la celebración dominical de la Eucaristía, reconociendo nuestras actitudes egoístas, individualistas y comodinas, pidamos a Jesús que nos haga vivir la disponibilidad como Él.

15 de febrero de 2015

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