Homilía para el 5º domingo de Pascua 2019

Ser discípulos de Jesús
Hay un canto que traduce lo que acabamos de escuchar en el texto del Evangelio: “Un mandamiento nuevo”. Lo cantamos con mucha fuerza, sobre todo el Jueves Santo durante el rito del lavatorio de los pies. Pero una cosa es lo que dicen el Evangelio y el canto, y otra lo que vivimos la mayoría de los bautizados. La celebración Eucarística de este domingo nos reanima para vivir ese mandamiento en la vida ordinaria de nuestras familias y comunidad.

Ser discípulos de Jesús

Textos: Hch 14, 21-27; Ap 21, 1-5; Jn 13, 31-33. 34-35

Hay un canto que traduce lo que acabamos de escuchar en el texto del Evangelio: “Un mandamiento nuevo”. Lo cantamos con mucha fuerza, sobre todo el Jueves Santo durante el rito del lavatorio de los pies. Pero una cosa es lo que dicen el Evangelio y el canto, y otra lo que vivimos la mayoría de los bautizados. La celebración Eucarística de este domingo nos reanima para vivir ese mandamiento en la vida ordinaria de nuestras familias y comunidad.

Después de que Jesús lavó los pies a sus discípulos durante la Última Cena, varias veces les repitió que había que amarse los unos a los otros y que, si vivían en este amor, los demás reconocerían que realmente son sus discípulos. Eso que les dijo aquella noche, vale para nosotros. Así que, para prepararnos a recibir la Comunión, podemos revisar si estamos viviendo el amor de unos a otros o solamente nos quedamos en texto del Evangelio y en el canto del mandamiento nuevo.

Jesús lo vivió a plenitud. El signo de lavarles los pies era de servicio, de estar como esclavo de todos, de dar su vida por los demás. Era un trabajo que realizaban los esclavos y las mujeres, como signo de bienvenida a quien llegaba de visita. Cuando lavó los pies a sus discípulos, también lo hizo con Judas, quien lo traicionó; con Pedro, quien lo negó; con todos, que luego lo abandonaron durante su Pasión. Es más, cuando les dijo de amarse unos con otros, Judas se acababa de salir para entregarlo y a Pedro le anunció que lo iba a negar antes de que cantara el gallo.

Además de dar el mandamiento, Jesús puso un criterio para vivirlo: como Él. Sus discípulos y discípulas tenemos que amarnos de la misma manera que Él nos ha amado: hasta dar la vida por todos en la cruz, a pesar de haber sido entregado, negado y abandonado. Antiguamente, la medida para amar era la misma persona. El mandamiento de amar se enunciaba de dos maneras: “No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti”, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Esto sigue siendo válido, pero para nosotros, los creyentes en Jesús, hay otro referente más: no sólo amar a los demás como a uno, no sólo no hacerles a los demás lo que no queramos que nos hagan a nosotros, sino amarlos como Jesús nos amó.

Él dio su vida día a día en el servicio a los pobres, a los enfermos, a los pecadores, a los hambrientos, a los desechados. Él se hizo sirviente y esclavo de todos. Él derramó hasta la última gota de agua y de sangre en la cruz por todos. Ese es nuestro punto de confrontación. ¿Cómo andamos?

Además, Jesús dice que por vivir el amor mutuo los demás reconocerán que somos sus discípulos. Esto quiere decir que no basta con estar bautizados para ser discípulos de Jesús, que no es suficiente con tener todos los sacramentos para ser buenos católicos, que la participación en la Misa dominical no garantiza que seamos cristianos. Se ocupa por fuerza amar a los demás y hacerlo de la misma manera que el Señor: en el servicio, la solidaridad, el servicio, la entrega de la vida.

Los demás tienen rostros concretos, muchos de ellos sufrientes y excluidos: jóvenes, migrantes, indígenas, madres solteras o abandonadas, enfermos, drogadictos, personas solas, personas con diversidad sexual… A todos ellos los tenemos que amar como Jesús nos amó. Si lo hacemos, estaremos ya en el cielo nuevo y la tierra nueva de que habla el autor del Apocalipsis.

La Comunión, que es el sacramento del amor, nos impulsa a vivir el mandamiento del amor. Preparémonos para recibirla y salir a amarnos unos a otros como Jesús nos ha amado.

19 de mayo de 2019

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