Homilía para el 5º domingo de Pascua 2014

Jesús, nuestro camino

Pascua5 A

Nos hemos reunido para celebrar la Resurrección de Jesús, como cada domingo. Nos encontramos con Jesús para vivir algo parecido a lo que escuchamos en el texto del Evangelio. Nada más que Él y sus discípulos estaban en la Última Cena; era la noche de la Pasión, la noche de la despedida. Por eso les pidió que no perdieran la paz y que creyeran en Él. Pero, antes de separarse, les habló de la casa de su Padre, de prepararles un lugar y del camino para llegar allá.

Jesús, nuestro camino

Textos: Hch 6, 1-7; 1 Pe 2, 4-9; Jn 14, 1-12.

Pascua5 A

Nos hemos reunido para celebrar la Resurrección de Jesús, como cada domingo. Nos encontramos con Jesús para vivir algo parecido a lo que escuchamos en el texto del Evangelio. Nada más que Él y sus discípulos estaban en la Última Cena; era la noche de la Pasión, la noche de la despedida. Por eso les pidió que no perdieran la paz y que creyeran en Él. Pero, antes de separarse, les habló de la casa de su Padre, de prepararles un lugar y del camino para llegar allá.

Los discípulos no entendían de lo que les hablaba, como nosotros no comprendemos muchas cosas de Jesús. Esto les despertó varias preguntas: sobre el lugar al que iba, sobre el camino para llegar a ese lugar, sobre el conocimiento del Padre. Jesús les fue respondiendo, pero no tanto para que supieran como quien se informa de las noticias sino para que se ubicaran en su experiencia de discípulos. Les pedía, y nos pide a nosotros hoy, creer en Él.

El destino de Jesús era la casa de su Padre, el destino de los discípulos es también la casa de Dios. El proyecto de Jesús es que sus discípulos estemos junto con Él y su Padre. Y para eso es necesario hacer el mismo recorrido que Él. Por eso, a la pregunta que le hace Tomás sobre el camino para llegar a su Padre, Jesús le responde que Él mismo es el camino y que si queremos llegar a su Padre, sus discípulos necesitamos tenerlo como nuestro camino.

Jesús tenía claro que había sido enviado por su Padre al mundo, que vino por amor, que su venida fue para dar vida en abundancia, que lo que decía y hacía era lo que le oía y le veía hacer a su Padre, que vino a manifestar y hacer presente el amor de Dios entregando su propia vida. Todo eso lo tenía bien claro, como nos narra san Juan a lo largo de su Evangelio. Y Jesús estaba invitando a sus discípulos para que creyeran en Él e hicieran lo mismo que Él.

Por eso, para nosotros también valen las respuestas de Jesús a Tomás y a Felipe: Jesús es nuestro camino y hay que conocerlo y recorrerlo para conocer a Dios y llegar con Él. El camino para conocer a Dios es conocer a Jesús y creer en Él, el camino para llegar al Padre consiste en vivir como Jesús. Las primeras comunidades, encabezadas por los Doce, nos dan testimonio de que conocían ese camino. Incluso los primeros cristianos eran reconocidos como los del camino.

Al caer en la cuenta de que varias viudas estaban siendo desatendidas por la comunidad, hicieron lo mismo que Jesús. Pusieron en práctica el mandamiento del amor. Se organizaron para distribuir tareas y atender a todas las necesidades de la comunidad. Podemos decir que recorrieron el camino, pues ante la situación de las viudas ellos se pusieron a hacer lo mismo que Jesús: servirlas, lavarles los pies, hacerles experimentar el amor que viene de Dios.

Si nosotros como discípulos queremos estar con Jesús y con el Padre, no nos queda más que tomarlo como nuestro camino, es decir, pensar y obrar como Él pensó y obró. No se puede llegar a Dios sin amar a los demás, no se puede hacer presente a Jesús sin servir a los pobres, no se puede construir la comunidad sin atender a las necesidades concretas, no se puede ofrecer el sacrificio de la Eucaristía sin entregar la propia vida para el bien común.

No busquemos otros caminos. Los caminos del dinero, el poder, el éxito, la droga, las tranzas, el acaparamiento, las injusticias, no nos llevan a Dios sino que nos alejan de Él. El camino que nos marca Jesús es el del perdón, la misericordia, el servicio, la justicia, la entrega de la propia vida. Eso es lo que debemos descubrir en Jesús y ponerlo en práctica. Este es el camino que nos conduce a conocer al Padre y a estar en comunión con Él. Dispongámonos a recorrerlo.

18 de mayo de 2014

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