Homilía para el 5º domingo de Cuaresma 2020

Al servicio de la gloria de Dios
Refiriéndose a la enfermedad mortal de su amigo Lázaro, Jesús comentó que esa enfermedad no terminaría en la muerte, sino que serviría para la gloria de Dios. Con la Eucaristía de este domingo, con la que nos unimos a la oración por la pandemia del Covid-19, damos gracias a Dios porque un día como hoy Jesús venció definitivamente a la muerte con su Resurrección.

Al servicio de la gloria de Dios

Textos: Ez 37, 12-14; Rm 8, 8-11; Jn 11, 1-45

Refiriéndose a la enfermedad mortal de su amigo Lázaro, Jesús comentó que esa enfermedad no terminaría en la muerte, sino que serviría para la gloria de Dios. Con la Eucaristía de este domingo, con la que nos unimos a la oración por la pandemia del Covid-19, damos gracias a Dios porque un día como hoy Jesús venció definitivamente a la muerte con su Resurrección.

La gloria de Dios consiste en que los humanos tengamos vida; no una vida en el sufrimiento, la angustia, las desigualdades, la desesperanza, sino una vida digna y en abundancia. Esta vida nos la trajo Jesús, su Hijo. Con su muerte y Resurrección nos la hizo realidad, y nos invita a unirnos a Él en este proyecto de Dios, luchando por la vida y poniendo la nuestra al servicio de los demás.

Jesús parecía despreocupado ante la situación de Lázaro; como que no le diera importancia a la gravedad de su enfermedad. Así estamos muchas personas ante la inminente llegada del Coronavirus; como que no nos preocupa, no nos hacer reaccionar, sobre todo para colaborar en la prevención, a pesar de estar viendo y oyendo tantas noticias, tristes y dolorosas, sobre lo que están viviendo muchas personas y pueblos que ya tienen encima la pandemia y sus efectos. Pero Jesús no estaba despreocupado, sino que iba captando la voz de Dios en esa situación, para actuar y hacer visible la vida que Él trajo para la humanidad, para dar gloria a Dios con su servicio, para que sus discípulos y discípulas creyeran en sus obras y, sobre todo, en su Padre Dios.

Al captar que Lázaro había fallecido, Jesús y sus discípulos se fueron a Betania para consolar a Marta y a María, hermanas del difunto, para llevar la noticia de la Resurrección y volver a la vida a Lázaro. Ante la angustia, la tristeza, el pesar y el dolor de Marta y María por la muerte de su hermano, Jesús les habla de la resurrección, en la que creía la mayoría de los judíos, como ellas mismas se lo confesaron. Era la resurrección del último día. Para ellas dos todo había terminado. Es la experiencia que están viviendo muchas familias, comunidades y países, por el contagio imparable, por la cantidad de personas infectadas por el virus, por la insuficiente infraestructura para resistir la fuerza de la pandemia, y por la cantidad de personas muertas, hasta miles en varios países.

Dios nos está hablando desde esta situación y nosotros tenemos que aprender a escucharlo, a descubrir su voz y a actuar a favor de la vida, como Jesús y junto con Él, para que el Señor siga siendo glorificado. Para esto nos alimentaremos de su Cuerpo y su Sangre, que nos fortalecen.

Jesús se presentó ante Marta como la Resurrección y la Vida, y espera que creamos en Él para no estar en el reino de la muerte. Creer en Jesús significa aceptarlo totalmente, hacer caso a sus palabras y enseñanzas, seguirlo con fidelidad en su camino que pasa por la cruz, realizar las mismas obras de vida que Él realizó. Si hacemos esto, el Padre y Jesús serán glorificados. La Resurrección, la Vida y la gloria de Dios se manifestaron con claridad en el retorno de Lázaro a la vida.

La situación de contagio que se nos avecina, es una oportunidad que el Señor nos concede para que trabajemos a favor de la vida y no de la muerte. Tenemos que cuidar a los más vulnerables: niños y niñas, personas ancianitas, personas con enfermedades crónico-degenerativas, migrantes. Tenemos que aprender a evitar situaciones que favorezcan la proliferación de la pandemia, cambiar de estilo de vida, cuidar de la madre tierra, fortalecer la solidaridad, disponernos a la atención de personas que sean alcanzadas por la enfermedad. Todo esto está ligado a nuestra fe en Jesús, que es la Resurrección y la Vida, y que quiere que las enfermedades sirvan para glorificar a Dios.

29 de marzo de 2020

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