Homilía para el 4º domingo de Pascua 2015

Como el Buen Pastor

Pascua4 B 15

Nos hemos reunido para encontrarnos nuevamente con Jesús resucitado, hoy en su dimensión del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. En este domingo se celebra en la Iglesia la Jornada de Oración por las Vocaciones y con la Eucaristía nos unimos en la oración y en la renovación de nuestro compromiso de promover y acompañar las vocaciones para la misión en la Iglesia: las vocaciones laicales, las vocaciones a la vida consagrada y al ministerio ordenado.

Como el Buen Pastor

Textos: Hch 4, 8-12; 1 Jn 3, 1-2; Jn 10, 11-18.

Pascua4 B 15

Nos hemos reunido para encontrarnos nuevamente con Jesús resucitado, hoy en su dimensión del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. En este domingo se celebra en la Iglesia la Jornada de Oración por las Vocaciones y con la Eucaristía nos unimos en la oración y en la renovación de nuestro compromiso de promover y acompañar las vocaciones para la misión en la Iglesia: las vocaciones laicales, las vocaciones a la vida consagrada y al ministerio ordenado.

Jesús se presentó ante los fariseos como el Buen Pastor. Al describir lo que hace un buen pastor, Jesús puso en entredicho lo que ellos estaban viviendo en relación a su pueblo, pues quedaron comparados con los pastores asalariados. Al mismo tiempo, nos ayuda a ubicarnos ante Él en nuestra dimensión de ovejas suyas, de rebaño suyo; y a quienes somos presbíteros, nos cuestiona en relación al modo en que estamos viviendo el ministerio en las comunidades.

Lo que Jesús describió de un buen pastor era exactamente lo que Él estaba realizando a favor de la gente y lo que seguiría viviendo hasta el momento de la cruz. O sea, no decía una cosa y hacía otra, o lo que decía era para otros y no para sí mismo, como nos sucede frecuentemente a los sacerdotes. El primer aspecto que señala es que el buen pastor da la vida por sus ovejas. Esto fue fundamental en la vida de Jesús, pues en el servicio se iba dando a los demás.

Jesús no solamente daba vida, como algo que se da y eso que se da queda fuera de la persona. Jesús se entregaba a sí mismo y su servicio daba vida a los demás, especialmente a los pobres, enfermos, hambrientos, excluidos, familiares de los difuntos. El momento culminante de su entrega fue el de la cruz. Ahí dio su vida y nos dio la vida en abundancia que viene de Dios. Y eso fue algo voluntario, pues dijo que, como pastor, daba su vida porque Él quería darla.

Enseguida Jesús expresa otras dos cosas de los buenos pastores. Un buen pastor conoce muy bien a sus ovejas y ellas igualmente lo conocen muy bien. Jesús conocía a sus discípulos de aquel tiempo y nos conoce personalmente hoy. Además, un buen pastor hace todo lo posible para dar las indicaciones necesarias, de modo que sus ovejas lleguen a vivir como un solo rebaño al que conduce un solo pastor. Estas dos cosas se las agradecemos a Dios con la Eucaristía.

Nosotros somos ovejas de Jesús. Por medio del Bautismo comenzamos a formar parte de su rebaño y desde entonces Él ve por nosotros para que tengamos vida en abundancia y para que vivamos en la unidad. Lo que nos toca hacer es atender a su voz, tal como nos la transmiten los evangelistas, para caminar por donde Él nos indica y para llegar a vivir como comunidad. Esto es algo que no debemos perder los sacerdotes, pues como pastores no dejamos de ser ovejas.

¡Qué lejos estamos algunos pastores de parecernos a Jesús! Nos parecemos más bien a los fariseos, a los pastores asalariados, que no conocen a sus ovejas ni les dan su vida sino que se sirven de ellas, las descuidan, dejan que se dispersen, permiten que los lobos se les echen encima y las despedacen. A veces hacemos las cosas del ministerio por dinero, con horarios, para sacar ventajas, como administradores. Esto es muy doloroso para la vida de las comunidades.

En este día dedicado a la oración por las vocaciones, pidamos especialmente a Dios que no falten jóvenes para los diferentes servicios y ministerios laicales y ordenados, especialmente al ministerio sacerdotal. Pidamos al Señor que los seminaristas se formen a conciencia para llegar a ser pastores a ejemplo de Jesús y que quienes ya tenemos el ministerio presbiteral no seamos pastores asalariados sino buenos pastores que, como Jesús, demos la vida por las ovejas.

26 de abril de 2015

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