Homilía para el 4º domingo de Pascua 2014

Las mamás, presencia del Buen Pastor

Pascua4 A

Hoy celebramos el domingo del Buen Pastor; de ahí que los textos bíblicos nos hablan de Jesús, el Buen Pastor que da su vida por sus ovejas. En este día se vive en la Iglesia la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y nos unimos a esta intención, pidiendo al Señor que no falten las vocaciones para la misión. A propósito de que acabamos de celebrar el Día de las Madres, podemos descubrir en ellas la presencia de Jesús, el Pastor por excelencia.

Las mamás, presencia del Buen Pastor

Textos: Hch 2, 14. 36-41; 1 Pe 2, 20-25; Jn 10, 1-10.

Pascua4 A

Hoy celebramos el domingo del Buen Pastor; de ahí que los textos bíblicos nos hablan de Jesús, el Buen Pastor que da su vida por sus ovejas. En este día se vive en la Iglesia la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y nos unimos a esta intención, pidiendo al Señor que no falten las vocaciones para la misión. A propósito de que acabamos de celebrar el Día de las Madres, podemos descubrir en ellas la presencia de Jesús, el Pastor por excelencia.

Dice Jesús que el pastor entra por la puerta, conoce a todas sus ovejas, las llama por su nombre, las conduce, camina delante de ellas, ellas lo siguen pues reconocen su voz, les da confianza, les da la vida en abundancia. Si nos fijamos bien, todo esto lo podemos descubrir fácilmente en las mamás. En general ellas, más que los papás, viven esta dimensión con sus hijos; son pocas las parejas que, juntos, realizan el pastoreo para con sus hijos.

La mamá está al pendiente de los hijos. Los conoce muy bien, los identifica en sus reacciones, sus pasos y gestos; les da de comer, les compra ropa, los lleva al doctor, sabe si traen problemas y platica con ellos; les dedica tiempo para escucharlos, les da confianza; se preocupa de que vayan a la escuela y al catecismo y de que realicen sus tareas, asiste a las reuniones de la escuela y la catequesis; los corrige cuando andan mal, los espera hasta que lleguen…

Todo eso y más lo realizan independientemente de si el papá realiza o no su servicio de pastor. Además, un buen número de ellas dan un servicio en su comunidad para que el Evangelio llegue a todos, para atender enfermos, para animar la comunión. Queremos agradecerle a Dios y poner sobre el altar esa entrega y dedicación de las mamás, pues hacen presente en su vida el pastoreo de Jesús para que sus hijos e hijas y sus vecinos tengan una vida en abundancia.

Del servicio que realizan las mamás depende en buena parte la vocación de los hijos; la mayoría sigue el camino de la vida matrimonial y pocos, pero muy pocos, otro estilo de vida. Aunque hoy es cada vez menos, pero ellas les ayudan a aclarar a qué los llama Jesús. Cuando son hijos de una señora agente de pastoral, tienen una mayor oportunidad de convertirse en servidores de la comunidad. Unos continúan en el servicio laical como su mamá y la mayoría no.

En otros se despierta la inquietud por la vida consagrada o presbiteral. En este domingo pedimos especialmente a Dios que crezca en nuestra Diócesis el número de bautizados que descubren el llamado a servir a su comunidad, sea como laicos, sea como consagrados o sea como ministros ordenados. Pero también oramos al Señor para que se tome conciencia de que todas las vocaciones son para la construcción de la comunidad y para el cumplimiento de la misión.

El pastoreo y el despertar de las vocaciones no dependen sólo de las madres y padres de familia; también es tarea de las comunidades. La comunidad es el respaldo de las familias, es el espacio para el anuncio del Evangelio, es la responsable de atender integralmente a todos sus miembros. Si no existe la vida comunitaria en barrios, colonias y ranchos, será más difícil que las mamás tengan los elementos necesarios para realizar su misión de pastoras en su familia.

En esta Eucaristía agradezcamos al Señor el don de la maternidad, ofrezcamos juntos la vida desgastada de las madres de familia; pongamos sobre el altar el testimonio de tantas mamás que, a pesar de la pobreza, de ser golpeadas o estar abandonadas por el esposo, de ser madres solteras, van sacando adelante a sus hijos e hijas. Pidamos que ellas tengan siempre la oportunidad de alimentarse de Jesús Buen Pastor, para que sigan siendo presencia suya en su familia.

11 de mayo de 2014

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