Homilía para el 4º domingo de Cuaresma 2021

Este domingo de Cuaresma se resalta la dimensión misericordiosa de Dios, que nos da la oportunidad de cambiar de vida para prepararnos a la celebración de la Pascua de Jesús. El texto de las Crónicas dice que Dios sentía compasión de su pueblo; san Pablo habla de la misericordia, el amor, la generosidad, la gracia y la bondad de Dios; en su diálogo con Nicodemo, Jesús habla del gran amor de Dios por la humanidad.

Creer en Jesús para experimentar la misericordia

Textos: 2Cro 36,14-16.19-23; Ef 2,4-10; Jn 3,14-21

Este domingo de Cuaresma se resalta la dimensión misericordiosa de Dios, que nos da la oportunidad de cambiar de vida para prepararnos a la celebración de la Pascua de Jesús. El texto de las Crónicas dice que Dios sentía compasión de su pueblo; san Pablo habla de la misericordia, el amor, la generosidad, la gracia y la bondad de Dios; en su diálogo con Nicodemo, Jesús habla del gran amor de Dios por la humanidad. Esto nos ayuda a revisar nuestra vida y a prepararnos para recibir sacramentalmente a Jesús en la Comunión.

A pesar de las infidelidades de Israel, el antiguo pueblo de Dios, que los llevó a quedar cautivos en Babilonia, el Señor los exhortó a cambiar de vida porque sentía compasión de su pueblo. Esto ha hecho siempre con su pueblo y lo sigue mostrando hoy con nosotros. Él es compasivo, misericordioso, bueno, y se lo agradecemos con esta Eucaristía dominical.

Jesús, su Hijo, fue enviado para hacer todavía más visible ese amor de Dios por su pueblo. Estábamos muertos por nuestros pecados y Dios nos dio la vida con y en Jesús, como explica Pablo; por Él nos ha salvado, nos ha resucitado, nos ha apartado un lugar en el cielo. Enseguida señala que todo es pura gracia de Dios. Lo alabamos por esto hoy domingo.

Pero, para que sea efectiva su gracia, su amor, su compasión, su misericordia, en nuestra vida, Jesús nos pide creer en Él. Es lo que hace dos domingos escuchamos en la voz del Padre salida de la nube cuando Jesús estaba transfigurado. Nos pidió que lo escucháramos.

Escuchar a Jesús y creer en Él es lo mismo. Esta tiene que ser nuestra respuesta al don de Dios. Es lo único que se nos pide. Pero, hay que tener en cuenta que creer en Jesús es mucho más que decir que creemos, como lo haremos enseguida al recitar el Credo. Creer en Jesús significa aceptar su persona, su predicación, su estilo de vida, su experiencia de la cruz; seguirlo como Él es, como Él vivió, de acuerdo a lo que enseñó, cargar la cruz.

Esto es lo que la mayoría de los miembros de la Iglesia no queremos ni asumimos, aunque expresemos que creemos en Jesús. Diseñamos nuestra vida como nosotros queremos, sin compromisos por los demás, por el bien común, por la paz entre personas y la armonía de la naturaleza. Nos hace falta mucho escuchar a Jesús, aceptar todo su proyecto al servicio del Reino, diseñar nuestra vida personal y comunitaria de acuerdo a su propuesta. Por eso pidió creer en Él y voltear a verlo levantado en la cruz, si queremos tener vida.

Voltear a verlo crucificado como signo de salvación no es el hecho físico de ver el crucifijo, sino de saber que hasta allá tenemos que seguirlo y conociéndolo —es decir, creyendo en Él— caminemos en la luz para realizar nuestras obras según la voluntad de Dios.

Hoy, cuarto domingo del tiempo cuaresmal, tenemos la oportunidad de renovar nuestra fe en el Dios misericordioso, bueno, compasivo, generoso, dador de gracia y vida. Renovemos nuestro compromiso bautismal de creer en Jesús, de aceptar su propuesta al servicio del Reino de Dios, de mantenernos en el proceso de conversión, de decidirnos a seguirlo en su camino hacia la cruz, de comprometernos a caminar siempre en la luz haciendo el bien.

14 de marzo de 2021

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