Homilía para el 4º domingo de Adviento 2019

El Mesías de los pobres
El Adviento es tiempo de esperanza. Este domingo Dios nos la alimenta a través de los textos bíblicos que se acaban de proclamar. Siempre se espera una vida mejor, pero los pobres y sufrientes con mayor ansiedad. Lo que Dios ofrece a su pueblo en el Antiguo Testamento, Jesús, el Mesías, lo realiza plenamente y esto se lo agradecemos con la Eucaristía que estamos celebrando.

El Mesías de los pobres

Textos: Is 35, 1-6. 10; St 5, 7-10; Mt 11, 2-11

El Adviento es tiempo de esperanza. Este domingo Dios nos la alimenta a través de los textos bíblicos que se acaban de proclamar. Siempre se espera una vida mejor, pero los pobres y sufrientes con mayor ansiedad. Lo que Dios ofrece a su pueblo en el Antiguo Testamento, Jesús, el Mesías, lo realiza plenamente y esto se lo agradecemos con la Eucaristía que estamos celebrando.

Hablando en nombre de Dios, el profeta Isaías invita a los israelitas a regocijarse, a alegrarse, a no temer; la razón está en que Dios viene para salvarlos, especialmente a los frágiles, porque sus penas y sus aflicciones están por terminar. Dios mismo es quien promete la vida nueva y mejor. A cada quien le promete lo que espera: al de manos cansadas, fortalecerlo; a los que tienen sus rodillas vacilantes, afianzárselas; a los que están con el corazón apachurrado, animarlos; a los ciegos, devolverles la vista; a los sordos, abrirles los oídos; a los cojos, caminar y saltar; a los mudos, cantar; a los cautivos, liberarlos. Esta vida nueva realizada por Dios, también la anuncia el salmista, en el Salmo con que respondimos a la primera lectura: hacer justicia al oprimido, dar pan a los hambrientos, liberar a los cautivos, abrir los ojos de los ciegos, aliviar a los agobiados, amar a los justos, cuidar a los forasteros, sustentar a los huérfanos y viudas, trastornar los planes de los malvados.

Esta esperanza llegó y se realizó con Jesús, a quien Juan el Bautista le preparó el camino. De hecho, al comenzar su misión, en la sinagoga de Nazaret, Jesús dijo que fue ungido y enviado por el Espíritu del Señor para anunciar buenas nuevas a los pobres. Y así realizó su misión como Mesías de los pobres. Esto está bien claro en la respuesta que dio a los enviados del Bautista.

Juan estaba preso, no por malandrín sino por hablar con la verdad. Y algo interesante: ahí en la cárcel le llegaban las noticias, el testimonio, de lo que Jesús iba diciendo y haciendo. Esto lo alegraba y quería que sus discípulos se convencieran de que Jesús era el Mesías prometido. Por eso los mandó a preguntarle si era el que había de venir o había que esperar a otro.

La respuesta de Jesús no fue sí o no. Simplemente les dijo que le dieran testimonio a Juan de lo que estaba sucediendo con su ministerio. Se cumplían las promesas y la esperanza de Dios para los pobres: los ciegos veían, los cojos caminaban bien, los leprosos quedaban limpios de su piel, los sordos oían, los muertos resucitaban y a los pobres se les estaba anunciando la buena nueva. Era exactamente el cumplimento de lo que Dios había prometido realizar.

A nosotros nos toca realizar lo mismo, puesto que por el Bautismo y por Comunión estamos unidos a Jesús. También tenemos el compromiso de dar esperanza a los que sufren y esperan una vida mejor, y a manifestarlo con signos visibles: a los enfermos, a los migrantes que vienen de otros lugares a buscar la vida para sus familias, a las mujeres que sostienen a su familia, a las personas deprimidas, a los jóvenes prisioneros de las drogas, a los encarcelados, a los ancianos solos… En esto tenemos que trabajar, personal y comunitariamente, de manera permanente y paciente, como dice Santiago, con la esperanza bien firme en una vida nueva y mejor, en una vida digna para todos y todas. La razón la dice el mismo apóstol: la venida del Señor está cerca.

Jesús terminó su respuesta a los enviados del Bautista diciéndoles que son dichosos quienes no se sienten defraudados por Él, o sea, quienes no se avergüenzan de ser sus discípulos y se deciden a hacer lo mismo. Pidamos al Señor que, al igual que el Mesías de los pobres, nosotros, alimentados por su Cuerpo y su Sangre, prolonguemos en la comunidad esa esperanza que Él nos trajo.

15 de diciembre de 2019

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