Homilía para el 3er domingo ordinario 2021

Este domingo de la Palabra de Dios nos encontramos con otros testimonios de llamada del Señor, que encomienda una misión y envía a realizarla. Jonás fue llamado y enviado a Nínive para predicar la conversión; Jesús llamó a cuatro pescadores a seguirlo para convertirlos en pescadores de hombres. Todos fueron llamados a trabajar por el Reino de Dios, que es conversión, amor, perdón, justicia, solidaridad.

Llamados a trabajar por el Reino

Textos: Jon 3,1-5.10; 1Cor 7,29-31; Mc 1,14-20

Este domingo de la Palabra de Dios nos encontramos con otros testimonios de llamada del Señor, que encomienda una misión y envía a realizarla. Jonás fue llamado y enviado a Nínive para predicar la conversión; Jesús llamó a cuatro pescadores a seguirlo para convertirlos en pescadores de hombres. Todos fueron llamados a trabajar por el Reino de Dios, que es conversión, amor, perdón, justicia, solidaridad. Esta llamada se renueva para nosotros hoy; y “el tiempo apremia”, como dice Pablo, para que respondamos inmediatamente y vayamos a trabajar en el anuncio del Reino, al igual que Simón, Andrés, Santiago y Juan. Hoy lo tenemos que hacer en medio de la pandemia de Covid-19 que nos sigue desafiando.

San Marcos nos ofrece el comienzo de la misión de Jesús. Lo primero que hizo fue anunciar la cercanía del Reino de Dios y la necesidad de cambiar de vida para recibirlo. El Reino estaba llegando con Jesús. Él es el Evangelio, la Buena Nueva de salvación para la humanidad. Su presencia trajo vida, salud, perdón, hermandad, expulsión del mal. Esto lo experimentaron muchísimas personas, como lo estaremos escuchando a lo largo de los próximos domingos. Jesús no se anunció a sí mismo, sino al reinado de Dios en medio del mundo. Donde Jesús se hizo presente, ahí se manifestó el reinado de Dios que perdona, sana, rehace, consuela, elimina el mal, da vida. De ahí la necesidad de la conversión, porque mientras se sufra, se viva en el mal, se esté en pecado, las personas están cerradas al Reino.

Aquellos pescadores ya habían escuchado y hecho suya esa invitación a la conversión. Primero de la boca de Juan Bautista, que llamó al cambio de vida para disponerse a recibir al Mesías; después por voz de Jesús, como escuchamos en el texto evangélico. Sobre esa base de aceptación de la llamada a la conversión, recibieron la invitación a seguir a Jesús, para colaborar con Él en el anuncio y construcción del Reino de Dios. No fueron llamados para otra cosa, sino para seguir a Jesús, experimentar el reinado de Dios y trabajar activamente para que éste aconteciera. Al ser llamados por Jesús, inmediatamente dejaron todo —redes, trabajo, casa, familia— y se fueron a seguirlo. Es todo un proceso el que vivieron aquellos cuatro pescadores para llegar a ser discípulos de Jesús: conversión, llamado, encomienda de la misión, renuncia, seguimiento. Todo lo que nos falta para ser discípulos.

Esa llamada a seguir a Jesús para ser pescadores de hombres no es solamente para sus primeros cuatro discípulos, sino para todos nosotros. Por eso, a la luz del evangelio, renovemos hoy nuestra condición de llamados por Él al trabajo por el Reino. Agradezcamos al Señor que puso sus ojos en cada uno de nosotros para invitarnos a seguirlo en su camino y estilo de vida, para ser colaboradores suyos en la misión al servicio del Reino.

Pidámosle que nos ayude a mantenernos en el proceso de conversión, necesario para abrirnos a Jesús y a la vida del Reino que anunció e hizo realidad. Dispongámonos a recibirlo sacramentalmente en la Comunión, para caminar unidos a Él. Que no pongamos como pretexto para no seguirlo el hecho de tener mucho trabajo; Jesús nos sigue llamado a transformar el mundo en vida del Reino desde ese campo en que cada quien trabaja.

24 de enero de 2021

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