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Homilía para el 3er domingo de Cuaresma 2019

Oportunidad para convertirnos

Textos: Ex 3, 1-8. 13-15; 1 Cor 10, 1-6. 10-12; Lc 13, 1-9

Los textos bíblicos de este domingo nos invitan a la conversión. Esta es la actitud en que deberíamos estar todos los días de nuestra vida, aunque se nos recuerda con mayor fuerza durante el tiempo de la Cuaresma, como parte de la preparación para la celebración de la Pascua de Jesús. La conversión consiste en el cambio de corazón, desde la raíz, desde lo más profundo, para volver al corazón de Dios y a su proyecto de salvación. Con la Comunión sacramental que recibiremos este domingo manifestaremos nuestra decisión de mantenernos en el cambio de vida.

Dios es paciente. Siempre busca nuestros frutos, como lo explicó Jesús con el ejemplo de la higuera, y si no los damos, Él espera. Viene una y otra vez a ver si estamos viviendo como hermanos, si estamos defendiendo los derechos de los pobres, si estamos cuidando su Creación, si vivimos la justicia y la solidaridad. Si personalmente y como comunidad no los tenemos, Él de todos modos nos espera. Dios hace su parte y a nosotros nos toca la nuestra, que es el cambio de vida.

Jesús explicó esta dinámica, a propósito de que le platicaron de la matanza que realizó Pilato con aquellos galileos que estaban ofreciendo sus sacrificios y de que sabía del accidente por el derrumbe de la torre que aplastó a otras personas. Estas situaciones se consideran muchas veces castigos de Dios, como si Él fuera vengador, como si estuviera esperando a ver a qué hora nos equivocamos para desquitarse de nosotros. Y no es así. Al contrario, es compasivo y misericordioso, como lo repetimos en el Salmo; y eso lo debemos reconocer y aprovechar para cambiar en nuestra vida, porque todos somos pecadores. De esto nadie nos escapamos.

A veces justificamos la muerte o un accidente de alguien, o la vemos como normal, porque según nosotros andaba mal. Por lo que dijo Jesús, ninguna persona se escapa de ser pecadora y, como tal, tiene que estar en proceso de conversión. Dios ama al pecador porque es su hijo, no porque esté en el pecado. Más bien, espera su conversión porque lo ama, a pesar de sus pecados, por más grandes que sean. Esa fue enseñanza de Jesús, cuando dijo a los que le platicaron de la masacre que, si ellos no se convertían, iban a morir de manera semejante. Esto es para nosotros hoy. No la muerte como castigo de Dios, sino la muerte en la relación con Él.

Este domingo, como el viñador del Evangelio, Jesús le dice a su Padre que va a seguir trabajando en nosotros, a seguirnos cultivando, a remover la pasividad en que estamos como bautizados, a abonarnos con su Palabra, a darnos otra oportunidad, para ver si reaccionamos y comenzamos a dar los frutos de comunidad que Dios espera de su pueblo.

Esta semana que comienza hoy, tenemos la oportunidad de dejar que Jesús trabaje en nuestras personas y en nuestros barrios, que remueva la comunidad, que abone nuestros corazones con su Palabra, para que reaccionemos, recapacitemos y decidamos cambiar en nuestra manera de vivir. La oportunidad nos llega con las reflexiones cuaresmales, que tendremos en la parroquia. Se trata de revisar nuestra vida personal y comunitaria de frente a la Palabra de Dios, para descubrir que no estamos realizando la misión que Jesús nos encomendó, que nos olvidamos de vivir en comunidad, que nos hemos desentendido de los pobres y sufrientes, que hemos dejado de trabajar por el Reino. Pero no para saberlo, sino para asumir nuestros compromisos como bautizados.

Que esta celebración dominical, en que recibiremos sacramentalmente a Jesús en la Comunión, nos sirva para abrirnos a la gracia de Dios y a la nueva oportunidad que Él nos da de convertirnos.

24 de marzo de 2019

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