Homilía para el 3er domingo de Cuaresma 2017

Convertirnos en cántaros

Cuaresma3 A 17

En este domingo, el tercero de la Cuaresma, los textos bíblicos nos hablan de la sed y de cómo saciarla. En la primera lectura aparece la experiencia de Israel por el desierto: el pueblo sintió la sed y se rebeló contra Moisés y contra Dios; Moisés golpeó la peña con el bastón y Dios les dio agua. En el evangelio, una mujer samaritana que iba a sacar agua del pozo de Jacob, después de encontrarse y platicar con Jesús, le pidió del agua que quita la sed para siempre, agua que Jesús mismo le ofreció y ella aceptó.

Convertirnos en cántaros

Textos: Ex 17, 3-7; Rm 5, 1-2; Jn 4, 5-42.

Cuaresma3 A 17

En este domingo, el tercero de la Cuaresma, los textos bíblicos nos hablan de la sed y de cómo saciarla. En la primera lectura aparece la experiencia de Israel por el desierto: el pueblo sintió la sed y se rebeló contra Moisés y contra Dios; Moisés golpeó la peña con el bastón y Dios les dio agua. En el evangelio, una mujer samaritana que iba a sacar agua del pozo de Jacob, después de encontrarse y platicar con Jesús, le pidió del agua que quita la sed para siempre, agua que Jesús mismo le ofreció y ella aceptó.

Sabemos que el agua es fundamental para la vida. Si falta el agua, se acaba la vida. Lo vemos en las plantas, en los animales, con nosotros mismos. Si no hay luz, la vida continúa; pero sin agua, la vida se acaba. De ahí la necesidad de cuidarla. Además, en el sur de Jalisco muchos nacimientos se han secado y se están disminuyendo las reservas de los acuíferos.

La mujer iba al pozo por la necesidad del agua. Así hacía todos los días. En esta ocasión se encontró con que un judío, que estaba sentado en el brocal, le dirigió la palabra y le pidió de beber. Jesús se abajó, porque los judíos se sentían más que los samaritanos y los trataban mal, los veían de arriba hacia abajo, los consideraban impuros, despreciables, herejes. Jesús actuó al revés de lo ordinario y por eso se sorprendió aquella samaritana. También sus discípulos se sorprendieron de que se hubiera “rebajado” y estuviera dialogando con una samaritana. Así era Jesús, con tal de ofrecer el mensaje del Reino, ofrecer la vida, cambiar la situación y hermanar a las gentes.

La sorpresa de la mujer fue mayor cuando Jesús le ofreció agua viva. Sin llevar un balde, Él le ofrecía agua viva. La estaba preparando para cambiar su vida. Además le dijo que quien bebiera de esa agua nunca más tendría sed; es más, hasta se convertiría en un manantial de vida eterna. Ella aceptó esta agua que ofrecía aquel judío y se la pidió para ya no volver a tener sed. Esa agua era el mismo Jesús. Al aceptarlo ya se estaba llenando de Él y de la vida que traía. Se estaba convirtiendo en cántaro. De hecho, el cántaro que llevaba para llenarlo de agua lo dejó ahí, a un lado del pozo, cuando fue con sus vecinos a hablarles de aquel hombre; incluso les metió la espinita si no sería el Mesías, pues al igual que los judíos lo estaban esperando. Los interesó por ir a encontrarse con Él. Vació el agua que llevaba dentro de ella, les habló de Jesús, les compartió su experiencia de encuentro con Él, provocó que fueran a buscarlo.

Esto mismo tendría que suceder con nosotros. Cada ocho días nos encontramos con Jesús en la Eucaristía, durante la semana tenemos otros encuentros comunitarios con Él, como las reflexiones cuaresmales de estos días, la preparación a los sacramentos, la catequesis, las reuniones de papás. En cada uno de ellos nos llenamos de Jesús, nos convertimos en cántaros. Nuestro compromiso es llevarlo a la familia y a la comunidad, a los lugares de trabajo y a la sociedad. Ahí tenemos que vaciar la vida que nos deja Jesús, para provocar que los demás se interesen por encontrarse con Él, como hizo la samaritana. Pero poco lo hacemos; casi siempre nos conformamos con asistir a la Misa y a las reuniones de la comunidad; incluso vamos solamente por la firma o la sellada de las tarjetas, pero no por encontrarnos con Jesús, saciar nuestra sed de vida, convertirnos en misioneros, llevar a los demás la vida que Él nos ofrece.

Aprovechemos este encuentro dominical para llenarnos de Jesús. Vayamos a ser cántaros que durante la semana llevemos esa agua viva a nuestra familia, al barrio, al lugar de trabajo.

19 de marzo de 2017

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