Homilía para el 3er domingo de Adviento 2018

Alegrarnos y convertirnos
La Palabra de Dios nos invita hoy a alegrarnos y a convertirnos. El motivo es la cercanía de la llegada del Señor. Sofonías pide a los israelitas que canten, griten de júbilo, se regocijen, por la vida nueva que llega con Dios, el Salvador; el salmista invita a gritar con júbilo porque Dios ha sido grande con Israel, pues lo protege y lo salva; Jesús se convirtió en motivo de alegría para los pobres, porque les trajo la buena nueva; San Pablo invita a alegrarse en el Señor porque está cerca.

Alegrarnos y convertirnos

Textos: Sof 3, 14-18; Flp 4, 4-7; Lc 3, 10-18

La Palabra de Dios nos invita hoy a alegrarnos y a convertirnos. El motivo es la cercanía de la llegada del Señor. Sofonías pide a los israelitas que canten, griten de júbilo, se regocijen, por la vida nueva que llega con Dios, el Salvador; el salmista invita a gritar con júbilo porque Dios ha sido grande con Israel, pues lo protege y lo salva; Jesús se convirtió en motivo de alegría para los pobres, porque les trajo la buena nueva; San Pablo invita a alegrarse en el Señor porque está cerca.

A esta invitación se añade para nosotros la celebración de las Posadas, que nos indica la cercanía de la Navidad. Son unos días de mucha alegría que, aunque se orientan más a los niños y niñas, deben ser motivo para que toda la comunidad se alegre. Jesús viene a nuestro encuentro hoy domingo de manera sacramental y este acontecimiento nos debe alegrar y lo debemos proclamar.

La cercanía de llegada del Señor exige no sólo alegrarse, sino también mantenerse en el proceso de conversión para estar bien dispuestos a recibirlo. Esto nos lo aclaró Juan el Bautista con las respuestas que dio a la pregunta que le hicieron tres grupos de personas: ¿Qué debemos hacer?

Él estaba invitando a sus paisanos a enderezar los caminos, a rebajar las colinas, a rellenar los valles, a hacer derechos los caminos chuecos, a limar lo que estaba áspero en su vida; lo escuchamos el domingo pasado. Y enseguida, aunque no se leyó ni hace ocho días ni hoy, Juan llamó a su gente raza de víboras, les pidió que no se atuvieran a que eran hijos de Abraham y que mostraran con obras su conversión. De ahí brotó la pregunta sobre lo que debían hacer para recibir al Mesías.

Juan les fue indicando qué hacer, de acuerdo a su trabajo y estilo de vida. La primera vez le preguntó la gente. Él contestó con lo que es fundamental en la vida del pueblo de Dios: la solidaridad con el pobre. Por eso dijo que quien tuviera dos túnicas, le diera una al que no tenía ninguna; la túnica era lo único que el pobre tenía para cubrirse y defenderse del polvo del camino y del frío de la noche. Lo mismo debía hacerse con la comida: compartirla con quien no tenía qué comer.

Luego fueron unos publicanos lo que le hicieron la pregunta. Los publicanos eran los cobradores de impuestos y frecuentemente sacaban lo más que podían de la gente, con el pretexto de los impuestos. Muchos de ellos se enriquecieron a costa de los pobres. Por eso les pidió no cobrar más de lo establecido, es decir, no hacer negocio con la necesidad del pobre. A los soldados les dijo que a nadie extorsionaran ni lo denunciaran falsamente y que, más bien, se contentaran con su salario. O sea, que se dedicaban a extorsionar y a meter gente a la cárcel, con tal de sacar lo más que se pudiera de dinero para ellos.

Si nosotros le preguntamos qué debemos hacer para disponernos a recibir al Señor a su llegada, ¿qué creemos que nos diría, de acuerdo a nuestra condición, a nuestro trabajo o a nuestro estilo de vida? Como papás, como hijos, como trabajadores, como presbíteros, como estudiantes. ¿Qué estamos haciendo que no debemos hacer o, por otro lado, qué deberíamos estar haciendo y no lo hacemos? Esta es una oportunidad que el Señor nos da para preguntarnos, revisarnos y aclarar qué debemos cambiar en nuestra vida para recibir a Jesús que se acerca.

Por lo pronto hoy viene de sacramentalmente y nos llena de alegría porque lo podemos saborear y llevar con nosotros a la familia, a la comunidad y a nuestro lugar de trabajo a lo largo de la semana. Dispongámonos a recibirlo, con el compromiso de mantenernos en la conversión.

16 de diciembre de 2018

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