Homilía para el 33er domingo ordinario 2020

Multiplicar la atención a los pobres
Con la parábola de los talentos, Jesús nos da a conocer la dinámica del Reino de Dios. El Reino no es nuestro, no es propiedad de la Iglesia, sino de Dios; y Jesús lo anunció y lo hizo presente. El Reino es un modo de vivir en el que Dios reina: el amor, el perdón, la compasión, la justicia, la solidaridad, la paz. Jesús trabajó por esto hasta dar su vida y encomendó a sus discípulos la tarea de continuarlo.

Multiplicar la atención a los pobres

Textos: Prov 31|, 10-13. 19-20. 30-31; 1 Tes 5, 1-6; Mt 25, 14-30

Con la parábola de los talentos, Jesús nos da a conocer la dinámica del Reino de Dios. El Reino no es nuestro, no es propiedad de la Iglesia, sino de Dios; y Jesús lo anunció y lo hizo presente. El Reino es un modo de vivir en el que Dios reina: el amor, el perdón, la compasión, la justicia, la solidaridad, la paz. Jesús trabajó por esto hasta dar su vida y encomendó a sus discípulos la tarea de continuarlo. Hoy, a la luz de la Palabra, podemos revisar si la estamos cumpliendo y, alimentados por la Eucaristía, renovar nuestro compromiso de anunciarlo y hacerlo presente.

La parábola de los talentos no se refiere a la dinámica del mercado, del negocio, en donde se rinde culto al dios dinero y se le sacrifican los pobres. No es una parábola para justificar las injusticias, los abusos, las desigualdades, el éxito económico, tal como lo plantea el actual sistema socioeconómico neoliberal, que privilegia a los poderosos y desecha a los que no producen. La parábola es un ejemplo con el que Jesús quiere hacernos tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad y que se nos va a pedir cuentas de ella; aquello que les pasó a los que recibieron talentos.

A propósito de la IV Jornada Mundial de los Pobres que se celebra este domingo, hay que recordar que ellos son el referente en la vida del Reino de Dios, porque va dirigido a los pobres; y los discípulos y discípulas de Jesús, tenemos que ponernos a su servicio para anunciar y hacer presente ese Reino. Los pobres son parte de los talentos que Jesús confió a sus discípulos, no para que los multipliquemos como hace el sistema neoliberal, sino para que los atendamos y para que, viendo por ellos, multipliquemos los signos del Reino de Dios: la justicia, el amor, la compasión, la solidaridad, la hermandad. De esto precisamente nos va a pedir cuentas el Señor cuando venga de nuevo, como escucharemos en el evangelio del próximo domingo, fiesta de Cristo Rey del Universo.

A los que recibieron cinco y dos talentos y se los regresaron multiplicados, el señor los felicitó y los invitó a participar de su alegría. Es la alegría que se experimenta por entregar la vida al servicio del Reino de Dios y por entrar en él. A los dos los invitó a entrar en su alegría. En cambio, al que recibió un talento y lo escondió bajo tierra, el señor lo llamó malo y perezoso, por no haber hecho fructificar lo que le confió y, además, por echarle la culpa a su señor de no asumir su propia responsabilidad. A él no lo invitó a compartir su alegría, sino que lo dejó fuera del Reino y, por tanto, en el mundo de las tinieblas, el llanto, la desesperación, la muerte, la lejanía del Señor.

En la primera lectura, el autor del libro de los Proverbios, hablando en nombre de Dios, valora a una mujer no sólo por su habilidad y dedicación a las cosas del hogar, sino porque, junto con esto, abre sus manos al pobre y las tiende al desvalido. Es alabada porque lo que hace con sus manos lo lleva en el corazón: la preocupación por los pobres y la atención a ellos como expresión de fidelidad a la Alianza con Dios. Con otras palabras, vive aquello que está en el centro de la vida del Reino de Dios: la solidaridad con los pobres y desvalidos. Hoy debemos preguntarnos si lo estamos viviendo.

¿Qué cuentas le tenemos al Señor en este momento? ¿Estamos anunciando y haciendo presente su Reino con nuestras palabras y nuestros hechos? ¿Llevamos a los pobres en nuestro corazón, los tenemos en el centro de la vida de la Iglesia y les estamos tendiendo la mano? ¿O tenemos miedo de asumir nuestra responsabilidad y le echamos la culpa de que es muy exigente?

Con sencillez y con la conciencia de la segunda venida del Señor, para que no nos encuentre desprevenidos, renovemos nuestro compromiso de trabajar por el Reino, atendiendo a los pobres.

15 de noviembre de 2020

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