Homilía para el 32º domingo ordinario 2019

Trabajar por una vida digna
Los textos de la Palabra de Dios que acabamos de escuchar, nos llevan al centro de nuestra fe y al compromiso de trabajar a favor de la vida. Nos hablan de la resurrección. Hoy, como cada domingo, agradecemos a Dios la Resurrección de su Hijo, quien nos ha convocado para alimentarnos con el Evangelio y con su Cuerpo y su Sangre y para enviarnos a la misión.

Trabajar por una vida digna

Textos: 2 Mac 7, 1-2. 9-14; 2 Tes 2, 16-3, 5; Lc 20, 27-38

Los textos de la Palabra de Dios que acabamos de escuchar, nos llevan al centro de nuestra fe y al compromiso de trabajar a favor de la vida. Nos hablan de la resurrección. Hoy, como cada domingo, agradecemos a Dios la Resurrección de su Hijo, quien nos ha convocado para alimentarnos con el Evangelio y con su Cuerpo y su Sangre y para enviarnos a la misión.

Los saduceos eran un grupo religioso que tenía mucho poder entre los judíos, tanto en lo económico como en la religión. Ellos no creían en la resurrección de los muertos, a pesar de que el pueblo judío sí la aceptaba y sostenía, como escuchamos en el testimonio de los hermanos macabeos. A pesar de las torturas y de las amenazas de muerte por no querer comer carne de puerco, ellos se sostuvieron en los sufrimientos porque tenían la esperanza en la resurrección.

Un grupo de saduceos le planteó a Jesús un caso inventado para tantearlo a ver qué decía de la resurrección y, más bien, para decirle que no existía. Le platicaron de una mujer que se casó con siete hermanos, los cuales murieron sin tener hijos. La ley decía que, si el hermano mayor moría sin tener hijos, el segundo hermano tenía que casarse con la viuda para darle descendencia a su hermano. Le dijeron a Jesús que se casó con todos y finalmente también ella murió. Si hubiera resurrección, se le vendría un problema: al resucitar, ¿de cuál de los siete sería esposa porque estuvo casada con todos?

Jesús no cayó en la trampa ni en la provocación. Lo primero que les aclaró fue que el matrimonio es para esta vida y no para la otra; además, al morir, las personas cambian de situación, porque resucitados serán como los ángeles e hijos de Dios, cuya misión es alabarlo por siempre. Entonces las personas ya no necesitarán estar haciendo vida matrimonial. ¿Para qué?

Para sostener la resurrección, Jesús les recordó algo que ellos sabían de Moisés. Cuando Dios le habló en la zarza para enviarlo a liberar a los israelitas de la esclavitud en Egipto, se presentó como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Patriarcas fallecidos muchos años antes, lo cual indicaba que, aunque hubieran muerto, estaban vivos, pero en otra situación.

Y, para terminar, Jesús afirmó que Dios es Dios de vivos y no de muertos. Dios quiere a las personas vivas y que vivan con dignidad. Dios no quiere que las personas estén sufriendo o en situaciones de muerte. Jesús mismo iba manifestando este proyecto de su Padre al curar enfermos, perdonar pecados, expulsar demonios, resucitar muertos. Aquí es donde viene nuestro compromiso, pues sostenemos la resurrección, tanto la de Jesús como la de los muertos. Así lo manifestamos cada ocho días al profesar nuestra fe. Esto nos compromete a trabajar como Jesús y con Él en el proyecto de vida de Dios. Además, si fuimos creados a su imagen y semejanza, tenemos que luchar por asegurar la vida digna para todas las personas y familias. Dios a ninguna quiere ver sufriendo porque le falta lo necesario para vivir: ni pan, ni vestido, ni techo, ni su Palabra, porque es un Dios de vivos. El signo más claro de este proyecto de Dios fue la Resurrección de su Hijo.

Al comulgar sacramentalmente, entramos en comunión con Jesús, lo que significa que, como Él, debemos buscar mejores condiciones de vida para todos, especialmente para los pobres, los migrantes, los indígenas, los enfermos, los ancianos, y todas aquellas personas que la sociedad ha desechado. Dispongámonos para recibir a Jesús en la Comunión y para salir de esta celebración a trabajar en la comunidad y en la sociedad para que Dios se siga manifestando como Dios de vivos.

10 de noviembre de 2019

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